Los comicios llegan apenas dos semanas después de que AfD lograra un resultado récord en Sajonia-Anhalt, lo que ha convertido septiembre en un mes de exámenes sucesivos para el Gobierno federal de coalición entre CDU y SPD. La acumulación de votaciones regionales en el este del país agrava la presión sobre Merz, cuyo liderazgo empieza a ser cuestionado dentro de su propio partido apenas unos meses después de su llegada a la Cancillería.
Los sondeos publicados en los días previos a la votación no coinciden en el orden de los dos primeros partidos, aunque sí en la estrechez del resultado. La encuesta de Forschungsgruppe Wahlen, difundida el jueves, otorga un 37% al SPD y un 36% a AfD. Un día antes, un estudio de INSA invertía esa proporción: 37% para AfD y 35% para los socialdemócratas. Con anterioridad, Infratest dimap había llegado a conceder un 38% a la formación de extrema derecha frente a un 33% del SPD de Schwesig.
AfD aspira a duplicar su resultado en el este
Ese margen entre encuestadoras no altera el dato de fondo: AfD aspira a duplicar su resultado de los anteriores comicios regionales en ese estado del este, con cerca de 1,6 millones de habitantes, y podría convertirse en la fuerza más votada. Sin embargo, el aislamiento parlamentario que sufre el partido complicaría cualquier acceso al Gobierno regional incluso en caso de victoria en votos, que apunta a ese veto como factor determinante para las coaliciones posteriores.
Ganar las elecciones y quedar fuera del Ejecutivo se ha vuelto una paradoja recurrente en el este alemán. En Turingia, AfD fue la fuerza más votada en las regionales de septiembre de 2024 y quedó igualmente fuera del gobierno por el rechazo del resto de partidos a pactar con ella. El mismo veto obligaría ahora a articular coaliciones alternativas, lo que podría permitir a Schwesig retener la presidencia regional aunque el SPD termine en segunda posición.
El golpe más severo, no obstante, podría recaer sobre la CDU. Los últimos estudios demoscópicos reducen al partido de Merz a entre el 6% y el 7% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, apenas por encima del umbral del 5% que la ley electoral alemana exige para obtener representación parlamentaria. Un resultado por debajo de esa barrera dejaría a los democristianos fuera de la Cámara regional, un desenlace que agravaría la crisis del canciller
La onda expansiva de un eventual fracaso alcanzaría directamente a Merz. El resultado de Sajonia-Anhalt ya había encendido las críticas internas, y una nueva debacle podría intensificar el debate sobre el rumbo de la CDU y de la coalición federal con el SPD. Distintos dirigentes democristianos han reclamado cambios en la política económica y migratoria del Gobierno ante el deterioro electoral del partido en el este.
Por detrás de socialdemócratas y AfD, Die Linke se movería entre el 9% y el 12%, los Verdes rondarían el 5% y la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) oscilaría entre el 3% y el 5%. El FDP afronta unas perspectivas todavía peores, con algunos sondeos que ni siquiera le atribuyen representación.
Berlín, otro frente para la coalición
La segunda prueba del domingo llega en Berlín, donde cerca de 2,5 millones de electores están llamados a renovar la Cámara regional. La última encuesta de INSA, del viernes, sitúa a Die Linke en primera posición con el 21%, seguida de la CDU con el 20%, AfD con el 18%, los Verdes con el 15% y el SPD con el 12%; la BSW quedaría en el 5%. Allí también se anticipa un castigo a la coalición de CDU y SPD que gobierna la ciudad.
El avance de AfD en una capital tradicionalmente dominada por la izquierda y por los democristianos resulta especialmente significativo. Su candidata, Kristin Brinker, ha centrado la campaña en la inmigración y el acceso a los recursos públicos, dos asuntos que atraviesan también el debate sobre la vivienda: Berlín necesitará unas 211.000 viviendas adicionales hasta 2040, según datos, en una ciudad donde los alquileres prácticamente se han duplicado desde 2014.
«No son una carga», defendió Kristin Brinker, candidata de AfD en Berlín, sobre los hijos y nietos de inmigrantes integrados, y añadió su preocupación por la llegada de personas que, según sostiene, «no se integran, pero que lo reciben todo del Estado».
Die Linke ha respondido a ese diagnóstico con una apuesta por mayores controles sobre los alquileres y más construcción de vivienda social, en una campaña donde la crisis residencial se ha convertido en el terreno de disputa más visible entre los dos extremos del espectro político berlinés.
El resquebrajamiento del rechazo institucional a pactar con AfD es ya un debate abierto en Alemania. Según una encuesta reciente, el 51% de los alemanes rechazaría excluir de antemano cualquier acuerdo con el partido, un dato que contrasta con el consenso que el resto de fuerzas parlamentarias ha mantenido para aislarlo de los gobiernos regionales y federal desde su irrupción. Ese mismo bloqueo institucional es el que Venezuela invoca en sentido inverso cuando pide a la ONU que cierre la misión que investiga violaciones de derechos humanos: el uso de mecanismos institucionales como frontera política atraviesa hoy contextos muy distintos.
El contraste entre el respaldo electoral creciente de AfD y su bloqueo institucional configura el trasfondo de una jornada que determinará las mayorías en dos länder pero cuyas consecuencias se proyectarán sobre la coalición federal. El desenlace, con AfD disputando el primer puesto con porcentajes próximos al 40% en Mecklemburgo-Pomerania y la CDU luchando por no quedar fuera del Parlamento, se conocerá este domingo.

