El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, detalló que dos de las tres vacunas candidatas ya se encuentran en fase de ensayos de seguridad en el Reino Unido y Canadá, un paso previo indispensable antes de cualquier aplicación en la población afectada por el brote. La tercera candidata se sumaría al cronograma de pruebas en las próximas semanas, de acuerdo con la información divulgada por el organismo.
El brote de la cepa Bundibugyo fue declarado oficialmente el 17 de mayo, pero la OMS estima que el virus comenzó a propagarse de manera silenciosa desde finales de enero, casi cuatro meses antes de que las autoridades sanitarias congoleñas activaran los protocolos de emergencia. Ese margen sin detección temprana figura entre los factores que explican la magnitud del contagio, según el organismo.
A diferencia de la cepa Zaire del ébola, para la cual ya existen vacunas aprobadas y utilizadas en brotes anteriores en África central, la variante Bundibugyo carece de inmunizantes o tratamientos con autorización sanitaria vigente. Ese vacío obliga a la OMS y a los fabricantes a recurrir a ensayos clínicos acelerados, similares a los empleados en emergencias sanitarias previas de alcance internacional.
El organismo recomendó además realizar un ensayo clínico a gran escala con una vacuna ya existente contra la cepa más común del ébola, con el objetivo de evaluar si ofrece protección cruzada frente a la variante Bundibugyo. De confirmarse esa protección, la respuesta podría acelerarse de forma significativa, al tratarse de un producto con un perfil de seguridad ya más documentado que el de las candidatas completamente nuevas.
Antecedentes de brotes en África central
El ébola ha golpeado reiteradamente a la región de los Grandes Lagos africanos desde que se identificó por primera vez en 1976, cerca del río homónimo en lo que entonces era Zaire, hoy República Democrática del Congo. Desde entonces, el país ha enfrentado más de una decena de brotes documentados. El registrado entre 2018 y 2020 fue el más letal hasta ahora, con más de 2,200 fallecidos según la propia OMS, cifra que el brote actual ya ha superado.
La cepa Bundibugyo, identificada por primera vez en Uganda en 2007, es considerada por los especialistas como una de las variantes con menor letalidad relativa dentro de la familia del virus, aunque igualmente capaz de generar brotes de proporciones significativas cuando la detección temprana falla, como ha ocurrido en esta ocasión.
La respuesta internacional a estos brotes se articula, desde 2005, bajo el Reglamento Sanitario Internacional, el instrumento jurídico que obliga a los Estados miembros de la OMS a notificar emergencias de salud pública de importancia internacional y que permite al organismo coordinar el envío de recursos, personal médico y, eventualmente, vacunas experimentales bajo protocolos de emergencia.
Para El Salvador, un brote de esta naturaleza en África central no representa un riesgo epidemiológico inminente, dado que el virus del ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales y no por vía respiratoria, lo que limita su propagación a través de viajes internacionales frente a otras enfermedades infecciosas. El Ministerio de Salud no ha emitido, hasta el momento, ninguna alerta específica vinculada a este brote.
El sistema de salud salvadoreño mantiene, no obstante, protocolos de vigilancia epidemiológica en puntos de entrada como el Aeropuerto Internacional de El Salvador, activados de manera rutinaria ante cualquier emergencia sanitaria declarada por la OMS, en línea con los compromisos que el país asumió como Estado miembro del organismo desde su fundación en 1948.
La producción y distribución de vacunas contra enfermedades emergentes suele depender de acuerdos entre organismos multilaterales, gobiernos donantes y farmacéuticas privadas, un esquema que quedó bajo escrutinio internacional durante la pandemia de covid-19, cuando las desigualdades en el acceso a inmunizantes entre países de altos y bajos ingresos generaron un intenso debate sobre la equidad sanitaria global.
De confirmarse el inicio de los ensayos en el plazo anunciado, la OMS deberá presentar resultados preliminares de seguridad en las semanas posteriores, un paso que determinará si alguna de las tres candidatas puede avanzar hacia una fase de aplicación de emergencia en las zonas más afectadas de la República Democrática del Congo antes de que termine el año.

