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Fagoaga: las 50,000 becas amplían el acceso pero no la crisis universitaria

El sociólogo Walter Fagoaga afirmó que el programa mejora la cobertura, pero no atiende los problemas estructurales de la educación superior salvadoreña

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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El sociólogo Walter Fagoaga cuestionó esta semana el alcance del anuncio del Órgano Ejecutivo de otorgar 50,000 becas a jóvenes salvadoreños.

El programa de becas ha sido presentado por el Órgano Ejecutivo como una de las apuestas centrales de su política social para el sector educativo, con el objetivo de facilitar el ingreso a la educación superior a jóvenes que no cuentan con recursos para costear una carrera universitaria o técnica. El anuncio se enmarca en una estrategia gubernamental que en los últimos años ha priorizado la ampliación de la cobertura educativa como mecanismo de movilidad social.

Fagoaga, según recogió Diario Co Latino, señaló que ampliar el número de becarios no equivale a transformar la estructura del sistema. Su argumento se centra en que la educación superior salvadoreña enfrenta desde hace décadas problemas que van más allá del acceso: la desconexión entre la oferta académica y las necesidades del mercado laboral, la limitada inversión en investigación y la disparidad de calidad entre instituciones públicas y privadas.

El sistema de educación superior del país se articula en torno a la Universidad de El Salvador (UES), la única pública, y una veintena de universidades privadas reguladas por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (Mineducyt). La UES ha sido históricamente la principal receptora de estudiantes de bajos recursos, pero enfrenta limitaciones presupuestarias que en distintos ejercicios han motivado protestas estudiantiles y señalamientos sobre la suficiencia de los fondos que le asigna el Presupuesto General de la Nación.

Un debate que precede al anuncio

El debate sobre el papel de las becas frente a los problemas de fondo del sistema no es nuevo en el país. En gestiones anteriores, distintos programas de becas —canalizados a través del Ministerio de Educación o de convenios con gobiernos extranjeros— fueron promovidos como mecanismos de ampliación del acceso, sin que, según diversos análisis académicos, ello se tradujera en una mejora sustancial de los indicadores de graduación o de inserción laboral de los beneficiarios.

Un antecedente comparable se remonta a la reforma educativa impulsada en la década de 1990, tras los Acuerdos de Paz de 1992, cuando el país intentó modernizar su sistema con apoyo de organismos internacionales. Aquella reforma amplió el acceso a la educación básica y media, pero especialistas de la época también advirtieron que la expansión de la matrícula no cerraba por sí sola las brechas de calidad entre zonas urbanas y rurales, un patrón que analistas como Fagoaga identifican ahora en el nivel superior.

El Mineducyt no ha ofrecido hasta el momento una respuesta pública detallada a las observaciones del sociólogo. El Órgano Ejecutivo, por su parte, ha defendido en comunicados previos que el programa de becas constituye una prioridad de la actual gestión, orientada a reducir las barreras económicas que impiden a jóvenes salvadoreños continuar sus estudios tras el bachillerato.

Organizaciones estudiantiles y gremiales del sector educativo han solicitado en distintas ocasiones que la discusión sobre las becas se acompañe de una revisión más amplia del financiamiento a la educación superior pública, incluido el presupuesto de la UES, que en los últimos ejercicios fiscales ha sido objeto de debate en el Salón Azul de la Asamblea Legislativa durante la aprobación del Presupuesto General de la Nación.

La desocupación juvenil y la emigración de jóvenes salvadoreños hacia EE.UU. y otros países de la región figuran de forma reiterada entre los factores que presionan al sistema educativo a demostrar resultados en materia de empleabilidad. Diversos estudios de organismos multilaterales han apuntado que la falta de correspondencia entre las carreras más demandadas y las necesidades del mercado laboral local contribuye a que una parte relevante de los graduados enfrente dificultades para insertarse en su área de formación.

Fagoaga planteó, según sus declaraciones, que cualquier política de becas debería complementarse con inversión en infraestructura universitaria, fortalecimiento de la investigación científica y mecanismos de seguimiento a los egresados, elementos que a su juicio determinan la calidad real del sistema más allá del número de matriculados.

Hasta el momento no se ha precisado el detalle completo del programa: los criterios de selección de los beneficiarios, los montos por becario ni las carreras o instituciones que formarán parte de la iniciativa. El anuncio se produce en un contexto en que el gobierno ha mantenido un discurso centrado en la ampliación de oportunidades para la juventud, en paralelo a otras políticas sociales de los últimos ciclos administrativos.

De cara a los próximos meses, se espera que el Mineducyt divulgue los lineamientos operativos del programa, incluidos el cronograma de postulación y los requisitos para los aspirantes. Que la iniciativa atienda las causas estructurales señaladas por especialistas como Fagoaga dependerá, en buena medida, de si se acompaña de reformas adicionales en el financiamiento y la gobernanza del sistema de educación superior salvadoreño.

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