El canal elegido por Teherán no ha sido directo: según explicó Araqchi, el plan se presentó «a través de Qatar», país que desde hace años ejerce de intermediario entre Washington y la República Islámica en momentos de máxima tensión, un papel que Doha ha desempeñado en la liberación de rehenes y en anteriores rondas de contactos indirectos entre ambos gobiernos.
«El plazo de siete días comenzará tan pronto como Estados Unidos acepte este plan. Por tanto, si aceptan el plan mañana, la cuenta atrás de siete días empezará mañana mismo», precisó el ministro iraní, que condicionó por completo la iniciativa a una respuesta de la Casa Blanca. Con ello, Teherán traslada la decisión al lado estadounidense y fija un calendario que solo arranca con el visto bueno de Washington.
Araqchi introdujo además un matiz que reduce los plazos: sostuvo que algunas de las medidas contempladas «pueden llevarse a cabo en un plazo de cuatro o cinco días», de modo que el estrecho podría quedar operativo ya en el sexto día. A partir de ese punto, indicó, «se iniciarán las conversaciones con Estados Unidos para alcanzar un acuerdo definitivo sobre los temas pactados mutuamente», es decir, el plan funcionaría como antesala de una negociación más amplia y no como cierre del conflicto.
El ministro insistió en que no se trata de una propuesta nueva, sino de la puesta en marcha de compromisos ya recogidos en el memorando de entendimiento alcanzado con Washington el pasado junio. «No son nuevas, ya figuran en el memorando de entendimiento (.) no vemos ninguna dificultad para implementarlas», declaró, en un intento de trasladar la responsabilidad del bloqueo actual a Estados Unidos y no a un supuesto incumplimiento iraní.
«Les aseguro que, si existe una voluntad seria por parte de Estados Unidos de llegar a un acuerdo y reabrir el estrecho de Ormuz, todo está ya preparado. Pueden aceptar este plan de siete días y, al finalizar el mismo, el estrecho quedará abierto», declaró Abbas Araqchi, ministro de Exteriores de Irán.
El estrecho de Ormuz, paso marítimo de apenas 33 kilómetros de anchura en su punto más estrecho entre Irán y Omán, concentra según estimaciones de organismos energéticos internacionales una parte sustancial del petróleo y el gas natural licuado que circula por vía marítima a escala global, lo que convierte cualquier cierre prolongado en una amenaza directa para los mercados energéticos y para economías tan dependientes del crudo del Golfo como las asiáticas y las europeas.
El memorando roto por la vía militar
El ministro iraní situó el origen del actual bloqueo en la decisión de Estados Unidos de abandonar la vía diplomática pactada en junio. Según su relato, en las dos semanas posteriores a la firma del memorando el tráfico marítimo por Ormuz había llegado a «aproximadamente el 60% de su nivel previo a la guerra», una recuperación que se truncó cuando, en sus palabras, «las posteriores medidas unilaterales de Estados Unidos y sus acciones militares» quebraron lo acordado.
«En lugar de recurrir al mecanismo de solución de controversias previsto en el memorando, Estados Unidos optó por la agresión militar», declaró Abbas Araqchi, ministro de Exteriores de Irán, quien defendió que Teherán «ha mantenido abierta la puerta a la diplomacia».
La crisis actual hunde sus raíces en la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, que sucedió a años de tensión por el programa nuclear iraní y a episodios previos de fricción en el Golfo Pérsico. Esa región es escenario recurrente de choques entre Teherán y Washington desde la revolución islámica de 1979, cuando la toma de la embajada estadounidense y la crisis de los rehenes rompieron las relaciones bilaterales, y hasta los incidentes navales de las últimas dos décadas en las mismas aguas de Ormuz.
La disputa se enmarca también en la escalada de presión que Estados Unidos ha mantenido sobre el programa atómico iraní, con amenazas explícitas de recurrir a «opciones militares» si Teherán no lo frena, lo que añade una capa de desconfianza mutua al intento de reabrir el estrecho por la vía negociada.
El episodio comparte escenario con otros pulsos con Washington ventilados esta semana en la ONU, como el de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, que prometió ante la Asamblea General elecciones «en igualdad para todos», reflejo de cómo los gobiernos bajo presión estadounidense recurren al foro multilateral para fijar condiciones antes de cualquier acercamiento bilateral.
Según lo trasladado por Araqchi, la decisión queda del lado estadounidense: el ministro evitó fijar una fecha límite más allá de subrayar que el reloj «comenzará tan pronto como Estados Unidos acepte este plan» y que, si Washington lo acepta, «al finalizar el mismo, el estrecho quedará abierto».


