Bernardos, profesor titular de Economía en la Universidad de Barcelona y experto en el mercado inmobiliario, planteó la cuestión a raíz de las quejas registradas en tres promociones públicas de la ciudad. Según explicó, existe una diferencia perceptible incluso desde la calle entre los edificios de VPO y los de promoción privada, que atribuyó al margen de libertad creativa que las administraciones conceden a los arquitectos.
«Los edificios de VPO muchas veces son fáciles de distinguir cuando uno pasea por la calle. Porque el sector público le deja que el arquitecto disfrute y haga experimentos que un promotor jamás le dejaría hacer», escribió Gonzalo Bernardos en su cuenta de X.
El economista fue más allá al vincular ese margen de diseño con las consecuencias que sufren después los inquilinos. En otro mensaje sostuvo que el resultado de esa libertad no siempre beneficia a quienes acaban habitando las viviendas.
«Unas pocas veces el arquitecto gana un premio, pero los que viven en ellas se quejan de la climatización, la calidad de los acabados, deficiente aislamiento acústico o el rápido deterioro de las instalaciones», afirmó Bernardos.
Bernardos no señaló a ningún arquitecto ni premio concreto: su crítica se dirige al criterio que, a su juicio, siguen las administraciones cuando encargan proyectos de vivienda pública. No es la primera vez que se pronuncia estos días sobre el asunto; recientemente ha defendido que los jóvenes contemplen pisos de menor tamaño —de unos 40 o 50 metros cuadrados— como primera opción para independizarse, recordando que la vivienda inicial no tiene por qué ser la definitiva.
Vecinos denuncian hasta 32 grados en sus casas
Las palabras del economista llegan tras las denuncias de residentes de las promociones de Illa Glòries, Porta Trinitat e Illa F de Torre Baró, todas integradas en el parque de vivienda municipal de Barcelona. Los vecinos aseguran haber soportado temperaturas de hasta 32 grados dentro de sus viviendas durante los meses de calor, además de un incremento de la factura eléctrica al intentar compensar con otros sistemas la deficiente refrigeración.
El problema llegó a la Comisión de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona el pasado 15 de septiembre, cuando Jordi Valls, responsable municipal de Vivienda y del Instituto Municipal de la Vivienda y Rehabilitación de Barcelona (IMHAB), pidió disculpas a los afectados. El consistorio ha encargado auditorías energéticas en los tres edificios para determinar el origen de los fallos y estudiar las soluciones necesarias.
Una de las líneas de análisis se centra en los sistemas de aerotermia instalados en estas viviendas, que según explicó Valls requieren una calibración precisa y pueden plantear dificultades de manejo a algunos usuarios. Mientras se completan las auditorías, el IMHAB asegura estar atendiendo las incidencias notificadas y trabajando en actuaciones sobre climatización, aislamiento y ventilación en los inmuebles afectados.
La controversia se suma a otros episodios recientes en torno a la vivienda pública en España, un ámbito donde las tensiones no faltan: el propio PSOE balear ha reconocido que «Mallorca no puede más» tras años de expansión. En Barcelona, las auditorías encargadas sobre Illa Glòries, Porta Trinitat e Illa F de Torre Baró deberán determinar ahora los problemas concretos de las tres promociones.


