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Robles pide a Marruecos aclarar la crisis migratoria de Ceuta

La ministra de Defensa exige a Rabat «llegar hasta el final para saber qué ha ocurrido» tras un intento de entrada masiva con víctimas mortales

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La ministra de Defensa, Margarita Robles, reclamó a Marruecos que investigue «hasta el final» lo ocurrido durante el intento de entrada masiva de migrantes a Ceuta, un episodio saldado con varios fallecidos.

La declaración de la ministra sitúa el foco en las redes de tráfico de personas que operan en la orilla marroquí y reabre un debate recurrente en la política española desde hace más de una década: el reparto de responsabilidades entre España y Marruecos en el control de la frontera sur, uno de los puntos de paso migratorio más sensibles del continente junto con la ruta canaria y la del Mediterráneo central.

Robles exigió a Rabat que «llegue hasta el final para saber qué ha ocurrido», y responsabilizó de los fallecimientos a quienes «organizan por medio de mafias» y «engañan a personas» diciéndoles que van a entrar «irregular e ilegalmente». El tono directo hacia las autoridades marroquíes contrasta con la contención diplomática que otros miembros del Gabinete han mantenido sobre la gestión de la frontera en el lado marroquí.

Un enclave con estatuto singular y precedentes de saltos masivos

Ceuta, junto con Melilla, constituye la única frontera terrestre de la Unión Europea con el continente africano. La valla perimetral, reforzada en sucesivas ocasiones desde los años noventa, ha sido escenario de episodios similares. El precedente más grave es el de mayo de 2021, cuando miles de personas entraron a nado y por tierra en pocas horas, en el marco de una crisis diplomática abierta por la acogida sanitaria en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Aquel episodio evidenció hasta qué punto el control fronterizo marroquí puede modularse según el estado de las relaciones bilaterales.

Esa sensibilidad se explica por el giro de abril de 2022, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez modificó su posición sobre el Sáhara Occidental para respaldar el plan marroquí de autonomía, poniendo fin a la crisis abierta el año anterior. Aquel cambio, cuestionado por la oposición por haberse adoptado sin respaldo parlamentario previo, sigue siendo objeto de controversia y condiciona la lectura de cualquier declaración que pueda interpretarse como un reproche a Rabat, como la de Robles.

En el plano interno, sectores críticos del PSOE han denunciado malestar por la gestión comunicativa de la crisis y lo que describen como falta de explicaciones por parte de la dirección del partido en Ferraz. Estas voces apuntan a un contexto en el que el Ejecutivo trata de evitar que el episodio derive en un nuevo choque diplomático con Marruecos, socio clave en la contención de los flujos migratorios hacia España.

El marco jurídico y las devoluciones en caliente

La gestión de estas situaciones combina la Ley de Extranjería española, el marco europeo que rige la actuación de la agencia Frontex y los acuerdos bilaterales de repatriación con Marruecos vigentes desde comienzos de los años noventa. La calificación jurídica de las devoluciones en caliente —los rechazos en frontera— es un punto de fricción recurrente cada vez que se producen intentos de entrada masiva, cuestionado en episodios anteriores por organismos de derechos humanos del ámbito europeo. La competencia operativa sobre la frontera corresponde al Ministerio del Interior, a través de la Guardia Civil.

No consta hasta el momento un balance oficial y detallado de fallecidos y heridos, ni una cronología pública de los hechos. En episodios de este tipo, organizaciones humanitarias como CEAR o Cruz Roja, presentes en la zona, suelen reclamar la investigación independiente de las causas de las muertes y la atención a las personas afectadas, más allá de la actuación estrictamente fronteriza.

El Partido Popular y Vox han recurrido en crisis migratorias anteriores a la solicitud de comparecencias urgentes de los ministros de Interior y Exteriores en el Congreso para detallar el balance y las medidas adoptadas. No consta, por el momento, que se haya fijado fecha para una comparecencia específica sobre este episodio, ni una respuesta oficial del Gobierno marroquí sobre las circunstancias del intento de entrada.

Para Marruecos, el control de la frontera con Ceuta y Melilla se ha convertido en los últimos años en un factor de negociación con Bruselas y Madrid, aprovechando la relevancia de la cooperación marroquí en materia migratoria. Rabat recibe fondos europeos destinados a la gestión de fronteras en el marco de los sucesivos programas de la Comisión Europea, cuya aplicación ha sido objeto de escrutinio comunitario en informes previos.

La postura de Robles se produce, además, en un contexto en el que la ministra de Defensa ha sostenido en el pasado posiciones diferenciadas respecto a otros miembros del Gabinete en materias como el gasto militar y las relaciones con la OTAN, lo que refuerza la lectura de su intervención como un matiz propio dentro de la línea del Ejecutivo.

La crisis se inscribe en una dinámica migratoria estructural: España figura entre los principales puntos de entrada irregular a la Unión Europea por vía marítima, con la ruta atlántica hacia Canarias y la del Estrecho como las más transitadas. La ausencia de vías legales y seguras de migración es señalada de forma recurrente como uno de los factores que sostienen el negocio de las redes de tráfico de personas a las que apunta Robles.

En los próximos días se espera un balance más preciso de víctimas y un pronunciamiento oficial del Gobierno marroquí. La petición de la ministra de que Rabat «llegue hasta el final» abre además la incógnita de si España solicitará formalmente una investigación conjunta o si el asunto quedará, como en ocasiones anteriores, en el terreno de las gestiones diplomáticas discretas entre ambos gobiernos.

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