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Crean un gemelo digital en 3D del esqueleto de la vaquita marina, en peligro crítico

La Universidad Atlántica de Florida y otras instituciones digitalizan el cetáceo más amenazado del mundo, con apenas diez ejemplares en el Golfo de California, según Earth.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un equipo de la Universidad Atlántica de Florida (FAU), en colaboración con el Museo de Historia Natural de San Diego, SeaWorld California y la agencia estadounidense NOAA Fisheries, ha completado un modelo digital tridimensional del esqueleto de la vaquita marina (Phocoena sinus), el mamífero marino más amenazado del planeta, según informó el medio Earth.

El punto de partida es demoledor: la población de vaquita marina se ha reducido un 98% en solo dos generaciones, según las cifras recogidas por Earth. Este dato procede de una única fuente periodística, por lo que conviene tratarlo con cautela hasta que un organismo científico independiente lo corrobore, aunque coincide con la tendencia de declive que organizaciones conservacionistas llevan años documentando sobre este cetáceo endémico.

Un cetáceo descrito hace apenas siete décadas

La Phocoena sinus, conocida también como cochito, fue descrita oficialmente por la ciencia hace menos de 70 años, un dato que ilustra la fragilidad de su historia natural. Se trata de una de las especies de cetáceo más pequeñas conocidas: los ejemplares no superan los 1,5 metros de longitud ni los 50 kilos de peso. Su hábitat se circunscribe a una franja de menos de 2.000 kilómetros cuadrados en el norte del Golfo de California, lo que la convierte en uno de los mamíferos marinos con distribución geográfica más reducida del mundo.

Este confinamiento extremo, sumado a estudios genéticos que —según el material— sugieren que la vaquita nunca fue una especie numerosa, explica por qué su capacidad de recuperación ante amenazas externas es prácticamente nula. A diferencia de otras poblaciones de cetáceos que han remontado tras periodos críticos, como las ballenas jorobadas después del fin de la caza comercial en el siglo XX, la vaquita carece de la base poblacional mínima para reponerse por sí sola.

La pesca de totoaba, la amenaza que no cesa

El principal factor de mortalidad no es la caza dirigida contra la vaquita, sino la pesca incidental derivada de la captura ilegal de la totoaba, un pez cuya vejiga natatoria alcanza precios elevados en el mercado negro asiático, según recoge el material de origen. Las redes de enmalle empleadas para faenar totoaba atrapan también a las vaquitas, que mueren ahogadas al no poder emerger a respirar, dado que son mamíferos de respiración pulmonar.

El Gobierno mexicano ha desplegado zonas de «tolerancia cero» a la pesca con red en el área de distribución de la especie, además del programa PACE-Vaquita, orientado a sustituir las artes de pesca tradicionales por alternativas menos letales para el cetáceo. Pese a estos esfuerzos, persisten las redes ilegales, sostenidas por estructuras de crimen organizado que operan en la zona, según el material. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) regula desde hace décadas el comercio de especies protegidas como la totoaba, cuya explotación está prohibida.

A estos factores se suman la contaminación por pesticidas y la reducción del caudal de agua dulce que llega al Golfo de California desde el río Colorado, históricamente mermado por el uso agrícola e industrial en ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. El deterioro del ecosistema estuarino donde vive la vaquita agrava una situación ya de por sí crítica.

Tomografía computarizada al servicio de la memoria biológica

El proceso de digitalización, según describe el material, se ha basado en escáneres de tomografía computarizada (CT) médica y micro-CT, una tecnología capaz de captar estructuras óseas más finas que un cabello humano. Este nivel de resolución ha permitido reconstruir no solo la morfología externa del esqueleto, sino también su arquitectura interna, revelando detalles anatómicos que las radiografías convencionales no habían logrado documentar, como huesos diminutos presentes en las aletas del animal.

El espécimen utilizado como base para el modelo es una hembra recolectada en 1966, una de las piezas de la escasísima colección de referencia sobre la especie: solo existen 12 esqueletos de vaquita conservados en museos de todo el mundo, según los datos aportados por Earth. Esa escasez convierte cada pieza en un recurso científico irrepetible, de ahí el valor de disponer de una réplica digital de alta fidelidad que no dependa de la manipulación física del material original.

Acceso abierto y réplicas físicas para la docencia

Los archivos generados durante el proyecto se han puesto a disposición pública y gratuita en la plataforma MorphoSource, un repositorio especializado en datos morfológicos tridimensionales utilizado por instituciones académicas de todo el mundo. Esta apertura permite que investigadores y estudiantes de cualquier país estudien la anatomía de la vaquita sin desplazarse a los museos que custodian los especímenes originales.

Además, los datos permiten imprimir réplicas óseas en 3D, lo que facilita que museos y aulas dispongan de modelos manipulables sin poner en riesgo el material original, extremadamente frágil tras casi seis décadas de conservación. El modelo también documenta con precisión lesiones antiguas ya cicatrizadas en el esqueleto, funcionando como un registro biológico permanente de la historia vital del ejemplar.

Un gesto de preservación, no de conservación activa

Los responsables del proyecto, según recoge el material, subrayan que esta iniciativa no sustituye los esfuerzos de conservación de la especie en su hábitat natural. El objetivo es más modesto pero no menos relevante: garantizar que el conocimiento científico acumulado sobre la vaquita no se pierda si la especie llegara a desaparecer de los océanos, un escenario que el reducido número de ejemplares supervivientes hace cada vez más plausible.

La comparación con otros casos de extinción reciente resulta inevitable. El baiji o delfín del río Yangtsé, declarado funcionalmente extinto a mediados de la década de 2000 tras la degradación de su hábitat en China, dejó tras de sí escasísimo material de estudio, una circunstancia lamentada desde entonces como una oportunidad perdida para la ciencia. El caso de la vaquita, con su gemelo digital ya disponible, apunta a evitar un desenlace similar en el plano del conocimiento, aunque no resuelve la amenaza que pesa sobre los ejemplares vivos.

De cara a los próximos meses, la supervivencia de la especie dependerá de los censos que realizan periódicamente las instituciones mexicanas en el Golfo de California y de la eficacia de los operativos contra la pesca ilegal de totoaba. Mientras tanto, el archivo digital abierto en MorphoSource queda como referencia permanente para la comunidad científica internacional, con independencia de lo que ocurra en las próximas campañas de monitoreo de la vaquita marina en libertad.

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