Paton detalló que enero y febrero estuvieron entre los meses de verano más húmedos registrados, pero que a partir de abril el comportamiento climático cambió de forma abrupta hacia una temporada lluviosa "particularmente seca". "Es un año completamente insólito", señaló el investigador, quien advirtió que el fenómeno podría seguir intensificándose.
"Alguien apagó el grifo", describió Steve Paton, científico del Instituto Smithsonian, al referirse a la disminución de las lluvias registrada desde abril.
La irregularidad climática no golpea por igual a todo el territorio. La presidenta nacional de los productores de Panamá, Aida Pinzón, explicó que existen zonas donde "el verano se ha sentido con mayor intensidad", mientras que en la provincia de Chiriquí aún se registran lluvias intermitentes que permiten sostener la producción de varios rubros.
Pinzón, quien también representa a Unidos por el Agro y al Comité Nacional de Diálogo de la Agricultura Familiar (Conadaf), puso como ejemplo el corregimiento de Tierras Altas, en Chiriquí, donde los productores intentan sostener los cultivos mientras vigilan la evolución del clima. Según la dirigente, la prolongación de El Niño y la necesidad de invertir en acceso al agua podrían derivar en un alza de precios, particularmente en los vegetales que dependen de sistemas de riego y que registran un alto consumo en el país. Entre las medidas que ya se implementan en varias comunidades figura la cosecha de agua, pensada como reserva para equilibrar las necesidades de los cultivos cuando disminuyan las precipitaciones.
El arroz, uno de los alimentos de mayor consumo en Panamá, mantiene por ahora un panorama de abastecimiento estable. Omar Spieguel, presidente de la Federación de Asociaciones de Productores de Arroz y Granos de Panamá (Faragrap), indicó que "hasta abril del próximo año tenemos arroz asegurado en Panamá, según cifras oficiales del Ministerio de Desarrollo Agropecuario". Precisó que no será hasta enero de 2027 cuando la cadena agroalimentaria vuelva a evaluar la producción y los efectos del clima sobre el sector, y evitó anticipar variaciones de precio o volumen antes de conocer los rendimientos por zona.
Según las proyecciones de la Dirección de Agricultura del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, la producción agrícola nacional para el período de siembra 2026-2027, que se extiende del 1 de abril de 2026 al 31 de marzo de 2027, alcanzaría las 1,539,752 toneladas, de las cuales 476,056 corresponden a arroz. Spieguel apuntó además que el sector arrocero enfrenta presiones adicionales por los conflictos geopolíticos que encarecen los fertilizantes y otros insumos, así como por el alto precio de los combustibles necesarios para el transporte del producto.
Bocas del Toro, el reverso de la sequía
Mientras buena parte del país enfrenta déficit de lluvias, en Bocas del Toro ocurre lo contrario. Durante una gira por esa provincia, el ministro de Desarrollo Agropecuario, Roberto Linares, señaló que alrededor de 14 gremios de productores reportaron afectaciones en sus cultivos por el exceso de precipitaciones. El funcionario alertó también sobre el incremento de problemas fitosanitarios, entre ellos la sigatoka negra, enfermedad que destruye las hojas de las plantaciones de banano y plátano.
El episodio de El Niño 2023-2024 dejó antecedentes sobre la magnitud de estos impactos en la región. Un informe del Programa Mundial de Alimentos y de Acción contra el Hambre documentó que, solo en Centroamérica, unas 486 mil personas en zonas rurales estuvieron expuestas a condiciones de sequía severa entre abril y noviembre de 2023, durante la temporada agrícola. El documento subraya que los pequeños productores son quienes enfrentan mayor vulnerabilidad, al contar con menos recursos para invertir en sistemas que amortigüen la irregularidad de las lluvias, una tensión de acceso al agua que también atraviesa otros debates ambientales en el país, como el que reabrió la crisis del río La Villa sobre el desplazamiento ambiental.