La reunión, prevista para las 11:00 hora local de Zúrich, llega tras un Mundial de 2026 que, pese a estar marcado por polémicas, resultó un éxito comercial. Con diez años en el cargo y encaminado a una reelección sin obstáculos el 18 de marzo de 2027, Infantino estuvo cerca de verse forzado a dejar la institución, incluso después de abandonar su proyecto de abrir el Mundial a inversores privados. Las confederaciones europea (UEFA), norteamericana y centroamericana-caribeña (Concacaf) y asiática (AFC) se aliaron para exigir su salida.
Ese escenario convertía este primer Consejo "poscrisis" en un riesgo real para el dirigente, que podía verse acorralado hasta un voto de confianza. Esa opción, sin embargo, quedó descartada, e Infantino podrá presentar sus propias propuestas de reforma de la gobernanza del organismo. La turbulencia recuerda a la que hundió a su antecesor, el suizo Joseph Blatter, apartado de la FIFA en 2015 por el Comité de Ética tras más de dos décadas en el poder, en medio del mayor escándalo de corrupción en la historia del fútbol.
El 18 de septiembre, los presidentes de la UEFA, Alexander Ceferin, y de la Concacaf, Victor Montagliani, exigieron a la FIFA destinar parte de sus reservas a las 211 federaciones miembro, con un piso de "al menos 10 millones de dólares" para cada una. Ese punto se perfila como el principal tema de debate del jueves, aunque su efecto político divide a los conocedores del fútbol internacional.
"En lugar de desestabilizar a Infantino, Ceferin y Montagliani le ofrecen en bandeja la ocasión de consolidar su reelección", lamentó ante la AFP un conocedor de las instancias internacionales.
La petición expone, además, una contradicción que señalan los críticos del dirigente: si la FIFA tiene fondos suficientes para repartir sumas de ese tamaño, resulta difícil justificar por qué buscó ceder parte de sus ingresos futuros a inversores externos. La distribución de dinero entre federaciones ha sido históricamente el principal recurso electoral de Infantino, en un sistema de un voto por país. Según documentos de la propia FIFA, las Islas Turcas y Caicos, un archipiélago caribeño de menos de 50,000 habitantes, han recibido más de 20 millones de dólares desde 2016, por encima de los 17.8 millones asignados a China o Brasil.
"Infantino está sólidamente instalado: desde 2016 ha podido consolidar sus apoyos y su propio reino, extremadamente difícil de conquistar", analizó Pim Verschuuren, especialista en geopolítica del deporte de la Universidad Rennes-II.
Otro actor del fútbol internacional, citado por la AFP, recordó que solo un centenar de las 211 federaciones cuenta con fútbol profesional y que los campeonatos europeos aportan por sí solos dos tercios de los jugadores que disputan un Mundial, mientras la mayoría de los votantes depende por completo de los fondos de la FIFA y no tiene interés en cambiar el sistema. Ante la imposibilidad de forzar un recambio en la presidencia —la fecha límite para presentar candidaturas vence el 18 de noviembre—, los adversarios de Infantino buscarían influir en la gobernanza: la UEFA propone reforzar las facultades del Consejo y abrirlo a "partes interesadas", entre ellas la Asociación Europea de Clubes que preside Nasser Al-Khelaifi.
En la agenda del jueves figura también la primera edición del Mundial femenino de clubes, prevista para comienzos de 2028 en Estados Unidos, que acogería así su tercer gran torneo de primer nivel tras el Mundial de Clubes masculino de 2025 y el Mundial de 2026. Infantino debería dar explicaciones, además, sobre el "Premio FIFA de la Paz", entregado el año pasado a Donald Trump en medio de críticas por la falta de criterios claros, mientras sigue pendiente una demanda de la UEFA en su contra por "administración desleal". El pulso coincide con una temporada europea en marcha en la que el Barcelona de Hansi Flick recordó que "los títulos se ganan en junio".

