La colocación de pantallas en plazas y espacios abiertos es una práctica habitual entre autoridades municipales de los países cuyas selecciones alcanzan instancias decisivas de un Mundial. El dispositivo permite el seguimiento colectivo de miles de aficionados sin desplazarse al país anfitrión, en este caso Estados Unidos, principal sede de una edición repartida en tres naciones de Norteamérica.
El Mundial 2026 marcó un hito organizativo por ser la primera edición disputada con formato de 48 selecciones y sede compartida entre tres países. Ese formato ampliado, aprobado previamente por la FIFA, implicó una logística inédita de estadios, husos horarios y desplazamientos, con partidos repartidos entre ciudades de Estados Unidos, México y Canadá, y la fase final concentrada en el área metropolitana de Nueva York y Nueva Jersey.
La final entre España y Argentina enfrentó, en la instancia máxima del torneo, a dos de las selecciones con mayor tradición futbolística a nivel mundial.
Un Mundial seguido desde la barrera en El Salvador
Para El Salvador, un evento de esta magnitud se sigue con particular atención pese a que la Selecta no logró clasificar a esta edición. La afición cuscatleca mantiene una tradición de seguimiento del fútbol europeo y sudamericano a través de transmisiones televisivas, bares deportivos y reuniones comunitarias con proyecciones, un fenómeno que se repite en cada cita mundialista con independencia de la participación nacional.
El seguimiento de estos eventos se refleja también en la actividad económica alrededor del fútbol: ventas de camisetas, promociones en restaurantes y transmisiones especiales en televisión abierta y por cable. No existen cifras oficiales desagregadas sobre el impacto de un Mundial en el consumo salvadoreño, aunque este tipo de citas globales suele asociarse a picos de audiencia, según han señalado en ocasiones anteriores gremios del sector de restaurantes y entretenimiento.
El precedente histórico salvadoreño en materia mundialista se remonta a los Mundiales de 1970 y 1982, las dos únicas presencias del país en la máxima competición de la FIFA. Desde entonces, generaciones sucesivas de jugadores y cuerpos técnicos han intentado, sin éxito hasta la fecha, repetir esa clasificación, lo que explica en parte por qué el país sigue estos torneos como espectador y no como protagonista directo.
La cobertura internacional de estos certámenes sirve además de referencia para el desarrollo del fútbol local. La Federación Salvadoreña de Fútbol (FESFUT), entidad rectora del deporte en el país, ha planteado en distintos momentos la necesidad de fortalecer las categorías formativas y la infraestructura de la Liga GanaPlay, con el objetivo de acortar la brecha respecto a selecciones que clasifican de forma recurrente a Copas del Mundo.
La instalación de pantallas gigantes en España, de confirmarse en los términos descritos, se sumaría a una tradición europea de celebraciones públicas masivas en torno a las selecciones nacionales durante fases finales de Mundiales y Eurocopas, práctica que en años recientes se ha replicado, a menor escala, en algunas capitales de América Latina, incluida San Salvador, en torneos donde selecciones regionales han tenido participación destacada.
De cara al futuro, el cierre de este Mundial abre la discusión sobre el camino hacia la próxima clasificatoria, en la que la Selecta buscará nuevamente acceder a una cita que se le niega desde 1982. Las eliminatorias de la Concacaf —confederación a la que pertenece El Salvador junto con Estados Unidos, México, Canadá y el resto de selecciones centroamericanas y caribeñas— constituyen el mecanismo regular por el que se definen los cupos mundialistas de la región.
Se espera que en los próximos días la FIFA y las federaciones correspondientes difundan balances oficiales del torneo, con estadísticas de audiencia global, asistencia a estadios y cifras de impacto económico en los tres países organizadores.

