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Un proyecto chileno investiga trampas con feromonas contra el chinche de la fruta

La Universidad de Concepción y el INIA de Chile caracterizan los semioquímicos del insecto para monitorizarlo sin insecticidas, con validación en campo aún pendiente

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un equipo de la Universidad de Concepción (UdeC) y del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Centro Regional Quilamapu, en Chile, trabaja desde 2024 en una herramienta de monitoreo del chinche de la fruta (Leptoglossus chilensis), plaga que deteriora la calidad comercial de la fruta de exportación.

Un desarrollo chileno con lectura para el manejo de plagas en España

La investigación, de origen chileno y difundida por la propia universidad, no tiene por ahora relación directa con España, pero interesa por su valor como precedente de manejo integrado de plagas, la estrategia que también aplican el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y los servicios fitosanitarios autonómicos frente a especies como la Drosophila suzukii o el chinche marrón (Halyomorpha halys). Este medio no ha podido corroborar los detalles técnicos con una fuente independiente distinta de la Universidad de Concepción, extremo que conviene tener presente al valorar el alcance del proyecto.

Qué es el chinche de la fruta y por qué preocupa a la exportación

Leptoglossus chilensis es un insecto de la familia Coreidae que se alimenta de los frutos de diversas especies cultivadas en Chile, uno de los grandes exportadores mundiales de fruta fresca. Según el material divulgado por la UdeC, su ataque deteriora la calidad comercial de la producción, lo que lo convierte en una amenaza para los huertos de exportación al provocar rechazos o pérdidas de valor en mercados exigentes. Esa combinación de daño estético con alto impacto económico explica por qué, en cultivos destinados a exportación, la detección temprana suele resultar más rentable que el tratamiento masivo posterior.

En qué consiste la herramienta: semioquímicos y electroantennografía

El eje del proyecto es la identificación de semioquímicos, es decir, compuestos orgánicos volátiles y feromonas que el insecto produce y percibe para comunicarse con individuos de su especie y para reconocer las plantas de las que se alimenta. Al caracterizar esas señales, según la universidad, se abre la posibilidad de diseñar trampas y sistemas de monitoreo que operen con la biología del insecto y prescindan de insecticidas de amplio espectro.

Para detectar los compuestos activos, el equipo emplea la electroantennografía (EAG), una técnica que mide la respuesta eléctrica de las antenas del insecto ante distintos estímulos químicos. Los compuestos que generan respuesta se caracterizan después mediante cromatografía de gases con espectrometría de masas (GC-MS) y cromatografía líquida de alta resolución (HPLC), lo que permite obtener un perfil de las moléculas que el chinche reconoce como señales de orientación o alarma. Es una metodología estándar en ecología química, empleada en Europa frente a especies como la mosca mediterránea de la fruta (Ceratitis capitata), presente en el sur de España.

El manejo integrado de plagas como marco regulatorio

La lógica del proyecto se inscribe en el manejo integrado de plagas (MIP), un enfoque que prioriza la detección precisa antes que el tratamiento generalizado y que, según los propios investigadores, reduce el uso de productos fitosanitarios. En España el MIP es obligatorio para las explotaciones profesionales desde 2014 en virtud del Real Decreto 1311/2012, que traspuso la Directiva 2009/128/CE sobre uso sostenible de plaguicidas. Las trampas con feromonas o semioquímicos, una vez validadas, permiten al agricultor decidir si aplicar un tratamiento y cuándo, en lugar de fumigar de forma preventiva.

Quién lidera la investigación y en qué fase se encuentra

El equipo está encabezado por el Dr. Ricardo Ceballos Cabezas, experto en ecología química del INIA Quilamapu, junto a los académicos Dr. José Becerra Allende y Dra. Claudia Pérez Manríquez, del Departamento de Botánica de la UdeC, con el apoyo de investigadores del propio INIA. Según la facultad, el proyecto lleva unos dos años desde su inicio en 2024 y se encuentra en la fase de caracterización de los compuestos bioactivos, aproximadamente a la mitad de un recorrido total de cuatro años financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Chile (Fondecyt).

La explicación de los propios investigadores

Ceballos Cabezas enmarcó el trabajo en una demanda social de métodos más limpios: «Hoy hablamos acerca de la ecología química como una herramienta para el manejo de plagas, porque en el contexto actual de la sociedad estamos en la búsqueda de métodos que sean ambientalmente aceptados y amigables con los consumidores», apuntó, en declaraciones recogidas por la universidad. El investigador añadió que «la ecología química trata acerca del manejo del comportamiento en las especies, como los insectos que dañan los cultivos», y que el objetivo de la divulgación era ofrecer «una primera aproximación» al público general sobre esta disciplina.

Precedentes: medio siglo de trampas de feromonas

El uso de feromonas para el control de plagas no es una novedad en sí misma: desde los años setenta la agricultura emplea trampas de feromonas sexuales para monitorizar polillas y otros lepidópteros, técnica extendida en España en cultivos como el viñedo o el olivar frente a plagas como la polilla del racimo o la mosca del olivo. Lo distintivo del proyecto chileno es su enfoque en un hemíptero de la familia Coreidae, menos estudiado en ecología química que otros grupos de insectos, y la combinación de técnicas analíticas de alta precisión (EAG, GC-MS, HPLC) para aislar señales específicas de una especie con escasa bibliografía previa.

Qué implicaría para el sector frutícola si se confirma su eficacia

Si la investigación culmina con éxito en su fase de campo, cualquier país exportador con problemas de calidad comercial por hemípteros fitófagos podría disponer de una herramienta de detección más selectiva que los muestreos visuales convencionales. El sector frutícola europeo sigue con atención estos avances, dado que la Unión Europea fijó en su Estrategia «De la Granja a la Mesa», dentro del Pacto Verde, el objetivo de reducir a la mitad el uso de plaguicidas químicos para 2030, lo que refuerza el interés por métodos de monitoreo basados en semioquímicos y bioplaguicidas.

Próximos pasos y cautelas pendientes

La siguiente fase prevé la formulación y prueba en campo de los compuestos identificados para validar su eficacia como cebo en trampas de monitoreo. Al tratarse de un proyecto de cuatro años iniciado en 2024, ese horizonte se extendería en torno a 2028 si se respeta la duración anunciada. Hasta entonces no existe una trampa comercial disponible ni resultados de eficacia validados en huerto real, y cualquier expectativa sobre su adopción práctica debe esperar a esos resultados. Este medio actualizará la información si nuevas publicaciones científicas o comunicados institucionales corroboran o amplían los datos difundidos por la Universidad de Concepción.

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