«Volver a los orígenes es volver a la costura», ha señalado Fernández al presentar una colección que reivindica el oficio artesanal. «Detrás de cualquier cosa que haya en el mundo de la moda, hay una máquina de coser», ha añadido. La diseñadora, que se define como «una embajadora de muchas costureras y más costurera que diseñadora», dirige una firma que hoy emplea a 147 mujeres dedicadas a confeccionar vestidos de novia.
Su formación arranca en el taller de su madre, modista, y se completa con su etapa como modelo para Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent. Esa doble experiencia, entre el trabajo manual y las grandes casas de la alta costura, explica el enfoque que ha aplicado a 'Origen', dirigido a la novia millennial que combina tejidos de toda la vida con una lectura moderna.
La colección mira a los tejidos vintage con guiños a las tendencias previstas para 2027. «En esta colección vamos a tejidos de los años 90 en donde utilizábamos mucho las bambulas o tejidos vintage que hemos creado nosotros mismos», ha explicado, en referencia a esa tela de origen natural que evita el planchado y que recupera del vestuario nupcial de hace tres décadas.
El resultado combina materiales de distintas épocas: «Es como que volvemos un poquito atrás, pero haciéndolo muy moderno con mezclas como, por ejemplo, las sedas salvajes con plumas o tejidos muy antiguos con algo muy moderno, que al final no deja de ser un poco la insignia de la casa», ha añadido.
Preguntada por los vestidos de novia de la realeza, Fernández ha marcado distancias con uno de los más fotografiados de la historia reciente. «Nunca sería un Silvia Fernández el de Lady Di», ha afirmado, mientras reivindicaba sin reservas el de Grace Kelly. El vestido que la actriz estadounidense lució al casarse con Rainiero III de Mónaco en 1956, diseñado por Helen Rose, se ha mantenido durante décadas como una de las referencias del traje nupcial contemporáneo.
«Dentro de la colección Origen hay mucha inspiración del de Grace Kelly, porque para mí fue la novia. Y aparte, Carolyn Bessette, que es a lo mejor lo contrario, también tiene un ADN muy Silvia Fernández», ha declarado la diseñadora.
La diseñadora ha extendido su defensa de la calidad textil a los vestidos de invitada, un segmento que asocia al auge de la moda de bajo coste. «Estamos normalizando el ir de invitada con marcas low cost y no invertir y, aunque en cierta manera lo entiendo, yo, como mujer, aunque no me dedicase a lo que me dedico, invertiría en cuatro o cinco vestidos muy bonitos de fiesta y preferiría repetir que no ir con tejidos que son muy plásticos, que no te dan la presencia que yo creo que sí merece el ir de invitada a una boda», ha sentenciado. Otras figuras del ecosistema del lujo también han defendido el valor de invertir frente a la producción masiva: el cantante Omar Montes reivindicó recientemente tributar en España con el argumento de que «al final haces un bien».
Fernández ha reconocido que su ascenso en el sector nupcial español ha sido más rápido de lo que imaginaba. «Cortocircuitaría si la Silvia de hoy le contase a la de 2018 lo que iba a pasar, porque nunca soñó con llegar tan alto en tan poco tiempo», ha admitido, aunque ha añadido, consciente del riesgo de sonar pretenciosa, que cree que ella y su equipo «se lo merecen».

