Cuatro orejas en la Monumental: un registro centenario de acceso mínimo
Las Ventas registró en su última tarde de toros una actuación que la sitúa entre las más infrecuentes de su historia: un torero cortó cuatro orejas en un mismo festejo y abrió la Puerta Grande. El coso madrileño, inaugurado en 1931 y clasificado de primera categoría según el Reglamento de Espectáculos Taurinos vigente —Real Decreto 145/1996 y su desarrollo autonómico por la Comunidad de Madrid—, es considerado por el escalafón taurino mundial como la plaza de mayor rango del circuito. En más de nueve décadas de historia, el número de tardes en que un torero ha alcanzado ese umbral puede contarse, según los anales del coso, con los dedos de pocas manos.
El resultado no es producto de una decisión unilateral. El reglamento taurino establece un procedimiento de triple validación: el público solicita la concesión de trofeos mediante pañuelos blancos de forma sostenida, la presidencia —ejercida por representantes de la autoridad competente de la Comunidad de Madrid— delibera y, solo entonces, otorga los apéndices. Esa cadena institucional distingue el trofeo madrileño de otros reconocimientos del circuito y refuerza su legitimidad formal frente a plazas donde la presidencia actúa con mayor discrecionalidad.
Criterio histórico del tendido madrileño
El tendido de Las Ventas es reconocido en el mundo taurino como el jurado más severo del escalafón. A diferencia de plazas de primera categoría como Sevilla, Bilbao o Valencia, la Monumental madrileña ha mantenido históricamente una contención sistemática en la concesión de trofeos que convierte cada oreja en un aval de peso específico. Cuatro apéndices en una sola tarde —dos por faena, en dos toros distintos— representa la cota máxima que el reglamento permite otorgar sin incluir el rabo, distinción que Las Ventas ha concedido en contadísimas ocasiones desde su apertura.
Como precedente histórico comparable, la historia de la plaza registra tardes de cuatro orejas asociadas a figuras que posteriormente consolidaron su posición en lo más alto del escalafón durante años. En cada caso, la actuación en Madrid funcionó como punto de inflexión en sus respectivas trayectorias, acelerando su presencia en los carteles de mayor relevancia económica del ciclo ferial. La tarde analizada se inscribe en esa misma secuencia documentada.
Marco normativo: qué permite y qué limita el reglamento
El Real Decreto 145/1996, de 2 de febrero, que aprueba el Reglamento de Espectáculos Taurinos, fija en su articulado los criterios para la concesión de apéndices y las condiciones de salida a hombros. La norma no ha experimentado modificaciones sustanciales en lo relativo a los trofeos desde su aprobación, lo que hace metodológicamente válida la comparación entre actuaciones de distintas épocas bajo un mismo parámetro formal. La Comunidad de Madrid, como administración competente en la materia dentro de su territorio, ejerce la presidencia de los festejos celebrados en Las Ventas y aplica ese marco con carácter vinculante.
Debate interno: ¿se mantiene la exigencia histórica?
El resultado no ha escapado al debate habitual del tendido. Sectores críticos de Las Ventas sostienen con frecuencia que el criterio histórico del público madrileño ha evolucionado hacia una mayor generosidad en la concesión de trofeos, cuestionando si la severidad que dotó de valor al palmarés de la plaza sigue intacta. Los defensores del resultado, en cambio, argumentan que la propia arquitectura del sistema —presidencia autonómica, petición sostenida del tendido y escrutinio público inmediato— hace innecesaria cualquier atenuante: concedidos conforme al procedimiento reglamentario, los trofeos son legítimos con independencia de lecturas externas. Ninguna de las dos posiciones cuenta con un árbitro institucional que las dirima.
Consecuencias inmediatas en el escalafón
La repercusión de una tarde de estas características trasciende el resultado deportivo puntual. En el escalafón taurino, Las Ventas actúa como árbitro de reputaciones: una actuación sobresaliente en Madrid abre ferias, mejora posiciones en carteles y revaloriza al diestro en la negociación de contratos para el resto de la temporada. El mecanismo inverso también opera: una tarde opaca en la Monumental puede frenar carreras que llegaban con impulso desde otras plazas. Cuatro orejas en ese escenario equivalen, en la práctica, a un certificado de cotización máxima dentro del sector.
Las ferias del ciclo estival y otoñal —que concentran los carteles de mayor relevancia económica y simbólica del calendario— toman como referencia directa los resultados cosechados en las plazas de primera categoría, con Las Ventas como indicador principal. Los empresarios que completan sus carteles en las próximas semanas tienen ahora un nuevo dato de referencia obligada en su toma de decisiones. El plazo relevante es el inmediato: los carteles de las ferias de agosto y septiembre se cierran habitualmente en las semanas posteriores a las actuaciones de julio en Madrid.


