El Partido Popular ha emplazado públicamente al PNV y a Junts per Catalunya a retirar su apoyo parlamentario al Gobierno de Pedro Sánchez, con el argumento de que mantener ese respaldo equivale a complicidad activa con el Ejecutivo. La vicesecretaria del partido, Alma Ezcurra, formuló ese requerimiento articulando dos únicas salidas: la convocatoria de elecciones generales anticipadas o la presentación de una moción de censura. La elección de destinatarios —dos socios de investidura con peso aritmético decisivo— no es casual.
La disyuntiva binaria que construye el PP
La fórmula elegida por Ezcurra —'responsabilidad o complicidad'— es una construcción deliberadamente binaria que busca colocar a PNV y Junts ante una elección pública sin margen para la ambigüedad. El PP encuadra su demanda en términos de responsabilidad institucional: o los socios de investidura rompen con Sánchez o asumen, según sostiene la formación conservadora, las consecuencias políticas de continuar sosteniéndolo. Que el principal partido de la oposición dirija de forma explícita su presión a esos dos grupos, y no al conjunto del arco parlamentario, refleja una lectura estratégica de dónde se sitúa el punto de fragilidad del Ejecutivo.
La aritmética que hace relevante el movimiento
La relevancia del pronunciamiento reside en los números del Congreso. El Gobierno de coalición entre el PSOE y Sumar carece de mayoría absoluta propia en la cámara baja —que exige 176 escaños sobre un total de 350— y depende de manera estructural de apoyos externos, entre los que PNV y Junts han jugado un papel determinante desde la investidura. Desde las elecciones generales de julio de 2023, ningún bloque ha alcanzado esa mayoría por sí solo, lo que convierte a los socios minoritarios en árbitros permanentes de la estabilidad del Ejecutivo.
Esta dependencia estructural no es nueva en el sistema político español. Desde los comicios de diciembre de 2015, ningún partido ha obtenido mayoría absoluta en solitario en el Congreso, lo que ha convertido la fragmentación parlamentaria en la norma y la negociación con formaciones nacionalistas o regionalistas en condición habitual de gobernabilidad. El precedente más cercano y comparable es el de los Gobiernos de José María Aznar entre 1993 y 1996 —en minoría— y, en sentido inverso, el del propio PSOE durante la primera legislatura de Felipe González, que también requirió apoyos externos puntuales para aprobar presupuestos y legislación sensible.
Los mecanismos constitucionales invocados
Las dos salidas que menciona el PP tienen cobertura constitucional precisa. Las elecciones anticipadas requieren que el presidente del Gobierno proponga su disolución al rey, facultad recogida en el artículo 115 de la Constitución Española de 1978, con el resultado automático de la disolución simultánea del Congreso y el Senado y la convocatoria de comicios. La moción de censura, regulada en el artículo 113 de la misma norma fundamental, exige que los grupos proponentes presenten un candidato alternativo a la presidencia del Gobierno y alcancen una mayoría absoluta de 176 votos para prosperar; de no lograrse ese umbral, el presidente en ejercicio no solo supera la votación sino que los firmantes quedan inhabilitados para presentar otra iniciativa idéntica durante el mismo período de sesiones.
Ninguno de los dos mecanismos puede ser activado unilateralmente por el PP desde la oposición. La disolución anticipada es prerrogativa exclusiva del presidente del Gobierno; la moción de censura requiere reunir la mayoría absoluta que el propio PP no posee por sí solo. El emplazamiento de Ezcurra es, por tanto, una apelación política dirigida a terceros, no una amenaza jurídicamente ejecutable de forma inmediata por quien la formula.
La posición de PNV y Junts, sin respuesta registrada
El material disponible no recoge respuesta pública de PNV ni de Junts a las palabras de Ezcurra. Ambas formaciones han alternado históricamente entre el apoyo crítico y la presión negociadora hacia los ejecutivos centrales que han requerido sus votos, una posición que les ha permitido obtener contrapartidas territoriales y competenciales sin ruptura definitiva con Madrid. La pregunta que queda abierta es si sus respectivos electorados consideran que ese cálculo sigue siendo rentable o si el coste de mantener el respaldo al Gobierno ha alcanzado un umbral políticamente insostenible.
Precedente y patrón opositor en mayorías fragmentadas
El PP no es el primer partido en señalar a los socios de investidura como palanca para erosionar a un gobierno en minoría. En sistemas parlamentarios con mayorías fragmentadas, la oposición suele intentar desgastar los apoyos externos del ejecutivo antes que enfrentarse directamente a él en una votación que no puede ganar. La novedad de la intervención de Ezcurra reside en la publicidad y la concreción del requerimiento: se nombra a los destinatarios, se describe la acción esperada y se enuncian las consecuencias que el PP atribuye a la inacción, dotando al movimiento de un carácter de ultimátum registrado en la agenda pública.
Los plazos y lo que determina el siguiente paso
La respuesta de PNV y Junts —o su silencio— determinará en las próximas semanas si el emplazamiento de Ezcurra queda como un golpe de efecto retórico o si marca el inicio de una renegociación real de los apoyos parlamentarios al Ejecutivo. El calendario legislativo, con la tramitación presupuestaria y posibles votaciones de convalidación de decretos-ley en el horizonte inmediato, ofrecerá los primeros termómetros reales de si la presión del PP ha alterado el cálculo estratégico de alguno de los dos grupos interpelados.


