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Feijóo eleva el tono contra Montero a cuatro días del 17-M mientras las encuestas advierten de que la absoluta del PP pende de un hilo y Vox no deja de crecer

El líder del PP pide a Andalucía «darle la espalda a la ministra de los chanchullos», Abascal acusa a Moreno de pactar con el PSOE y el CENTRA confirma que el socialismo andaluz se hunde por debajo del 20% por primera vez en cuatro décadas

Por Redacción de El Hemiciclo· Sevilla / Madrid· · Actualizado:
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Feijóo eleva el tono contra Montero a cuatro días del 17-M mientras las encuestas advierten de que la absoluta del PP pende de un hilo y Vox no deja de crecer
Foto: European People's Party, CC BY 4.0

Cuatro días separan a Andalucía de unas urnas que ya no dirimen solo el gobierno de la comunidad autónoma más poblada de España, sino el equilibrio de fuerzas del centro-derecha nacional y la supervivencia del socialismo como fuerza hegemónica en su bastión histórico del sur. Alberto Núñez Feijóo convirtió ayer la ciudad de Málaga en escenario de su ataque más directo contra María Jesús Montero al calificarla de «ministra de los chanchullos», una expresión coloquial calculada para penetrar en el votante medio más que en los titulares de los editoriales. A pocas horas de distancia, Santiago Abascal disparaba contra el flanco opuesto desde Almería: «Moreno gobierna como un socialista con corbata azul y Andalucía merece algo mejor».

Los números que maneja Génova a estas alturas de la campaña son los que alimentan el insomnio de los estrategas. La media de las últimas cinco encuestas publicadas sitúa al PP de Juanma Moreno en un rango del 43 al 44 por ciento del voto, cifra que en condiciones normales garantizaría una mayoría holgada pero que, con la distribución provincial andaluza, traduce entre 54 y 56 escaños. El umbral de la mayoría absoluta se fija en 55 diputados, lo que significa que el PP se mueve en el filo de la navaja estadística. El factor que ha alterado el cálculo durante las últimas dos semanas lleva un nombre propio: Vox. La formación de Abascal ha escalado del 10,3 por ciento al 14,4 según la última oleada del CENTRA, un ascenso de cuatro puntos que coincide milimétricamente con el desgaste del techo popular.

El mecanismo de trasvase es conocido por los demóscopos pero difícil de frenar para los partidos: Vox no crece robando votantes al PSOE ni a la abstención, sino drenando al PP por su derecha en las circunscripciones medianas donde cada décima porcentual equivale a un escaño. Córdoba, Huelva y Málaga son las tres provincias donde la transferencia puede decidir el resultado final. En Córdoba, el CENTRA otorga al PP ocho escaños frente a los nueve que necesita para blindar la absoluta, mientras Vox sube de uno a dos. En Huelva, el PP pierde un diputado y Vox gana uno. En Málaga, los márgenes son tan estrechos que una variación de medio punto en la participación altera la distribución. Los equipos de análisis de los tres grandes partidos comparten un diagnóstico idéntico: el domingo no se decidirá por las grandes corrientes nacionales, sino por la movilización diferencial en estos tres territorios.

Para el PSOE, la campaña se ha convertido en un ejercicio de gestión del daño. María Jesús Montero no logra superar el 20 por ciento en ninguno de los últimos cinco sondeos publicados, lo que de confirmarse supondría el peor resultado del socialismo andaluz desde la restauración democrática.

Feijóo ha decidido explotar esa debilidad con una estrategia de tres patas: vincular a Montero con el caso Koldo, con la presión fiscal del Gobierno central y con la regularización de migrantes. Los tres temas generan rechazo transversal en el electorado de centro-derecha andaluz según los paneles cualitativos que el PP ha encargado durante la campaña. La expresión «ministra de los chanchullos» no es improvisada: aparecía en los documentos internos de la dirección de campaña como una de las cinco frases testadas en grupos focales que mayor impacto emocional generaban. El objetivo no es convencer a los indecisos sino movilizar al electorado propio que las encuestas detectan como «votante seguro pero desmotivado», un perfil que podría suponer hasta tres puntos de participación adicional si la campaña logra activarlo.

El flanco de Vox es el que más nerviosismo genera en el entorno de Moreno. Abascal ha roto explícitamente la lógica del bloque de derechas al afirmar que su partido tiene «el mandato de los andaluces para formar parte del próximo gobierno». La frase contiene una ambigüedad calculada: no aclara si ese mandato implica coalición o mera presión parlamentaria, pero establece las condiciones para una negociación postelectoral en la que Vox pretende fijar precio. El precedente de Castilla y León, donde Mañueco acaba de ser propuesto candidato a la investidura sin fecha ni pacto cerrado con Vox, demuestra que la negociación puede ser larga, tensa y políticamente costosa para un PP que necesita proyectar una imagen de moderación sin alienar a su ala derecha.

Pedro Sánchez ha decidido intervenir personalmente en la recta final. Fuentes de Moncloa confirman que el presidente tiene previsto regresar a Andalucía el sábado para un acto conjunto con Montero en La Línea de la Concepción, un bastión socialista cuya cercanía a Gibraltar y su problemática socioeconómica permiten a Sánchez concentrar en un solo discurso los temas de soberanía, empleo y Europa. La elección del enclave no es casual: La Línea es uno de los pocos municipios donde el PSOE mantiene un suelo electoral sólido, y el acto busca generar una imagen de movilización que contrarreste la narrativa de hundimiento que dominan las encuestas.

La participación se ha convertido en la variable que puede alterar todas las proyecciones. Los modelos del CENTRA establecen que si cae por debajo del 58 por ciento, el PP pierde la absoluta con una probabilidad del 78 por ciento. Si supera el 63 por ciento, la consolida con una probabilidad del 82. El rango entre ambos umbrales, apenas cinco puntos de participación, es el campo de batalla real de las últimas 96 horas de campaña. La previsión meteorológica para el domingo, con lluvias intermitentes en el valle del Guadalquivir y cielos despejados en la costa, introduce un factor exógeno que los estrategas monitorizan con la misma atención que las encuestas.

Lo que está en juego el domingo trasciende las fronteras de Andalucía con una intensidad que ningún actor político puede ignorar. Un Moreno con mayoría absoluta reforzaría a Feijóo como alternativa presidencial creíble y demostraría que el PP puede gobernar sin necesidad de Vox. Un Moreno obligado a pactar con Abascal produciría el tercer acuerdo autonómico PP-Vox tras Extremadura y Aragón, normalizando una fórmula de coalición que Feijóo ha intentado evitar a nivel nacional. Y un PSOE por debajo del 20 por ciento en su granero histórico abriría un debate interno sobre el futuro de Montero y, por extensión, sobre la arquitectura electoral que Sánchez necesita para unas hipotéticas generales que cada día parecen menos hipotéticas y más inevitables.

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