"Es un tema sistémico", afirmó Young, quien rechazó que el problema se explique simplemente porque no haya médicos en el país. A su juicio, Panamá enfrenta al mismo tiempo dificultades de distribución, de formación, de contratación y de permanencia de sus especialistas, factores que se refuerzan entre sí y que impiden que la red pública cubra de forma estable las vacantes.
El caso de La Chorrera ilustra una de esas dimensiones: la CSS cuenta con especialistas dentro de su red, pero no siempre consigue que acepten trasladarse a las zonas donde existen las vacantes. En cirugía general, dijo Young, la institución dispone de profesionales, pero enfrenta resistencia para que trabajen en localidades como Almirante o Puerto Armuelles. En otras especialidades el problema no es de distribución sino de escasez real de candidatos: mencionó específicamente la alergología y la endocrinología pediátrica como áreas donde resulta particularmente difícil encontrar médicos dispuestos a postularse, incluso cuando la institución abre convocatorias de manera reiterada.
Un hospital nuevo, tres renuncias
La apertura del hospital Dr. Manuel Amador Guerrero, en Colón, con equipos e instalaciones renovadas y mejores condiciones de seguridad, no bastó para retener al personal especializado. Tres especialistas presentaron su renuncia, según el relato de Young. La explicación remite a un mecanismo de formación que la propia institución financia con fondos públicos: médicos que reciben su especialización con el compromiso de servir varios años en determinadas regiones. En Colón, dijo Young, algunos cumplen períodos de hasta seis años y, una vez satisfecha esa obligación, presentan su renuncia, lo que obliga a la CSS a reabrir el proceso de búsqueda para plazas que ya consideraba resueltas.
Ese ciclo de cobertura temporal y renuncia posterior plantea, según el director nacional de Servicios y Prestaciones de Salud, la necesidad de revisar no solo el modelo de formación de especialistas sino los mecanismos que podrían favorecer su arraigo en las provincias donde son más necesarios, más allá del período mínimo de compromiso.
La CSS ha ampliado las plazas de formación para médicos internos y residentes y, según Young, la institución cuenta con recursos para preparar especialistas. El cuello de botella se ubica en una etapa previa: no hay suficientes médicos generales interesados en continuar su formación hacia ciertas especialidades, y una parte de quienes sí lo intentan no logra superar los exámenes de ingreso a las residencias. Esa combinación produce una situación contraintuitiva, según describió el funcionario: Panamá puede disponer de un número considerable de médicos generales y, al mismo tiempo, enfrentar escasez de especialistas en áreas concretas. La formación de un especialista requiere varios años adicionales tras completar la carrera de medicina, y Young considera que el país debe revisar ese proceso, incluida la duración de las residencias y la planificación de qué especialidades se necesitan en la red pública.
La remuneración añade otra capa al problema. Young reconoció que históricamente ha existido una migración de médicos desde el sistema público hacia la práctica privada, pero señaló que ahora observa un fenómeno distinto: especialistas que, al concluir su formación, se incorporan directamente al sector privado sin pasar por la CSS. Puso como ejemplo la cardiología, donde, según su exposición, un especialista recién formado puede obtener en la práctica privada ingresos considerablemente superiores a los que ofrece la planilla estatal.
El director nacional evitó atribuir el fenómeno únicamente a las condiciones laborales dentro de la CSS. Admitió que la institución tiene problemas y comete errores, pero sostuvo que no identifica un entorno de trabajo insostenible que esté forzando a los médicos a abandonarla. Esa lectura no es compartida por representantes del gremio médico. Nicolás García, presidente de la Federación Nacional de Médicos Residentes e Internos, planteó que la CSS debe examinar por qué sus plazas no resultan suficientemente competitivas frente a la oferta privada; además del factor salarial, mencionó las condiciones de trabajo y la carga asistencial como elementos que la institución tendría pendientes de revisar.
El déficit de especialistas en la red pública no es un fenómeno nuevo en Panamá ni exclusivo de la CSS. Hospitales del interior han reportado durante años dificultades similares para retener personal médico, en un patrón de concentración de especialistas en la ciudad capital que también se observa en otros países de Centroamérica con sistemas de salud público y privado que coexisten. El propio sistema panameño reparte la atención entre la CSS, que cubre a la población asegurada, y el Ministerio de Salud, lo que fragmenta la planificación de recursos humanos y ha alimentado reclamos históricos del gremio médico, incluidas huelgas de médicos en la última década por condiciones salariales y de infraestructura.
La CSS no ha anunciado hasta el momento un cronograma concreto para reducir las 77 plazas vacantes ni ha precisado si evalúa reformar los contratos de compromiso de servicio que rigen la formación de especialistas financiada con fondos públicos. Young apuntó que la discusión sobre la duración de las residencias y la planificación de especialidades necesarias continuará en los próximos meses, aunque no ofreció plazos ni una hoja de ruta específica.
El asunto se produce en un contexto de exigencia creciente sobre la gestión de la Caja de Seguro Social, entidad que administra el sistema de pensiones y de salud de una parte mayoritaria de los panameños y que ha enfrentado en años recientes cuestionamientos sobre su sostenibilidad financiera y su capacidad operativa. La cobertura de las plazas vacantes y la eventual revisión del modelo de formación de especialistas quedan como pendientes que el gremio médico y la propia institución deberán abordar en las próximas convocatorias y en las vistas presupuestarias que la CSS sostiene cada año ante las autoridades competentes.