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Un testimonio en Ceuta alerta de la presión migratoria sobre la convivencia

Una cuidadora con 23 años atendiendo a menores describe asentamientos improvisados en el barrio del Príncipe y un desgaste social creciente entre los vecinos.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Ceuta afronta una situación de saturación en varios de sus barrios, según el relato de una cuidadora con 23 años de experiencia en la atención a menores migrantes recogido este martes por un medio digital. En el barrio del Príncipe, en el entorno del hospital y en la periferia próxima a la playa del Trampolín se levantan refugios improvisados con telas, palos y plásticos que ocupan calles y bloquean el acceso de comerciantes a sus negocios.

El testimonio describe una Ceuta que se extiende más allá de las imágenes habituales de la playa del Trampolín, convertida en símbolo más visible pero no único de una presión que, según la cuidadora, afecta a la práctica totalidad de la ciudad. Durante un recorrido guiado por los asentamientos, la mujer mostró puestos de venta informal, refugios y locales sepultados por construcciones improvisadas dentro de las propias calles. «No son dos asentamientos, no es un barrio», resume el relato: es la ciudad entera sometida a una presión que altera sus ritmos y su vida cotidiana.

Esa rutina diaria estaría marcada, según la fuente, por dos tiempos. Por las mañanas, buena parte de los recién llegados duerme, lo que ofrece al centro una tregua engañosa. A partir de las 16:00 horas, cuando despiertan y comienzan a deambular por distintas zonas, emerge la verdadera dimensión del fenómeno. La cuidadora asegura haber atendido a menores de edades extremas, incluido un niño de cuatro años que habría llegado acompañado únicamente por su hermano de ocho, y a otros de nueve que dicen soñar con llegar a la Península atraídos por una vida mejor difundida en redes sociales.

Ceuta, con algo más de 83.000 habitantes según el padrón del Instituto Nacional de Estadística, es una de las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África, junto con Melilla, y ambas constituyen la única frontera terrestre de la Unión Europea con el continente africano. Esa condición la convierte históricamente en punto de paso para migrantes procedentes de Marruecos y de países subsaharianos, un fenómeno que se remonta a las crisis fronterizas de los años noventa y que vivió su episodio más agudo en mayo de 2021, cuando cerca de 8.000 personas cruzaron la frontera en apenas 48 horas, según datos del Ministerio del Interior.

La atención a menores extranjeros no acompañados se rige en España por la Ley Orgánica 4/2000 de Extranjería y su reglamento, así como por la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor, que obligan a las administraciones a garantizar la tutela y el bienestar de estos niños hasta la mayoría de edad, con independencia de su situación administrativa. La gestión de estos menores ha generado fricciones recurrentes entre el Gobierno central, las comunidades y las ciudades autónomas por el reparto de competencias y recursos, un debate que se intensificó tras la reforma del reglamento de extranjería de 2024 para agilizar la distribución de menores entre territorios.

La cuidadora sostiene que sus más de dos décadas de trabajo social le permiten constatar trayectorias muy dispares entre los menores atendidos: algunos habrían logrado una integración plena, incorporándose como guardias civiles o educadores sociales, mientras que otros habrían terminado en circuitos de delincuencia. Esa dualidad, subraya, sería reflejo de un fenómeno que no admite lecturas simples ni soluciones inmediatas y que depende en gran medida de los recursos disponibles para el acompañamiento educativo y social de cada niño.

La saturación de los centros de acogida en Ceuta no es nueva. La ciudad cuenta con una red de centros de primera acogida que, según han denunciado organizaciones como Save the Children o Unicef España en informes recientes, ha operado en repetidas ocasiones muy por encima de su capacidad, obligando a habilitar naves industriales y otros espacios de emergencia. El Defensor del Pueblo ha realizado visitas de supervisión a estos centros y ha trasladado al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones recomendaciones sobre la necesidad de reforzar plazas y personal especializado.

El relato apunta a un desgaste emocional entre los vecinos, que describirían un clima de cansancio y, en algunos casos, temor a dejar que sus hijos caminen solos hasta el instituto. La cuidadora resume ese malestar con un doble sentimiento: le duele contemplar las condiciones infrahumanas en las que viven muchos de los menores que llegan, pero también le preocupa el desgaste de la ciudad en la que ha vivido, trabajado y criado a sus hijos. Ese desgarro, sostiene, es representativo de una parte significativa de la población ceutí.

Ceuta ha sido tradicionalmente citada como ejemplo de convivencia entre las comunidades cristiana, musulmana, hebrea e hindú, con una coexistencia que se remonta a su incorporación a la Corona de Castilla en 1668 y que se ha mantenido, con tensiones puntuales, a lo largo de los siglos. La fuente advierte de que el riesgo actual no sería tanto el desorden visible en el espacio público como la posibilidad de que la presión sostenida erosione un equilibrio construido durante generaciones, en un territorio de apenas 19 kilómetros cuadrados donde el espacio y los recursos son limitados.

Hasta la fecha de esta información no se han registrado incidentes de gravedad que confirmen ese temor, pero el relato refleja una inquietud extendida sobre la posibilidad de que la tensión social derive en episodios de conflicto. El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones no ha realizado declaraciones específicas sobre esta situación en las últimas semanas, si bien ha reiterado en ocasiones anteriores su compromiso con el refuerzo de los mecanismos de acogida y con la distribución de menores no acompañados entre comunidades, en aplicación del principio de solidaridad interterritorial recogido en la normativa de extranjería.

Desde la Ciudad Autónoma de Ceuta, gobernada por el Partido Popular, se ha reclamado en distintos foros institucionales, incluida la Conferencia de Presidentes, un mayor respaldo económico y de personal del Estado para afrontar la presión migratoria, dada la limitación de recursos del territorio. Organizaciones humanitarias como Cruz Roja, presente en la gestión de algunos dispositivos de primera atención en la frontera sur, han insistido reiteradamente en la necesidad de reforzar los canales de migración regular y los acuerdos de cooperación con Marruecos, socio bilateral clave en el control fronterizo desde la firma de sucesivos memorandos de entendimiento, el más reciente reactivado tras la crisis diplomática de 2021.

La situación se enmarca, además, en el Pacto de Migración y Asilo de la Unión Europea, aprobado en 2024, que introduce mecanismos de solidaridad obligatoria entre Estados miembros para la reubicación de solicitantes de protección internacional, aunque su aplicación efectiva en fronteras exteriores como la de Ceuta sigue siendo objeto de negociación técnica entre Bruselas y Madrid. Eurostat ha situado reiteradamente a España, junto con Italia y Grecia, entre los países con mayor presión migratoria por vía marítima y terrestre en el sur de Europa.

A falta de datos oficiales actualizados sobre el número de personas alojadas en los centros ceutíes, el testimonio recogido este martes se sumará previsiblemente al debate político sobre la financiación estatal para la ciudad autónoma. El reparto de menores entre territorios y el refuerzo de plazas seguirán marcando la agenda en las próximas semanas, en un asunto que reaparece de forma recurrente en las reuniones entre el Estado y las administraciones autonómicas.

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