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La frase de «Una mente maravillosa»

La cita atribuida al Nobel de Economía 1994 en el filme de 2001 condensa el razonamiento probabilístico que definió su obra matemática.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Una frase pronunciada por Russell Crowe en la piel de John Nash en la película «Una mente maravillosa» (2001) —«Mis probabilidades de éxito aumentan con cada nuevo intento»— continúa circulando como resumen popular del pensamiento del matemático estadounidense, premio Nobel de Economía en 1994. La escena, ambientada en un bar cercano a la Universidad de Princeton, muestra a Nash aplicando lógica estadística ante el reto de sus compañeros de posgrado, que lo desafían a acercarse a una mujer.

La cita, recogida en la transcripción del guion publicada por la plataforma Scraps from the Loft, traslada al terreno sentimental un principio de la teoría de la probabilidad: la repetición de intentos incrementa, según ese razonamiento, la probabilidad acumulada de un resultado favorable, aunque el objetivo sea social y no científico. El recurso narrativo no es gratuito. El verdadero Nash dedicó buena parte de su carrera a la teoría de juegos, la rama de las matemáticas que estudia cómo agentes racionales toman decisiones estratégicas cuando el resultado de cada uno depende también de las decisiones de los demás.

Su tesis doctoral en Princeton, titulada «Non-Cooperative Games», dio origen al concepto que hoy se conoce como equilibrio de Nash: una situación en la que ningún jugador puede mejorar su resultado modificando unilateralmente su estrategia, dado lo que hacen los demás. Ese marco teórico se convirtió en herramienta central de la economía, la ciencia política y la biología evolutiva, y es la razón por la que la Fundación Nobel le concedió en 1994 el galardón de Economía por sus aportaciones a la teoría de juegos.

El interés de Nash por la negociación y el conflicto estratégico se remonta a un curso de Economía Internacional que cursó en Carnegie Tech (hoy Universidad Carnegie Mellon), del que derivó el artículo «The Bargaining Problem», publicado en la revista Econometrica. Aquel trabajo, según su propio relato autobiográfico para la Fundación Nobel, estuvo estimulado por las aportaciones previas de John von Neumann y Oskar Morgenstern, autores de «Theory of Games and Economic Behavior» (1944), obra fundacional de la disciplina.

John Nash nació el 13 de junio de 1928 en Bluefield, Virginia Occidental. Su padre trabajó como ingeniero eléctrico y había sido veterano de la Primera Guerra Mundial; su madre ejerció como maestra de inglés y latín antes de casarse. Nash llegó a Carnegie Tech con una beca completa, donde inició estudios de ingeniería química antes de decantarse por las matemáticas, disciplina en la que obtuvo el grado y el máster. En 1950 completó su doctorado en Princeton y ejerció la docencia primero en esa universidad y después en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) hasta 1959.

Durante un año sabático entre 1956 y 1957, Nash contrajo matrimonio con Alicia, graduada en física por el MIT. A partir de 1959, las perturbaciones mentales que el propio matemático describiría después lo llevaron a varias hospitalizaciones involuntarias en centros psiquiátricos de Nueva Jersey y le obligaron a renunciar a su plaza en el MIT. El diagnóstico, esquizofrenia paranoide, condicionó buena parte de su vida adulta.

La cita atribuida a Nash en la película puede leerse, en ese sentido, como una defensa de la persistencia frente al fracaso reiterado. Según relató él mismo en su ensayo autobiográfico para la Fundación Nobel, durante los períodos de mayor lucidez logró retomar la investigación matemática y alcanzar resultados que calificó como «respetables», pese a las interrupciones que le impuso la enfermedad.

La recepción pública de Nash quedó marcada por el filme «Una mente maravillosa», dirigido por Ron Howard y protagonizado por Russell Crowe. La cinta popularizó tanto la figura del matemático como una versión dramatizada de su enfermedad, con licencias narrativas propias de un género, el del biopic, que condensa vidas complejas en diálogos y escenas memorables. Ese proceso de dramatización explica que frases como la del bar de Princeton, ausentes de cualquier registro documental de la vida real de Nash, hayan pasado a asociarse con él como síntesis de su pensamiento.

El equilibrio de Nash, más allá de su origen académico, se convirtió con el tiempo en herramienta de análisis en campos tan diversos como la regulación de mercados, la negociación diplomática y el diseño de subastas. Su influencia se extiende hoy a la economía computacional y a la inteligencia artificial, disciplinas que emplean variantes del concepto para modelar la interacción entre agentes automatizados.

John Nash murió el 23 de mayo de 2015. Su obra, que había tardado décadas en ser plenamente valorada por la comunidad científica, ilustra la distancia entre el reconocimiento tardío de un trabajo matemático y la fama posterior que le procuró el cine. Más de una década después de su muerte, la persistencia de citas como la del filme muestra cómo la cultura popular sigue utilizando su figura como símbolo de resiliencia intelectual, al margen de la precisión histórica de cada frase concreta que se le atribuye.

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