El caso de Salvatore, el joven de 170 kilos que aguarda una cirugía que le permita normalizar su peso, resulta representativo de un patrón que médicos italianos han detectado en los últimos años en el sur del país. La doctora Sonja Chiappetta, quien lleva 15 años tratando pacientes con obesidad grave en el Hospital Betania, señaló que hasta hace poco la mayoría de sus pacientes rondaba los 50 años, mientras que ahora atiende a adolescentes de apenas 16. «Cada vez son más jóvenes, y eso resulta alarmante», advirtió la especialista.
La localidad de Ponticelli se ha ganado, según los reportes recogidos, la reputación de ser una de las zonas con mayor incidencia de obesidad infantil a escala mundial. En algunas áreas de la región de Campania, más del 40% de los niños de 8 y 9 años tiene sobrepeso, un dato que coincide con los indicadores socioeconómicos de esa zona, una de las más golpeadas por la pobreza en la Europa continental.
De acuerdo con cifras de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, el riesgo de pobreza alcanza el 35.5% en Campania, el 35.3% en Sicilia y el 37.2% en Calabria, porcentajes muy superiores a la media del bloque comunitario. La correlación entre privación económica y obesidad infantil, según los especialistas citados en los reportes, no sería casual: los alimentos ultraprocesados suelen resultar más accesibles y económicos que una dieta basada en productos frescos.
La paradoja resulta significativa porque Italia fue, durante buena parte del siglo XX, la referencia internacional de alimentación saludable. La dieta mediterránea —rica en vegetales, legumbres, aceite de oliva, cereales integrales y pescado— se popularizó luego de que el fisiólogo estadounidense Ancel Keys y su esposa, la bioquímica Margaret Keys, estudiaran en la década de 1950 a comunidades del sur de Italia y vincularan esos hábitos con bajas tasas de enfermedades cardíacas. Aquella investigación transformó una costumbre regional en un modelo global de vida saludable, incorporado por instituciones sanitarias de todo el mundo, incluidas las de América Latina.
Sin embargo, la Italia que sirvió de base a ese estudio, según especialistas, ya no existe en la práctica cotidiana de la mayoría de sus habitantes. El doctor Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, sostuvo que la dieta mediterránea tradicional se ha perdido y que solo el 10% de los italianos la sigue realmente. Longo resume la alimentación italiana contemporánea en lo que denomina las «cinco P»: pizza, pasta, papa, proteína y pan, una combinación alejada del patrón original de vegetales y aceite de oliva.
De la primera infancia al quirófano
El doctor Roberto Berni Canani, pediatra y especialista en obesidad de la Universidad Federico II de Nápoles, afirmó haber atendido a niños de apenas 2 o 3 años que ya pesan 25 kilos, cuando la OMS estima que el peso estándar para esa edad debe situarse entre los 12 y los 17 kilos. «He atendido a niños de apenas 2 o 3 años que ya pesan 25 kilos», declaró. Según el especialista, la mayoría de los padres no percibe el sobrepeso de sus hijos como un problema de salud y acude a consulta por otros síntomas —tos, dolor estomacal o diarrea— sin relacionarlos con el exceso de peso.
La intervención que la doctora Chiappetta practica en el Hospital Betania consiste en la extirpación de hasta el 90% del estómago, un procedimiento que limita la cantidad de alimento que el paciente puede ingerir. La demanda de esta cirugía ha aumentado de forma considerable en el sur de Italia en los últimos años. A Salvatore, no obstante, le comunicaron que no puede someterse a la operación: su peso es tan excesivo que la cirugía entraña demasiados riesgos.
En su lugar, la doctora Chiappetta le recetó una inyección de agonistas del receptor GLP-1, fármacos que reducen el apetito y que en los últimos años han ganado terreno como herramienta para el manejo de la obesidad severa, tanto en Europa como en el continente americano, aunque su uso en menores continúa bajo evaluación de las autoridades sanitarias de cada país. El objetivo es que el joven pierda el peso necesario para poder operarse más adelante.
Para Panamá, el fenómeno italiano ofrece un espejo de cómo la transformación de hábitos alimentarios —incluso en sociedades con tradición de dietas consideradas saludables— puede derivar en una crisis sanitaria de rápido crecimiento entre menores de edad. El sobrepeso y la obesidad infantil figuran entre los factores de riesgo para enfermedades crónicas no transmisibles señalados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para la región, un patrón vinculado al acceso desigual a alimentos frescos y al avance de los productos ultraprocesados.
El caso italiano plantea, de cara a los próximos años, interrogantes sobre el papel de las políticas públicas en la regulación del etiquetado de alimentos, la publicidad dirigida a menores y el acceso a productos frescos en zonas de bajos ingresos, debates presentes también en la agenda de varios países de América Latina. Por ahora, el desenlace del caso de Salvatore —si logrará o no reducir el peso necesario para someterse a la cirugía— permanece abierto, a la espera de la evolución de su tratamiento en el Hospital Betania.