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Un menor perdido en el Grito de Cajeme reaparece; lo halló un colectivo, no la Fiscalía

La FGJE de Sonora informó que «mantiene su compromiso de atender las denuncias por desaparición de personas hasta el esclarecimiento de los hechos».

Por Redacción de El Hemiciclo·
3 min de lectura
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Un niño de 11 años se perdió entre la multitud del Grito de Independencia en la plaza Álvaro Obregón de Ciudad Obregón, Cajeme, y volvió a casa el 16 de septiembre, sano y sin haber sido víctima de delito. El desenlace debería cerrar el asunto. No lo hace, porque entre el aplauso patrio y el abrazo de la madre hubo un colectivo de mujeres buscadoras haciendo el trabajo que corresponde al Estado.

La secuencia, según las primeras investigaciones difundidas, es sencilla: el menor se distrajo en la plaza, perdió a sus acompañantes al concluir el festejo y se retiró con terceras personas hacia un domicilio de la colonia Primero de Mayo. Un día después, el propio 16 de septiembre, llamó a su madre para decirle que estaba bien. Entre medio, la familia y el colectivo Guerreras Buscadoras de Sonora tuvieron que salir a pedir apoyo público para localizarlo. No la Fiscalía activando de inmediato sus protocolos: la sociedad civil, otra vez, sosteniendo con las manos lo que debería sostener una institución con presupuesto, mando y facultades.

Conviene no confundir el final feliz con la ausencia de un problema. Que el menor no haya sido víctima de delito es una excelente noticia para él y su familia; no es, en cambio, un diagnóstico sobre el sistema de búsqueda. Sonora, como buena parte del país, arrastra un patrón conocido: colectivos de buscadoras —muchas veces madres que buscan a sus propios hijos— haciendo de primera línea de respuesta, mientras las fiscalías estatales llegan después, con el comunicado ya redactado.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora cerró su parte con una fórmula reconocible.

"Mantiene su compromiso de atender las denuncias por desaparición de personas hasta el esclarecimiento de los hechos", informó la FGJE de Sonora.

Es una frase que cualquier lector atento a la fuente pública mexicana reconoce de memoria: aparece después de cada caso, resuelto o no, como una cláusula de estilo institucional. El problema no es que sea falsa; es que se ha vuelto tan previsible que ya no comunica gestión, comunica costumbre.

Vale preguntarse qué habría pasado si el desenlace fuera otro. Cajeme —con Ciudad Obregón como cabecera— ha sido en los últimos años escenario recurrente de búsquedas colectivas en fosas clandestinas: el colectivo Guerreras Buscadoras nació precisamente en ese municipio en 2019 y ha hecho de la excavación ciudadana un método frente a la desaparición forzada. En ese contexto, el caso de este niño terminó bien. Eso no lo vuelve representativo; lo vuelve la excepción que permite medir la regla.

Hay algo casi ritual en la secuencia completa: fiestas patrias, multitud, un menor que se aleja, un colectivo que activa la alerta, la Fiscalía que después certifica lo obvio. La plaza Álvaro Obregón se llenó de gente para celebrar la independencia; nadie preguntó, hasta que hizo falta, quién cuidaba a los niños que se quedaban solos entre la pirotecnia. Nadie exige a una fiscalía estatal resolver en minutos lo que a veces toma días. Lo que sí cabe exigir es que la primera respuesta no dependa de que un colectivo movilice redes sociales para pedir ayuda a la población.

El asunto rebasa a Sonora y a este caso concreto: como advertimos en Un cargo, una sola patria, la distancia entre la retórica institucional y la gestión real es un rasgo estructural, no una anécdota. Ese fue, en los hechos, el mecanismo que funcionó en Cajeme: no una alerta institucional contundente, sino la urgencia de unas mujeres que llevan años haciendo, gratis y con riesgo propio, el trabajo que la nómina pública debería cubrir.

El niño está de vuelta con su madre. Eso es lo que importa hoy. Pero conviene archivar el caso con una nota al margen: la próxima vez que Sonora —o cualquier otra entidad— repita que mantiene su compromiso hasta el esclarecimiento de los hechos, alguien debería preguntar, con la misma cortesía institucional, desde cuándo ese compromiso se mide en resultados y no solo en comunicados.

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