El síndrome de Poland es una anomalía congénita poco frecuente que afecta al desarrollo muscular y óseo de un lado del cuerpo, con mayor incidencia en el tórax, el hombro y el brazo, y predominio en varones. En el caso de Aguilar, la malformación impidió el desarrollo completo de su brazo derecho desde el nacimiento. Su infancia estuvo marcada, según su propio relato recogido en una entrevista con la agencia AFP, por episodios de acoso escolar y dificultades para relacionarse con sus compañeros.
Fue en ese contexto donde el LEGO, su primer juguete, se convirtió en algo más que un pasatiempo: una vía de evasión y, con el tiempo, una herramienta de autonomía física. «LEGO fue mi primer juguete cuando era chico. Sentía que se podía construir una cantidad infinita de cosas. La imaginación era el único límite», explicó Aguilar en esa entrevista. «Durante mi adolescencia seguí jugando con los LEGO porque era una manera de salir de la realidad del bullying en la escuela; me ayudaba muchísimo a ignorar los comentarios», añadió.
Los primeros intentos de Aguilar por construir una prótesis con piezas de juguete se remontan a cuando tenía nueve años, de acuerdo con el relato difundido por la organización del récord Guinness. Fueron prototipos rudimentarios, pensados más como experimento personal que como dispositivo funcional, pero sentaron las bases de un proceso de perfeccionamiento que se extendería durante casi una década.
Del prototipo infantil al récord Guinness
El salto decisivo llegó a los 18 años, cuando Aguilar utilizó piezas de un set LEGO Technic —concretamente de un modelo de helicóptero— para desarrollar el MK-I, una prótesis mecánica accionada por sus propios músculos, sin motor ni componentes electrónicos. «Mi primer modelo no es motorizado, lo controlo con mis músculos y se vuelve un poco doloroso después de usarlo durante mucho tiempo. Lo bueno es que el MK-I es lo suficientemente fuerte como para soportar mi peso al hacer flexiones», relató el propio Aguilar.
Ese diseño, presentado en 2017, fue certificado por Guinness World Records como el primer brazo protésico funcional construido con piezas de LEGO. La entrada oficial que la organización dedica a Aguilar en su página describe una trayectoria posterior de mejora continua: a partir del MK-I desarrolló los modelos MK-II, III, IV y V, cada uno con mayor sofisticación mecánica y capacidad funcional.
El material publicado por Guinness recurre a referencias populares para describir el perfil de Aguilar, a quien se refiere también con el apodo de «Han Solo» —en alusión al personaje de Star Wars que porta una prótesis de mano— y lo presenta como «inventor, poseedor de récords y defensor de la inclusión y la innovación». «Puede que no sea un Vengador, pero David Aguilar creó una serie de prótesis de brazo de alta tecnología […] con ladrillos LEGO», señala el texto oficial. Según la propia organización, Aguilar cursa estudios de bioingeniería y aspira a «crear un mundo más amable e inclusivo, un ladrillo LEGO a la vez».
La elección de LEGO como material no es casual desde el punto de vista técnico: su sistema modular de piezas intercambiables permite ajustes rápidos de tamaño, articulación y resistencia sin necesidad de fabricación a medida, un factor especialmente relevante en el caso de niños en crecimiento, para quienes las prótesis convencionales requieren recambios costosos y frecuentes.
Un modelo accesible frente al coste de las prótesis convencionales
El caso de Aguilar se ha convertido en referencia dentro de un movimiento más amplio de prótesis de bajo coste basadas en impresión 3D o materiales accesibles, que en la última década ha ganado terreno frente al modelo tradicional de prótesis mioeléctricas, cuyo precio puede resultar prohibitivo según el grado de sofisticación. En España, el Sistema Nacional de Salud financia prótesis a través del catálogo de productos ortoprotésicos regulado por el Real Decreto 1030/2006 y sus actualizaciones posteriores, aunque las asociaciones de pacientes han denunciado reiteradamente que la financiación pública cubre solo una parte del coste de los modelos más avanzados, obligando a las familias a asumir diferencias económicas notables.
Iniciativas similares, aunque de origen distinto, se han desarrollado también en el ámbito de las prótesis impresas en 3D para niños, promovidas por organizaciones sin ánimo de lucro y comunidades de makers que comparten diseños de código abierto. El caso del joven andorrano añade a ese movimiento un componente de accesibilidad adicional: el uso de un juguete masivo y presente en millones de hogares como base de un dispositivo funcional.
La historia de Aguilar ha sido utilizada también con fines divulgativos y de sensibilización sobre el síndrome de Poland y otras malformaciones congénitas, en un contexto en el que las asociaciones de pacientes insisten en la importancia de la detección temprana y el acompañamiento psicológico durante la infancia, dado el impacto que este tipo de condiciones puede tener en la socialización escolar, tal y como reflejó el propio protagonista sobre su experiencia con el acoso.

