El organismo rector del fútbol mundial, con sede en Zúrich, Suiza, ha recurrido en ediciones anteriores a la venta de artículos de colección vinculados a sus torneos. La comercialización de fragmentos de césped de una final representa un paso adicional en la monetización de la memorabilia deportiva a gran escala, una práctica que también incluye camisetas autografiadas, balones oficiales y otros objetos ligados a momentos históricos de competencias internacionales.
El Mundial 2026, disputado por primera vez de forma conjunta entre tres países, amplió el número de selecciones participantes de 32 a 48, lo que implicó un incremento en la cantidad de sedes, partidos y logística. Ese crecimiento estructural ha sido citado durante el torneo como uno de los factores que explican el aumento en los costos operativos y, por extensión, en los precios al público.
Desde la fase de organización, sectores de aficionados y especialistas en economía del deporte señalaron el elevado costo de las entradas para los partidos, en particular los de las fases finales, así como los precios del hospedaje en las ciudades sede. A esas observaciones se sumaron cuestionamientos sobre la política de precios dinámicos que la FIFA aplicó a la venta de boletos, un mecanismo que ajusta el valor de las localidades según la demanda en tiempo real.
La FIFA no ha ofrecido, hasta el momento, una explicación pública detallada sobre los criterios de fijación del precio de $450 por fragmento de césped ni sobre el destino de los fondos que se recauden por esta vía. Tampoco ha difundido la cantidad de piezas disponibles ni el mecanismo de distribución del producto, por lo que los detalles finales quedan sujetos a lo que el organismo comunique en sus canales oficiales.
Un precedente reciente en Catar 2022
El debate sobre los altos precios asociados a los grandes eventos deportivos internacionales no es nuevo. El Mundial de Catar 2022, la edición inmediatamente anterior, también enfrentó señalamientos por el costo de las entradas y de los servicios turísticos. De cara a 2026, la FIFA aplicó categorías de precios diferenciadas según la fase del torneo y la ubicación de las localidades dentro de los estadios, un esquema que convivió con el sistema de precios dinámicos.
Para el aficionado salvadoreño, el Mundial 2026 tuvo un seguimiento particular pese a la ausencia de la Selecta en la fase final. El evento generó alto interés mediático y de consumo en el país, tanto por las transmisiones televisivas como por la venta de artículos oficiales del torneo a través de distribuidores autorizados en la región centroamericana.
El seguimiento de estas prácticas comerciales cobra relevancia en El Salvador en la medida en que la Federación Salvadoreña de Fútbol mantiene relación directa con la FIFA para la organización de eliminatorias, capacitaciones y financiamiento de proyectos de desarrollo del fútbol local. Ese vínculo institucional inserta al país dentro del marco económico y normativo que regula el organismo con sede en Suiza.
De concretarse la distribución, el producto se dirigiría a mercados de coleccionismo deportivo que en los últimos años han mostrado interés creciente por objetos vinculados a hitos del fútbol, un segmento que combina el valor simbólico del recuerdo con la lógica de escasez propia de las ediciones limitadas. Los detalles definitivos —fecha de lanzamiento, número de fragmentos y canal de venta— dependerán de la difusión oficial que la FIFA realice en las próximas semanas.

