El descubrimiento se produjo bajo los suelos de un barrio residencial de la antigua Senon, un asentamiento que en origen perteneció al pueblo celta de los mediomátricos, cuya capital se ubicaba en la actual Metz. Tras la conquista de la Galia por Julio César en el siglo I antes de Cristo, aquel núcleo celta se transformó en un municipio romano próspero, con casas de piedra caliza dotadas de sistemas de calefacción por hipocausto, una tecnología que hacía circular aire caliente bajo el pavimento de las viviendas.
La primera de las tres vasijas llegó a pesar 38 kilos de monedas, el equivalente a entre 23.000 y 24.000 piezas, según ha explicado el numismático del Inrap Vincent Geneviève. Entre las tres ánforas de cerámica, el conjunto supera las 40.000 monedas de bronce, una cifra que sitúa el hallazgo entre los más voluminosos de moneda romana documentados en Francia en los últimos años, si bien su valoración definitiva dependerá del estudio que el propio instituto tiene previsto completar.
Las piezas llevan grabadas las efigies de Victorino, Tétrico I y Tétrico II, tres gobernantes del llamado Imperio Gálico, un territorio que se desgajó de la autoridad de Roma entre los años 260 y 274 después de Cristo. Aquella escisión se enmarca en la crisis del siglo III, una etapa de más de cinco décadas de inestabilidad política, presión militar en las fronteras y fragmentación territorial que puso en jaque la unidad del Imperio Romano antes de su reunificación bajo el emperador Aureliano.
La distribución y el volumen de las monedas, según los primeros indicios manejados por los arqueólogos del Inrap, no responderían al patrón típico de un tesoro escondido de forma apresurada ante una amenaza inminente, sino a una gestión monetaria organizada y sostenida en el tiempo, posiblemente vinculada a la actividad comercial o administrativa del asentamiento durante el periodo en que el Imperio Gálico mantuvo su autonomía frente a Roma.
Todo apunta a que el barrio excavado, cuyas fases constructivas más antiguas datan del siglo I después de Cristo, quedó devastado por un incendio a comienzos del siglo IV. Ese mismo periodo coincidiría con el momento en que las vasijas con las monedas quedaron enterradas bajo las viviendas, selladas por los escombros del propio siniestro, lo que habría contribuido paradójicamente a su conservación a lo largo de los siglos.
Para el equipo del Inrap, el interés del hallazgo no se limita a la cantidad de piezas recuperadas, sino a la posibilidad de estudiar de cerca cómo circulaba el dinero en un territorio que, durante varias décadas, dejó de depender directamente de Roma y desarrolló su propia estructura monetaria bajo los emperadores gálicos. Cada moneda, con la efigie de su emperador grabada, constituye una fuente primaria para reconstruir esa economía en tiempos de fractura política.
Un depósito en un territorio que se separó de Roma
El Imperio Gálico fue una escisión efímera surgida en el año 260, cuando el general Póstumo se proclamó emperador aprovechando la debilidad del poder central, asediado por incursiones germánicas y por una sucesión de usurpadores. Victorino, Tétrico I y su hijo Tétrico II figuran entre los últimos gobernantes de aquel Estado paralelo, que abarcó buena parte de las provincias occidentales antes de ser reintegrado al Imperio en 274. El estudio de sus emisiones de bronce permite a los numismáticos trazar la cronología de las devaluaciones monetarias que afectaron al metal en aquellas décadas, cuando la ley de la plata y del bronce se degradó de forma acusada.
El hallazgo se enmarca en el ámbito de la arqueología preventiva, un procedimiento regulado en Francia que obliga a realizar excavaciones previas cuando se detectan indicios de restos arqueológicos antes de acometer obras de construcción o infraestructura. El Inrap, organismo público de referencia en este campo, interviene precisamente en yacimientos como el de Senon antes de que el terreno sea alterado de forma definitiva. Este marco explica por qué muchos de estos depósitos afloran ligados a proyectos de desarrollo urbano o rural, y no a búsquedas dirigidas.
El estudio detallado de las monedas, que incluirá su catalogación individual, el análisis de las aleaciones de bronce empleadas y la datación de cada emisión, se prolongará durante los próximos meses en los laboratorios del Inrap. Los resultados de ese trabajo permitirán perfilar con mayor exactitud tanto el valor histórico del conjunto como las circunstancias que llevaron a su ocultación hace más de 1.700 años, así como el destino final de las piezas, que en el sistema francés quedan sujetas al régimen de protección del patrimonio arqueológico del Estado.


