El hallazgo se produjo en el marco del Campo de Trabajo Arqueológico 2026, una iniciativa que organiza cada verano el Ayuntamiento de Alhama de Murcia desde el año 2000 y que este año reunió a una veintena de participantes, entre estudiantes universitarios, voluntarios llegados de distintos puntos de España y colaboradores locales. El programa, concebido originalmente como herramienta de formación práctica para futuros arqueólogos, terminó con un descubrimiento que sus propios responsables no esperaban.
El yacimiento se sitúa en un punto estratégico: controla el paso natural del corredor del Guadalentín y la rambla de Algeciras, una vía de comunicación históricamente relevante en el sureste peninsular. Esa posición explicaría, según los arqueólogos, la necesidad de levantar allí un sistema defensivo de entidad en un periodo de notable inestabilidad en el Mediterráneo, cuando distintas comunidades reforzaban sus asentamientos frente a posibles amenazas.
La construcción, de adobe, ha sido datada a finales del siglo VI antes de Cristo, es decir, hace aproximadamente 2.600 años. Lo que la distingue de otras fortificaciones protohistóricas conocidas en la península ibérica es el grosor de sus muros, que alcanza los 3,5 metros, una dimensión que según los investigadores no tiene parangón en las defensas conocidas de comunidades de esa época en el Mediterráneo occidental.
Benjamín Cutillas, codirector de la excavación y profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, señaló que «no conocemos ninguna construcción similar en el Mediterráneo occidental y únicamente encontramos paralelos en el Próximo Oriente», en referencia a estructuras localizadas en los actuales territorios de Líbano, Israel, Palestina y Jordania. La afirmación, de confirmarse con estudios posteriores, obligaría a revisar cómo circulaban las técnicas constructivas entre las distintas orillas del Mediterráneo en la Edad del Hierro.
Un equipo repartido en dos yacimientos
La dirección de la campaña ha correspondido a José Baños Serrano, director del Museo Arqueológico Los Baños de Alhama de Murcia, junto con Cutillas y Alberto López Cutillas, investigador de la Universidad de Murcia. Los tres coordinan un programa que combina la excavación con la formación universitaria y que este verano ha trabajado de forma simultánea en dos yacimientos: el Cabezo de la Fuente del Murtal y Las Paleras. Los participantes no se limitaron a extraer los restos: también asumieron tareas de documentación, registro fotográfico y catalogación de cada hallazgo, un método habitual en los campos de arqueología universitarios que busca formar a los estudiantes en el conjunto del proceso científico.
El paisaje arqueológico de la zona va más allá de esta torre. El Cabezo de la Fuente del Murtal se integra en un entorno que incluye el poblado de El Castellas, de unas 50 hectáreas de extensión, junto a los asentamientos de Castellar de Librilla y Zancarrones. Este conjunto conforma uno de los espacios protohistóricos más extensos documentados en el sureste peninsular, lo que según los investigadores refuerza el interés de la comarca para la investigación internacional sobre el primer milenio antes de Cristo.
La ausencia de fuentes escritas de la época obliga a los arqueólogos a reconstruir la organización social y militar de estas comunidades exclusivamente a través de la cultura material. En ese contexto, una fortificación de estas características aportaría indicios sobre el nivel de planificación, la capacidad de movilizar mano de obra y los posibles contactos a larga distancia de los grupos que habitaron la región hace 26 siglos.
La comparación con arquitectura defensiva del Próximo Oriente no es un asunto menor en el debate arqueológico. Durante décadas, la historiografía sobre el Mediterráneo occidental ha discutido en qué medida las técnicas constructivas, los cultos y los sistemas de organización de las poblaciones ibéricas y prerromanas se vieron influidos por el contacto con fenicios y otros pueblos orientales que se asentaron en la costa mediterránea peninsular desde el siglo VIII antes de Cristo. Un paralelo tan directo como el que apuntan los codirectores reabriría esa discusión con un caso concreto.
El precedente más cercano en la propia comarca es el poblado de El Castellas, cuyos trabajos han venido documentando desde hace años la ocupación protohistórica del corredor del Guadalentín. La incorporación de una fortificación de tipología oriental a ese mapa amplía un conjunto que los investigadores consideran ya de referencia para el estudio de la Edad del Hierro en el sureste peninsular.
La clausura de la edición de este año incluyó un homenaje a Baños Serrano por sus más de 25 años al frente de la iniciativa municipal, que desde el año 2000 ha combinado la investigación arqueológica con la divulgación y la formación de jóvenes investigadores en la Región de Murcia.
El siguiente paso, conforme al procedimiento habitual en hallazgos de esta naturaleza, pasa por la publicación de los resultados en revistas científicas especializadas y su sometimiento a la revisión por pares, trámite indispensable antes de que la comunidad arqueológica internacional pueda valorar con rigor la singularidad atribuida a la torre. Solo entonces podrá confirmarse si el paralelo con el Próximo Oriente se sostiene o si aparecen estructuras similares en otros puntos del Mediterráneo occidental aún no excavados.
Mientras tanto, el Ayuntamiento de Alhama de Murcia y las universidades participantes deberán decidir el futuro de la excavación, que podría continuar en próximas campañas de verano con el objetivo de documentar la extensión completa de la torre y su relación con el resto del asentamiento del Cabezo de la Fuente del Murtal.


