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Un ciervo recorre 50 km cada verano para volver a un pueblo de Zamora

Tomás, de unos 180 kilos, regresó a Linarejos seis días después de que Medio Ambiente lo trasladara a un monte público a 50 kilómetros de la pedanía.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un ciervo bautizado como Tomás por los vecinos de Linarejos, pedanía del municipio de Zamora próxima a la frontera con Portugal, ha regresado este verano de 2026 a la localidad tras ser trasladado por la Junta de Castilla y León a un monte situado a unos 50 kilómetros, según relatan los residentes.

El caso se remonta a principios del verano de 2024, cuando el ciervo apareció por primera vez en Linarejos arrastrando una lesión en una de sus patas que le dificultaba el desplazamiento. Según el relato del vecino Eloy Martín, la presencia de lobos en los montes cercanos también influyó en su decisión de acercarse al núcleo habitado: el animal tuvo que elegir entre permanecer expuesto a los depredadores en el monte o buscar refugio cerca de las personas.

Desde entonces, el patrón se ha repetido cada año. Tomás llega a Linarejos en los meses cálidos y permanece en el pueblo y sus alrededores hasta que arranca la berrea, el periodo de celo de los ciervos. Es entonces cuando el animal abandona el casco urbano para buscar hembras y no regresa hasta bien entrado el invierno, según la experiencia acumulada por los residentes en estas tres temporadas. Durante su estancia, se le ve detenerse junto a manzanos, cerezos y perales en busca de fruta que complemente la abundante hierba del entorno.

La convivencia con los habitantes de Linarejos, una pedanía que apenas reúne una quincena de vecinos y veraneantes, se sostiene sobre una familiaridad cotidiana. María José Boyano, una de las residentes, describe a Tomás como «un vecino más», aunque insiste en que debe existir respeto por ambas partes. Los vecinos advierten de que, pese a su aspecto manso y a que tolera la presencia humana, el ciervo sigue siendo un animal salvaje al que recomiendan observar desde lejos y no tocar.

La popularidad del animal terminó generando un problema de seguridad. A mediados de julio de 2026, el Servicio Territorial de Medio Ambiente decidió intervenir después de constatar que un número creciente de turistas se aproximaba al ejemplar sin medir los riesgos, con intentos de acariciarlo, tocar su cornamenta o darle de comer. El objetivo declarado, según la Junta, era evitar que la situación derivara en un accidente.

El dispositivo desplegado por los agentes medioambientales incluyó la sedación del animal para trasladarlo al monte público de El Casal, a unos 50 kilómetros de Linarejos. La medida contó con el respaldo de los propios vecinos, que entendían necesario alejar a Tomás de un flujo de visitantes cada vez menos respetuoso con la distancia de seguridad. El alejamiento, sin embargo, duró poco: apenas seis días después de la suelta, el ciervo había vuelto a aparecer en el pueblo, retomando sus rutinas por las calles como si el traslado no hubiera tenido lugar.

El episodio ilustra la fuerte querencia de la especie por su área de campeo, un comportamiento conocido en el manejo de fauna silvestre y que explica por qué los traslados de ejemplares no siempre resultan eficaces a medio plazo. La normativa autonómica en materia de fauna, gestionada en Castilla y León por la Consejería de Medio Ambiente, contempla actuaciones de manejo —capturas, sedaciones y traslados— sobre ejemplares que generan riesgo para las personas, dentro de protocolos orientados a minimizar el estrés del animal, pero sin garantía de que este no regrese a su territorio habitual, como ha demostrado el caso.

Tras el regreso, la localidad se llenó de carteles con la fotografía de Tomás y una serie de recomendaciones dirigidas a los visitantes, entre ellas observarlo a distancia prudencial y evitar acariciarlo, tocar su cornamenta o alimentarlo. Los residentes recuerdan que el animal puede reaccionar de forma imprevisible, especialmente en los meses cercanos a la berrea, cuando los machos se muestran más territoriales. La intención, señalan, es prevenir una desgracia que pudiera obligar a adoptar medidas más drásticas.

El caso no es aislado en España. Distintas comunidades autónomas han registrado episodios de fauna salvaje —jabalíes, corzos o incluso osos en zonas de montaña— que se acercan a núcleos habitados en busca de alimento o refugio, generando situaciones de convivencia y riesgo que las administraciones ambientales gestionan caso por caso, sin un protocolo único a escala nacional para animales que, como el ciervo zamorano, desarrollan un vínculo recurrente con una localidad concreta.

De cara a los próximos meses, y salvo que se produzca algún incidente que obligue a revisar la estrategia, el Servicio Territorial de Medio Ambiente mantiene la vigilancia sobre el comportamiento de los visitantes antes que sobre el propio animal. Los vecinos de Linarejos confían en que la señalización sea suficiente para evitar un accidente mientras Tomás continúa su ciclo: la marcha hacia el monte está prevista con el inicio de la berrea en las próximas semanas y un nuevo regreso, si el patrón se repite, en la primavera o el verano de 2027.

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