El decreto anticrisis establecía un calendario de descuentos decrecientes para el verano —15 céntimos en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre—, en el entendido de que los precios internacionales se irían normalizando conforme avanzara la temporada. La cláusula de salvaguarda del propio texto, sin embargo, permite al Ejecutivo revertir ese calendario y aplicar el descuento máximo de 20 céntimos cuando el precio de venta al público supere el umbral fijado, como ha ocurrido este verano tras un encarecimiento superior al 15% interanual en julio.
El resultado es que la ayuda pública se duplica —de 10 a 20 céntimos— justo cuando los conductores retoman la rutina laboral. Un depósito completo de diésel, que este fin de semana costaba unos 95 euros a un precio medio de 1,87 euros por litro, pasará a rondar los 88 euros a partir de este martes. El alivio, de apenas siete euros por repostaje, queda por debajo de lo que hogares y transportistas esperaban tras meses de encarecimiento.
La razón de que el ahorro fiscal no se traduzca en un precio bajo reside en la evolución del petróleo. El barril de Brent, referencia para el mercado europeo, cotiza en el entorno de los 90 dólares, un nivel elevado desde que estalló el conflicto en Irán a comienzos de marzo de 2026 y que, según la información del sector, no se prevé que descienda con rapidez en las primeras semanas de septiembre. Esa tensión se traslada al surtidor con cierto desfase, pero de forma acumulativa: durante el verano, el litro llegó a aproximarse a los 1,90 euros de media nacional, y ya existen más de 500 estaciones de servicio en España donde el diésel se vende por encima de los dos euros, récord alcanzado al inicio de la guerra.
La gasolina 95, el combustible más vendido, no se ha visto sometida a la misma presión y mantiene un descuento fiscal de cinco céntimos por litro, sin cambios respecto a los meses anteriores, porque su precio no ha superado los límites que activarían una rebaja mayor. Su coste medio ronda los 1,75 euros por litro, un nivel muy similar al que alcanzará el diésel tras la rebaja de este martes, lo que iguala de facto el precio de ambos carburantes pese a que tradicionalmente el gasóleo ha sido más barato.
Un mecanismo heredado de la crisis de 2022
El sistema de bonificación del IEH fue diseñado como herramienta de contención frente a shocks energéticos, en la línea de las medidas aplicadas en España desde la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando el Gobierno implantó por primera vez un descuento generalizado de 20 céntimos por litro en carburantes, prolongado varios meses. Aquel precedente sirve de referencia para el diseño actual: en lugar de una bonificación fija, el Ejecutivo optó por un sistema variable que se ajusta a la evolución real de los precios, con el objetivo de limitar el gasto público a los periodos de mayor tensión y retirarlo cuando el mercado se estabilice. La reactivación del tramo máximo en septiembre evidencia que esa estabilización no se ha producido en el plazo previsto.
La persistencia de los precios altos se atribuye a una combinación de factores: la incertidumbre geopolítica en Oriente Próximo, que afecta a las rutas de suministro; la limitada capacidad de refino en Europa; y una demanda estacional elevada coincidiendo con el regreso de las flotas de transporte y la vuelta al trabajo. El crudo no consigue relajarse, lo que anticipa otro mes de precios tensionados en el surtidor, aunque su traslación no sea milimétrica en todos los casos.
Las asociaciones de transportistas y las organizaciones de consumidores han reclamado en los últimos meses medidas adicionales, al considerar que el descuento fiscal, aunque bienvenido, no compensa el impacto acumulado en el presupuesto de hogares y empresas dependientes del transporte por carretera. Desde el ámbito del Ejecutivo se defiende que el mecanismo variable es el que permite el marco presupuestario vigente sin comprometer los objetivos de déficit acordados con Bruselas, y que su activación automática al superarse el umbral demuestra que la salvaguarda funciona como estaba prevista.
El precio de los carburantes tiene además una traslación directa a la inflación: el Índice de Precios de Consumo que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) recogerá en su dato correspondiente a septiembre, con publicación prevista para primeros de octubre, el efecto de esta evolución sobre la variación general de precios, una partida que ha tenido peso relevante en los últimos meses.
De cara a las próximas semanas, el calendario legal obliga al Gobierno a revisar mensualmente la evolución del precio del diésel para decidir si mantiene, reduce o modifica el descuento, siempre dentro de los márgenes del decreto. Si el Brent y el mercado europeo de refino no muestran signos de relajación, la bonificación de 20 céntimos podría prolongarse más allá de septiembre, en contra del calendario decreciente inicialmente diseñado.

