El comunicado castrense describe una secuencia que se habría iniciado con la ofensiva contra Marib y continuado poco después sobre Moca. "La milicia terrorista hutí bombardea la ciudad de Moca y su puerto con misiles balísticos", señaló el centro de prensa de las Fuerzas Armadas yemeníes. Con anterioridad, el mismo canal había comunicado presuntos ataques con misiles balísticos y drones contra barrios civiles de Marib, capital de la provincia homónima. Hasta el momento no ha trascendido un balance oficial de víctimas o daños materiales de los últimos impactos.
Moca es una de las terminales portuarias de mayor peso que permanecen bajo control del Gobierno yemení reconocido internacionalmente y se ubica en un punto de extrema sensibilidad estratégica: el estrecho de Bab el Mandeb, paso obligado entre el mar Rojo y el golfo de Adén que conecta el Mediterráneo, a través del canal de Suez, con el océano Índico. Por esa vía transita una parte sustancial del comercio marítimo entre Asia y Europa, lo que convierte cualquier episodio de inestabilidad en la zona en un asunto de repercusión mucho más amplia que la local.
Marib, por su parte, es el principal bastión de las fuerzas gubernamentales más próximo a Saná, la capital yemení que los hutíes controlan desde 2014. La ciudad ha resistido durante años como línea de contención frente al avance rebelde hacia el este y el sur del país, con episodios de combate especialmente intensos entre 2020 y 2021.
Los incidentes de este martes se producen tras un fin de semana particularmente violento. Según las fuentes militares yemeníes, un ataque aéreo atribuido a los hutíes contra el puerto de Moca dejó al menos siete muertos y unos 30 heridos. En la jornada previa, la insurgencia habría lanzado también una ofensiva contra Marib, en lo que las autoridades yemeníes presentan como una escalada sostenida en los últimos días.
Una guerra que se prolonga desde 2014
El conflicto se remonta a septiembre de 2014, cuando los hutíes, un movimiento de base zaidí-chií originario del norte del país, tomaron Saná y forzaron la salida del entonces presidente Abd Rabbu Mansur Hadi. Desde marzo de 2015, una coalición liderada por Arabia Saudí y con apoyo de Emiratos Árabes Unidos intervino militarmente para intentar restaurar al Gobierno reconocido internacionalmente, en una guerra que Naciones Unidas ha calificado en repetidas ocasiones como una de las mayores crisis humanitarias del mundo, con millones de desplazados internos y buena parte de la población dependiente de la ayuda internacional.
Los hutíes mantienen un alineamiento estrecho con Irán, que según diversos informes de paneles de expertos de la ONU les ha proporcionado apoyo militar y armamento, incluidos los misiles balísticos y drones que las fuerzas gubernamentales atribuyen a los ataques contra sus posiciones. Ese vínculo ha convertido a Yemen en otro tablero de la rivalidad regional entre Teherán y Riad, y en un actor con proyección directa sobre la seguridad del mar Rojo, especialmente visible desde finales de 2023, cuando el movimiento comenzó a atacar buques comerciales en el marco de la guerra de Gaza.
Un acuerdo de tregua auspiciado por Naciones Unidas en abril de 2022 redujo la intensidad de los combates durante varios meses, aunque nunca llegó a formalizarse como alto el fuego permanente y sus efectos se han ido erosionando con episodios de violencia como los denunciados esta semana. El enviado especial de la ONU para Yemen ha mantenido desde entonces gestiones periódicas para encauzar un proceso político, sin que se haya alcanzado un acuerdo definitivo entre las partes.
La reanudación de ataques contra infraestructuras portuarias como la de Moca añade un factor de riesgo adicional sobre el abastecimiento de alimentos y combustible en las zonas bajo control gubernamental, muy dependientes de las terminales marítimas para recibir ayuda y mercancías.
La coalición liderada por Arabia Saudí, que ha reducido su implicación directa en el terreno tras el acercamiento diplomático entre Riad y Teherán mediado por China en 2023, tampoco se ha pronunciado de forma inmediata.
El desarrollo de los próximos días —la posibilidad de nuevas represalias o de un llamamiento a la contención por parte de la ONU— será determinante para calibrar si este repunte de hostilidades se mantiene contenido o abre una nueva fase de escalada en un conflicto que ya acumula más de una década sin resolución política.


