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Israel ataca el sur de Líbano pese al alto el fuego renovado en junio

La Agencia Nacional de Noticias libanesa sitúa los bombardeos de la madrugada del sábado en localidades de los distritos de Tiro, Bint Jbeil y Marjayoun

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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Las fuerzas armadas de Israel lanzaron en la noche del sábado al domingo una serie de ataques sobre el sur de Líbano, en zonas de los distritos de Tiro, Bint Jbeil y Marjayoun, según informó la Agencia Nacional de Noticias libanesa (NNA). Los bombardeos se produjeron pese a que el alto el fuego entre Israel y Hizbulá, renovado en junio de 2026, sigue formalmente en vigor.

Según el relato de la agencia libanesa, los ataques golpearon de forma casi simultánea varios puntos del sur del país. En Majdal Zoun, en el distrito de Tiro, y en Konin, en Bint Jbeil, se registraron impactos, mientras que Al Mashaa y Al Mansouri, también en la provincia de Tiro, sufrieron lo que la NNA describió como incursiones consecutivas. Horas antes, la misma fuente había dado cuenta de fuego de artillería sobre Al Mansouri, los alrededores de Bayt al Sayyad y las inmediaciones de la propia Majdal Zoun.

Los bombardeos alcanzaron también zonas residenciales. La agencia apuntó daños en viviendas próximas a Meiss el Jabal, en el distrito de Marjayoun, y señaló que la localidad de Houshin, en las afueras de esa misma población, fue blanco de un ataque que afectó a varias casas. No hay, por el momento, cifras oficiales de víctimas atribuibles a este episodio, y ni el Ejército israelí ni el Gobierno libanés habían emitido a esta hora un comunicado detallado sobre los hechos de la pasada noche.

El contexto inmediato es el de un alto el fuego frágil. Israel y Hizbulá alcanzaron en noviembre de 2024 un acuerdo de cese de hostilidades auspiciado por Estados Unidos y Francia, que puso fin a más de un año de enfrentamientos transfronterizos desencadenados tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior apertura de un frente por parte de Hizbulá en solidaridad con Gaza. Ese pacto, renovado en junio de 2026, contemplaba el repliegue de las fuerzas israelíes del territorio libanés y el desarme de Hizbulá al sur del río Litani, bajo supervisión de una fuerza internacional.

La realidad sobre el terreno ha distado de ese guion desde el principio. Israel ha mantenido posiciones militares en varios puntos del sur libanés que Beirut considera una violación de su soberanía, y ha continuado ejecutando lo que denomina operaciones preventivas contra infraestructura de Hizbulá, incluidas demoliciones de edificios. Organizaciones de defensa de los derechos humanos han documentado en informes previos daños a viviendas civiles en el marco de estas actuaciones, si bien la verificación independiente en zonas de acceso restringido resulta compleja.

El marco jurídico de la Resolución 1701

El precedente inmediato de este tipo de fricciones se remonta a la guerra de 2006 entre Israel y Hizbulá, resuelta con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que estableció una zona desmilitarizada al sur del Litani y amplió el mandato de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). Esa resolución sigue siendo, dos décadas después, el marco de referencia que ambas partes invocan —y que cada una acusa a la otra de incumplir— cada vez que se producen episodios como los de este fin de semana. La 1701 exige que el único portador de armas al sur del Litani sea el Estado libanés, junto a la FINUL.

Desde Beirut, el Gobierno libanés ha rechazado en ocasiones anteriores lo que califica de violaciones sistemáticas del alto el fuego por parte israelí, y ha trasladado protestas tanto a la ONU como a los garantes internacionales del acuerdo, entre ellos Estados Unidos y Francia. El Ejecutivo libanés, presidido por Joseph Aoun desde enero de 2025, ha defendido su compromiso con el desarme progresivo de Hizbulá al sur del Litani como condición para exigir a Israel el cese total de sus incursiones, una postura que choca con las reticencias de sectores del propio movimiento chií.

Israel, por su parte, ha justificado este tipo de operaciones alegando la persistencia de infraestructura militar de Hizbulá pese al acuerdo, y ha insistido en que actuará de forma unilateral si detecta lo que considera amenazas inminentes a su territorio.

La dimensión del conflicto trasciende lo bilateral. El sur del Líbano constituye desde hace décadas una pieza central en el llamado eje de resistencia iraní, que vincula a Teherán con Hizbulá, Hamás y otros actores regionales, y cuya capacidad operativa se ha visto debilitada tras los golpes sufridos por la cúpula de Hizbulá en 2024, incluida la muerte de su secretario general histórico, Hasán Nasralá, en un bombardeo israelí en septiembre de ese año. Israel sostiene que ese debilitamiento obliga a mantener la presión militar para evitar la reconstitución de la organización.

Para Líbano, un país que arrastra desde 2019 una de las crisis económicas más severas de su historia reciente —con una moneda que llegó a perder buena parte de su valor frente al dólar—, la inestabilidad en la frontera sur supone un obstáculo añadido a cualquier proceso de reconstrucción y a la llegada de inversión internacional, condicionada por buena parte de los donantes a avances en estabilidad y reformas institucionales.

La comunidad internacional, con Estados Unidos, Francia y la propia FINUL como actores de referencia, ha reclamado en varias ocasiones a ambas partes contención y apego estricto a los términos del alto el fuego. La mediación estadounidense ha impulsado en los últimos meses rondas de contactos indirectos entre las partes, sin que hasta la fecha se haya traducido en un mecanismo de verificación capaz de frenar episodios como los denunciados este fin de semana por la agencia libanesa.

A corto plazo, el foco estará en si Beirut eleva una protesta formal ante el Consejo de Seguridad de la ONU y en la respuesta, si la hay, del Ejército israelí a las informaciones difundidas por la NNA. La FINUL, cuya presencia sobre el terreno resulta clave para documentar este tipo de incidentes, previsiblemente incluirá los últimos episodios en sus informes periódicos, un material que en el pasado ha servido de base para el seguimiento internacional del cumplimiento del alto el fuego.

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