La defensa de Davis anunció que apelará la sentencia, con lo que el proceso, que puso fin a casi tres décadas de investigación sin culpables, aún podría extenderse ante instancias superiores del sistema judicial estadounidense.
Según la fiscalía, Davis no fue quien disparó, pero actuó como jefe del grupo que ejecutó el crimen y entregó el arma que utilizó su sobrino, Orlando Anderson, para abrir fuego contra el vehículo en que viajaba Shakur. El rapero tenía 25 años y se encontraba en la cima de su carrera, con más de 75 millones de discos vendidos en todo el mundo.
Los fiscales describieron a Davis como el eje de la operación durante el juicio.
"Comandante en el lugar de los hechos" que "ordenó la muerte" de Shakur, según el planteamiento de la fiscalía durante el juicio.
La policía sostuvo que el ataque fue la respuesta de Davis a una pelea que había involucrado a su sobrino en un casino de Las Vegas poco antes del tiroteo. Anderson, señalado como el presunto tirador, negó siempre su participación en el crimen y murió en 1998 en un tiroteo sin relación con el caso, por lo que nunca enfrentó cargos.
Las memorias que reabrieron el expediente
La pieza que permitió reactivar el caso fue el propio Davis. En sus memorias de 2019, tituladas Compton Street Legend, admitió haber estado dentro del Cadillac blanco desde donde se hicieron los disparos y haber proporcionado el arma homicida. Esas declaraciones, repetidas en entrevistas con medios de comunicación, anularon el acuerdo de protección que había pactado con las autoridades tras colaborar en 2008 en una investigación distinta, relacionada con el asesinato del también rapero Notorious B.I.G., ocurrido apenas unos meses después del de Shakur.
Ese acuerdo había blindado a Davis de ser procesado penalmente a cambio de su información. Al quedar sin efecto por sus propias confesiones públicas, un juez autorizó que la entrevista policial de 2008 fuera usada como prueba en el juicio por homicidio en su contra, un elemento que resultó determinante para la condena.
Durante el proceso, la defensa de Davis intentó convencer al jurado de que sus relatos en el libro y en entrevistas eran bravuconerías y exageraciones destinadas a vender ejemplares, sin valor como confesión real. El jurado no acogió ese argumento y lo declaró culpable el mes pasado del cargo de homicidio con arma mortal.
El caso de Tupac Shakur fue, durante tres décadas, uno de los expedientes sin resolver más conocidos del espectáculo musical estadounidense, alimentado por múltiples teorías sobre la autoría del crimen. La condena de Davis marca la primera sentencia en el expediente, aunque el anuncio de apelación de su defensa deja abierta la posibilidad de que el fallo sea revisado por una corte superior.

