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El CTO de Fujitsu España: la IA halla fallos en horas que nadie vio en 20 años

Carlos Cordero sostiene que los ataques automatizados con inteligencia artificial «es imposible pararlo humanamente» y que la única defensa es más IA.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El director de tecnología de Fujitsu en España, Carlos Cordero, ha advertido en una entrevista con OKDIARIO de que la inteligencia artificial, incluida la de código abierto, localiza vulnerabilidades informáticas y genera el código para explotarlas en cuestión de horas. El ejecutivo atribuye a ese salto de escala el aumento de ciberataques contra la administración pública española y sostiene que la amenaza «es imposible pararlo humanamente» y solo puede contenerse con más inteligencia artificial.

Cordero, con más de 25 años en el sector tras pasar por Data General, Indra y Capgemini antes de recalar en Fujitsu como responsable tecnológico bajo la dirección de la consejera delegada Ángeles Delgado, sitúa el diagnóstico fuera del discurso corporativo habitual. No atribuye el repunte de incidentes a una debilidad estructural del país, sino a un cambio de escala en la capacidad ofensiva que otorgan los modelos de lenguaje. «No somos débiles», sostiene, antes de matizar que la IA actual «es capaz de encontrar agujeros en horas donde nadie los ha visto en 20 años».

El argumento va más allá de la detección. Según describe, el sistema no solo localiza la brecha, sino que genera después el software para aprovecharla, un automatismo que deja fuera de juego los mecanismos tradicionales de defensa basados en revisión humana. La conclusión que extrae es tajante y la formula sin condicionales:

«Es imposible pararlo humanamente. La única manera de pararlo es también con IA», Carlos Cordero, CTO de Fujitsu en España.

La tesis conecta con la asimetría que estructura hoy la ciberseguridad: los atacantes pueden automatizar la búsqueda de fallos a gran escala, mientras los defensores siguen dependiendo de auditorías periódicas y parches reactivos. El Centro Criptológico Nacional, adscrito al CNI, gestiona la respuesta a incidentes en el sector público español a través de su CCN-CERT y viene documentando desde hace ejercicios un incremento sostenido de ataques contra organismos oficiales, un patrón que la propia estructura europea de ciberseguridad vincula a la proliferación de herramientas de automatización accesibles.

Cordero enmarca ese fenómeno en una reflexión más amplia sobre los límites de la tecnología que su compañía comercializa. Admite que la IA generativa funciona como un modelo estadístico que predice la palabra siguiente según un peso probabilístico: «No razona, es estadística pura», afirma, y añade que «nadie sabe realmente por qué contesta así, ni los que entrenan los modelos». Esa opacidad, sostiene, obliga a asumir un margen de riesgo que cifra en torno al «1% o 2%» y que «no es cero» cuando se despliega la tecnología en entornos sensibles.

El directivo reconoce que los guardarraíles —los filtros que limitan las respuestas potencialmente dañinas de los modelos— han mejorado desde que trucos rudimentarios como el conocido «truco de la abuelita» permitían sortear las restricciones. Sin embargo, matiza que persisten otros mecanismos de elusión, sin detallar cuáles, lo que apunta a que la carrera entre restricción y explotación de los sistemas sigue abierta.

Un procesador para reducir el consumo energético

La entrevista sitúa este diagnóstico en la transformación de Fujitsu, una compañía que hace una década basaba buena parte de su negocio en servidores y hardware y que hoy, según Cordero, obtiene en España en torno al 90% de sus ingresos de servicios de outsourcing y consultoría. La separación de las líneas menos rentables ha ido acompañada de una apuesta por la computación cuántica y por MONAKA, un procesador propio que la compañía presenta como el «único» capaz de ejecutar inferencia de modelos de IA con un consumo energético que, según el directivo, reduce «a la mitad o menos» el de las GPU convencionales.

Ese argumento energético pesa en el contexto español. Los centros de datos del país afrontan limitaciones de capacidad derivadas de la saturación de la red de distribución eléctrica, un cuello de botella que condiciona la expansión de la infraestructura de computación necesaria para entrenar y ejecutar modelos de IA a gran escala. «Si no tienes corriente, ¿cómo instalas GPUs?», resume Cordero, para quien la eficiencia energética se ha convertido en un factor de competitividad tan relevante como la propia potencia de cálculo.

A ello se suma 1FINITY, la división de comunicaciones y fotónica de Fujitsu, que según el directivo mantiene un negocio consolidado en América y Japón y que el año pasado firmó un acuerdo con Deutsche Telekom para desplegar tecnología Open RAN, un movimiento que interpreta como indicio de expansión hacia el mercado europeo. La computación cuántica, añade, «va a ser el futuro en 4 años».

Rotación del 7% frente a la fuga de talento

El diagnóstico sobre ciberseguridad convive con otro relato: el de una compañía que, según sus cifras internas, mantiene una rotación de personal del 7% en un sector —el de la ingeniería especializada en IA— caracterizado por la escasez de perfiles y una competencia salarial agresiva entre grandes tecnológicas. Cordero atribuye esa retención al Fujitsu Way, un código corporativo que, según describe, prioriza el papel de las personas frente a la lógica puramente financiera sin renunciar a la rentabilidad: «esto no es una ONG, hay que ganar dinero para hacer I+D», precisa.

La compañía habría cerrado 2025 con un crecimiento de doble dígito y una mejora de márgenes que Cordero no cuantifica por su condición de empresa cotizada —solo desglosa cifras oficiales a nivel de Japón—. En el uso interno de la IA generativa defiende un enfoque selectivo: sostiene que Fujitsu la aplica únicamente donde puede controlarse y garantizar retorno, y cita como ejemplos un proyecto de datos biomédicos y la iniciativa Flagship impulsada por Delgado. «Las empresas se han embarcado por todos lados y pocas han logrado retorno porque cuesta mucho. Nosotros no», afirma.

El diagnóstico llega en un momento en que las grandes potencias tecnológicas han empezado a tratar la IA como asunto de seguridad. Estados Unidos y China crearon recientemente un canal bilateral para incidentes de inteligencia artificial y descartaron fusionar sus desarrollos, un gesto que refleja hasta qué punto los gobiernos consideran ya la tecnología un asunto de seguridad nacional y no solo de competitividad industrial. El paralelismo con lo que describe Cordero es directo: la defensa exige incorporar antes que el rival las capacidades más avanzadas de los modelos disponibles.

La reflexión del directivo encierra una paradoja que atraviesa buena parte del sector: la misma tecnología señalada como origen de la amenaza es, según su planteamiento, la única herramienta capaz de ofrecer una defensa a su altura. «¿Humo? No es humo. Es alucinante», zanja Cordero sobre la IA generativa, en una entrevista en la que no aporta cifras oficiales de facturación ni fechas concretas del despliegue de MONAKA en España.

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