Fernández, uno de los rostros más reconocibles de la televisión española tras más de dos décadas al frente de La ruleta de la suerte, ha abierto una faceta menos conocida de su biografía: la de un niño que creció en el País Vasco durante una etapa marcada por la violencia. Su familia se instaló en Mondragón cuando él era pequeño y allí permaneció hasta los 18 años, momento en que se trasladó a Vitoria para continuar sus estudios.
Antes de llegar a la televisión, Fernández tuvo una trayectoria en el baloncesto que arrancó precisamente en aquella localidad guipuzcoana. Su progresión deportiva le llevó a formar parte del Baskonia y a debutar en la Liga ACB en 1997, tres años antes de proclamarse Míster España en el año 2000, certamen que actuó como trampolín hacia su carrera televisiva.
El relato que ha compartido en el pódcast se aleja del terreno deportivo para adentrarse en el contexto social y político de su infancia. Fernández describió Mondragón como «la cuna de ETA» y explicó que crecer allí durante los años ochenta implicó convivir con una realidad que, de niño, no era capaz de dimensionar. «Vivíamos bajo ese yugo de la política en los años duros de ETA, los años 80», señaló, y añadió: «Era la cuna de ETA. Como vivía allí, lo normalizaba».
El presentador reconoció que aquel ambiente estaba «muy politizado» y que la localidad vivía una situación «muy marcada y muy radical» desde el punto de vista ideológico. Con todo, matizó que su experiencia personal no fue traumática y que su testimonio no busca ofrecer una valoración política del periodo, sino describir su vivencia como menor. «Yo normalicé un montón de cosas», admitió, subrayando que esa naturalización respondía a la simple asimilación de lo cotidiano por parte de un niño.
Fernández quiso dejar claro que conserva un recuerdo positivo de su infancia en Mondragón. Aseguró haber sido feliz durante esos años, pese al clima de tensión que rodeaba a la localidad. La contradicción entre el bienestar personal y la dureza del contexto es, precisamente, uno de los ejes de su relato.
El punto de inflexión llegó, según explicó, cuando se trasladó a Vitoria al cumplir la mayoría de edad. El cambio de ciudad le permitió tomar distancia y comparar realidades: «Cuando me fui a Vitoria, que es una ciudad que no tiene nada que ver, ese oxígeno me vino muy bien», relató. Situaciones que durante su infancia formaban parte de la normalidad cotidiana empezaron a mostrarse, con la madurez, bajo una luz distinta. El presentador admitió que necesitó salir de aquel contexto para adquirir una perspectiva más amplia sobre lo que había vivido.
La década de los ochenta a la que se refiere Fernández coincide con uno de los periodos de mayor intensidad de la actividad de ETA, cuyo primer atentado mortal se remonta a 1968 y que anunció su disolución definitiva en 2018, medio siglo después. Aquellos años concentraron un elevado número de atentados y víctimas en un contexto de fuerte polarización social, que afectó especialmente a numerosas localidades del interior de Guipúzcoa.
El testimonio de Fernández se suma al de otras figuras públicas nacidas o criadas en el País Vasco durante los años de mayor actividad terrorista, que en la última década han compartido sus experiencias personales. Este tipo de relatos individuales no sustituyen el trabajo de instituciones como el Instituto Vasco de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora), creado por ley del Parlamento Vasco en 2012 para preservar la memoria de las víctimas y documentar aquel periodo.
En el marco de la entrevista, el presentador no realizó valoraciones sobre la actualidad política vasca ni sobre el proceso de memoria y reparación a las víctimas del terrorismo, que continúa desarrollándose en España a través de la legislación estatal y autonómica de reconocimiento. Su intervención se centró en el relato autobiográfico de su infancia y en cómo esa experiencia formó parte de su desarrollo personal antes de su salto al deporte profesional y, posteriormente, a la televisión.

