Situada a orillas del lago Michigan y a menos de 50 kilómetros de Chicago, Gary fue durante buena parte del siglo XX un símbolo del poderío industrial estadounidense gracias a la planta de US Steel, la mayor acería integrada del país. Su declive, iniciado en los años setenta con la desindustrialización del llamado Rust Belt (el «cinturón del óxido»), dejó una infraestructura urbana envejecida en el condado de Lake, con décadas de inversión insuficiente en las redes de suministro.
El apagón habría comenzado a mediados de agosto tras una serie de fallos en la red de distribución, dejando sin electricidad de forma prolongada a barrios enteros, con cortes que se extenderían de manera intermitente a lo largo de quince días. Las temperaturas propias del verano tardío en la cuenca de los Grandes Lagos agravarían la situación para una población que depende del aire acondicionado frente al calor húmedo característico de la región.
La paradoja denunciada por vecinos y responsables municipales es que Indiana no destaca precisamente por tarifas moderadas. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), el precio medio residencial de la electricidad en el estado ha crecido en los últimos años en un contexto de encarecimiento generalizado de la energía en el país tras la crisis de precios de 2022 y 2023 asociada a la guerra en Ucrania y al repunte inflacionario. Que la ciudad pague de las facturas más altas del estado y a la vez lleve semanas a oscuras es el nudo del malestar.
Gary es, además, una ciudad de mayoría afroamericana —en torno al 80% de su población, según el censo de Estados Unidos— y con una de las rentas medias más bajas de Indiana. Esa combinación de pobreza energética y composición demográfica ha llevado a organizaciones vecinales a sostener que el apagón evidencia un patrón de desatención hacia comunidades históricamente marginadas, en línea con otros episodios recientes que han puesto el foco en la discriminación racial en el país.
La compañía distribuidora que opera la red en la zona no ha ofrecido, según la información disponible, una explicación pública detallada sobre las causas exactas del fallo ni un calendario cerrado de restitución total del servicio, más allá de asegurar que trabaja para restablecer el suministro lo antes posible, sin precisar plazos. Ese vacío informativo ha alimentado la frustración de los residentes, que reclaman a las autoridades estatales y a los reguladores una investigación sobre el mantenimiento de la infraestructura.
Precedentes de una red bajo presión
El referente más citado para episodios de este tipo es el gran apagón del noreste de 2003, que dejó sin luz a unos 50 millones de personas en Estados Unidos y Canadá durante horas. Más reciente es el colapso de la red de Texas en febrero de 2021, cuando una ola de frío polar provocó cortes de varios días y más de 200 muertes, según cifras oficiales del estado. En ambos casos, las comisiones de investigación posteriores señalaron la falta de inversión en modernización de redes como causa estructural, un diagnóstico que las organizaciones de Gary reclaman aplicar ahora a su situación.
El marco regulatorio estadounidense atribuye la supervisión de las compañías eléctricas a las comisiones estatales de servicios públicos, que fijan tarifas y estándares de fiabilidad, mientras que la Comisión Federal de Regulación de Energía (FERC) vigila el mercado mayorista y las interconexiones interestatales. En Indiana, la Comisión de Utilidades del estado sería, en última instancia, la responsable de exigir explicaciones a la distribuidora y, si procede, imponer sanciones por incumplimiento de los estándares de servicio.
Las autoridades municipales de Gary habrían habilitado puntos de refrigeración y reparto de agua para paliar los efectos del calor entre los vecinos sin electricidad, en particular personas mayores y con problemas de salud. Organizaciones humanitarias locales han alertado del riesgo de golpes de calor en una población donde buena parte de las viviendas carece de sistemas de refrigeración alternativos a la red convencional.
El caso se produce en un contexto de creciente estrés de las redes eléctricas estadounidenses, atribuido por el sector a la combinación de infraestructuras envejecidas, mayor demanda por el uso de aire acondicionado en veranos más cálidos y una transición energética que exige adaptar redes diseñadas hace décadas. El Departamento de Energía federal ha advertido en informes recientes sobre la vulnerabilidad de determinadas regiones ante fenómenos climáticos extremos.
En el plano político, representantes demócratas de Indiana han pedido al gobierno estatal, de mayoría republicana, una investigación urgente sobre la gestión del apagón y sobre las tarifas eléctricas de la región. Desde el Ejecutivo estatal no se ha ofrecido, hasta el momento, una valoración pública detallada, mientras la compañía distribuidora mantiene que trabaja en el restablecimiento del servicio sin comprometer fechas.
A partir de ahora, la atención se centrará en si la Comisión de Utilidades de Indiana abre una investigación formal sobre las causas del corte y el estado de la red en el condado de Lake, y en si el Congreso estatal aborda en su próximo periodo de sesiones alguna iniciativa sobre inversión en infraestructura eléctrica. La restitución completa del servicio en Gary y una eventual compensación a los afectados serán los indicadores más inmediatos para medir el alcance de un episodio que ha vuelto a poner el foco en las desigualdades energéticas dentro de Estados Unidos.


