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Marbella concentra en agosto su oferta de restauración de alta gama

La localidad malagueña despliega en plena temporada alta un mapa gastronómico que va de los beach clubs de la Milla de Oro a los locales del casco antiguo

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Marbella (Málaga) atraviesa este mes de agosto de 2026 uno de sus picos de actividad turística y gastronómica del año, con una oferta de restauración que se extiende desde beach clubs de gran formato en la Milla de Oro hasta locales de cocina de autor en el casco antiguo.

La Milla de Oro, el tramo de costa que se extiende entre el casco urbano de Marbella y Puerto Banús, concentra buena parte de esa oferta de alto standing. Allí se ubica el resort Puente Romano, que alberga un complejo de restaurantes de cocina internacional. Entre ellos, Gaia Marbella apuesta por una cocina griega contemporánea con influencias mediterráneas firmada por los chefs Izu Ani y Orestis Kotefas, con entrantes como el taramosalata, el tzatziki o la tyrokafteri, crudos como el tartar de atún con trufa y platos principales como la moussaka, el cabrito a fuego lento o la pasta con bogavante.

En la misma franja del litoral, aunque algo más alejado en dirección a Guadalmina Baja, opera Barbillón Marbella, un beach club de más de 4.000 metros cuadrados frente al mar, según el propio establecimiento, que combina piscina, zona de playa y restaurante bajo un concepto de cocina mediterránea pensada para compartir. Ensaladilla con tartar de atún rojo, croquetas de chorizo ibérico con huevo de codorniz, steak tartar en formato nigiri, arroces de marisco y un raw bar de tartares y carpaccios figuran entre sus elaboraciones más demandadas.

El modelo de beach club, importado de destinos como Ibiza o el sur de Francia, se ha extendido por la Costa del Sol en la última década como fórmula que integra restauración, piscina y eventos, y que suele concentrar su mayor actividad en julio y agosto, coincidiendo con la temporada alta.

Del bistrot del casco antiguo al chiringuito reconvertido

Frente a esa oferta de gran formato, el casco antiguo mantiene un tirón propio entre quienes buscan una experiencia más recogida. En la calle Ancha, una de las vías del centro histórico de trazado laberíntico y fachadas encaladas, funciona Casanis Bistrot, instalado en una casa tradicional andaluza de más de 150 años que combina influencias francesas, belgas y mediterráneas, con platos como el steak tartar, el foie gras, los escargots, el magret de pato o el beef Wellington.

En la playa de Nagüeles, entre el Marbella Club y Puente Romano, La Milla Marbella ejemplifica la evolución del tradicional chiringuito hacia un concepto gastronómico de gama alta, con vistas directas al Mediterráneo y una carta centrada en el producto del mar: lubina a la sal, arroz de gamba roja, brioche de gamba blanca con limón o espetos de pescado, junto a crudos y mariscos que varían según la lonja.

Más al oeste, en primera línea de la playa de Río Verde y muy cerca de Puerto Banús, Camurí Las Cuchis se suma a esta oferta estival en un entorno de arena y palmeras con ambiente chill-out, otro ejemplo de la reconversión del chiringuito playero en propuesta de restauración diferenciada.

Un modelo turístico con raíces en los años cincuenta

La convivencia entre locales de tradición gastronómica europea y espacios de nueva construcción junto al mar ilustra la doble identidad turística de Marbella. El municipio combina el atractivo de un núcleo histórico andaluz con una proyección internacional que arranca en la segunda mitad del siglo pasado, con la apertura de complejos hoteleros pioneros como el Marbella Club, fundado en 1954 por el príncipe Alfonso de Hohenlohe, y consolidada con la inauguración del puerto deportivo de Puerto Banús en 1970, convertido desde entonces en símbolo del turismo de lujo de la Costa del Sol.

La instalación de terrazas y chiringuitos en la franja litoral no depende únicamente de los establecimientos. En España, la ocupación del dominio público marítimo-terrestre está sujeta a la Ley de Costas de 1988 y a las concesiones administrativas que otorgan las demarcaciones de Costas dependientes del Ministerio para la Transición Ecológica, con plazos de explotación limitados y renovaciones sujetas a concurso público. Los ayuntamientos, por su parte, regulan mediante ordenanzas municipales las condiciones de las terrazas en suelo público.

De cara a lo que resta de temporada, la actividad suele mantenerse en niveles altos hasta finales de agosto y prolongarse de forma más moderada en septiembre, mes que en los últimos años ha ganado peso en el calendario turístico gracias a la desestacionalización, un objetivo que administraciones autonómicas y locales persiguen para reducir la dependencia del turismo concentrado en julio y agosto.

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