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El Salvador oficializa en abril el primer envío de ron Cihuatán a Japón

La Representación Diplomática en Tokio promovió el licor nacional en una degustación con la importadora Kimura Co., sin que consten volúmenes ni proyecciones.

Por Redacción de El Hemiciclo· San Salvador·
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El pasado abril se oficializó el primer envío de ron Cihuatán hacia Japón, resultado de una gestión de la Representación Diplomática salvadoreña en Tokio, encabezada por el embajador Diego Dalton, y de un evento de degustación organizado con la importadora Kimura Co. La actividad, celebrada en la sede diplomática, buscó abrir contactos comerciales para el licor nacional en un mercado asiático que ya figura como el mayor comprador de café salvadoreño en Asia.

El hecho concreto —un primer envío oficializado en abril— es verificable y no menor. No es una promesa vaga ni un brindis sin consecuencias: es una operación comercial que efectivamente cruzó fronteras. Lo que merece escrutinio es todo lo que rodea a ese envío. Si fue el primero de una serie o el único de una temporada, si hay pedidos recurrentes en cartera o si la degustación agotó el episodio, son datos que el material disponible no aclara. Y esa ausencia no es un detalle cuando se trata de evaluar si la gestión diplomática produce resultados económicos medibles.

El embajador Dalton describió el producto durante el evento. «Entre las particularidades de esta bebida podemos destacar su añejamiento tropical, el sabor que le proporciona el calor salvadoreño», expresó, según el material difundido por la representación diplomática, al abordar los orígenes y procesos de producción del ron. La descripción funciona como carta de presentación ante los empresarios japoneses vinculados a la industria que asistieron a la cata; el paso siguiente, más difícil, es convertir esa presentación en pedidos recurrentes.

El patrón no es nuevo en la política de promoción comercial salvadoreña. Sucesivas administraciones han recurrido a la diplomacia como vitrina de la marca país, y la referencia obligada es el café: el mismo mercado japonés al que ahora se dirige el ron se consolidó, según la propia representación diplomática, como el mayor comprador de café salvadoreño en Asia. Pero ese posicionamiento cafetalero fue fruto de décadas de trabajo sostenido —cooperativas, certificaciones de calidad y presencia constante en ferias—, no de una jornada de degustación.

Del envío inaugural al flujo sostenido

La comparación con el café es incómoda pero pertinente. Si aquel grano necesitó años de infraestructura comercial para hacerse un lugar en los anaqueles japoneses, no hay garantía automática de que el ron recorra ese camino en meses. El propio evento, según se comunicó, «apunta al posicionamiento y diversificación» de las exportaciones hacia Japón; la aspiración está enunciada, pero la hoja de ruta —volúmenes, plazos, inversión pública comprometida— no figura en el material disponible. Preguntar por esas cifras no resta valor a la gestión: la precisa.

No corresponde restar mérito al trabajo que implica coordinar con una importadora local y lograr que el primer envío salga del país. Las representaciones diplomáticas existen, entre otras funciones, para abrir puertas comerciales que la empresa privada, con sus limitaciones de escala, difícilmente franquea por cuenta propia. Ese mérito debe consignarse. La fiscalización, sin embargo, exige preguntar por lo que el comunicado no ofrece: el volumen del envío, la proyección a mediano plazo y la relación entre el costo del evento y el retorno esperado en divisas. Ninguno de esos datos consta.

La marca Cihuatán no es un proyecto improvisado: se ha posicionado como referente del ron premium salvadoreño. La calidad del producto no está en discusión; lo que está en discusión es si la infraestructura logística detrás del envío sostiene un flujo constante o si el primer despacho corre el riesgo de quedar aislado. El mercado japonés no es terreno sencillo para ningún exportador latinoamericano: las barreras regulatorias para bebidas alcohólicas, los canales de distribución dominados por importadoras establecidas y la exigencia del consumidor obligan a que un producto nuevo despliegue mucho más que una cata inaugural para asentarse en Tokio, Osaka o Yokohama. Kimura Co. puede ser un socio valioso, pero un solo socio no construye un mercado.

El antecedente salvadoreño en promoción de exportaciones no siempre ha sido generoso con las expectativas iniciales. Programas de diversificación productiva impulsados desde los años noventa, con el fin de reducir la dependencia del café y las remesas, a menudo arrancaron con actos vistosos y comunicados optimistas que después se diluyeron por falta de seguimiento institucional. No es un juicio sobre la actual gestión diplomática en Japón, sino un recordatorio de que en el país el entusiasmo inaugural tiene historial de evaporarse antes de consolidarse en volúmenes de comercio exterior.

Queda pendiente el derecho de réplica del propio sector privado licorero salvadoreño, que no aparece en el material: si considera suficientes estas gestiones diplomáticas o reclama mayor acompañamiento estatal en certificaciones sanitarias, logística de exportación o financiamiento para escalar producción ante una demanda potencial. Tampoco constan, en la información difundida, precisiones adicionales de la importadora Kimura Co. sobre proyecciones de compra. Sería sano que la cobertura futura incorpore esas voces antes de que el relato quede escrito enteramente desde la sede diplomática.

La apuesta por diversificar exportaciones más allá del café y el textil responde a una necesidad estructural de una economía con fuerte dependencia de las remesas y de un puñado de productos tradicionales. En ese marco, un esfuerzo por abrir mercado para licores premium es coherente, con la condición de que se mida por resultados y no por actos protocolarios. El instrumento de verificación existe: los informes de comercio exterior del Banco Central de Reserva (BCR), que registran las exportaciones por producto y destino y permitirían constatar si el ron hacia Japón se convierte en un rubro con continuidad.

El desenlace de esta historia se escribirá, por tanto, en las próximas estadísticas de comercio exterior del BCR, que reflejarán —o no— un flujo sostenido de exportaciones de ron hacia el mercado japonés. Hasta que esas cifras existan y sean públicas, lo prudente es registrar el envío inaugural como lo que es —un primer paso comercial concreto— y reservar el balance para cuando los datos, y no las degustaciones, midan el resultado.

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