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Pérez-Reverte defiende «inmigrante» frente a «migrante»

El escritor y académico calificó de «gilipollez» sustituir «inmigrante» por «migrante» y recordó sus 23 años en la elaboración del diccionario.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
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El escritor Arturo Pérez-Reverte, académico de la Real Academia Española (RAE) desde 2003, se pronunció el sábado 29 de agosto de 2026 en la red social X sobre el uso creciente del término «migrante» frente a «inmigrante» y «emigrante».

El intercambio arrancó cuando un usuario planteó a Pérez-Reverte una duda que, según relató, le rondaba desde hacía tiempo: si en su etapa escolar, en los años de la EGB, se enseñaba a llamar «inmigrantes» a quienes se instalaban en otro país sin intención de regresar, y ahora ese uso parecía haber sido sustituido por «migrante» en buena parte del debate mediático y político. «¿Me enseñaron mal en el colegio o lo han cambiado?», preguntó el usuario.

La respuesta del escritor no dejó margen para la ambigüedad. «‘Inmigrante’ es el que llega y ‘emigrante’ el que se va. Utilizar ‘migrante’ en estos casos es una absoluta gilipollez», escribió en su cuenta el 29 de agosto. La frase, difundida y comentada con rapidez, resumía su posición: el idioma dispone de dos términos precisos según la dirección del movimiento migratorio, y sustituirlos por un tercero más genérico supondría, a su juicio, una pérdida de matiz innecesaria.

Lejos de suavizar el tono ante las reacciones que generó el mensaje, Pérez-Reverte volvió sobre el asunto horas después. «Lo repetiré, por si anoche no quedó claro», escribió, acompañando el comentario con la republicación de su explicación inicial. El debate tuvo una segunda derivada cuando una usuaria intentó rebatirle mostrándole la entrada correspondiente a «migrante» en el diccionario, en un intento de argumentar que el término contaba con reconocimiento oficial. «Mucho, sí. Precisamente, yo mismo trabajo desde hace 23 años en la confección de ese diccionario que usted me muestra», respondió el 30 de agosto, en referencia a su condición de académico de la RAE.

La distinción entre «inmigrante» y «emigrante» que reivindica el escritor corresponde a una diferencia clásica en español: el primer término describe a la persona desde la perspectiva del país de llegada, mientras que el segundo la describe desde la perspectiva del país de origen. Ambas voces proceden del latín «immigrare» y «emigrare», que ya distinguían el movimiento hacia dentro y hacia fuera de un territorio, y el Diccionario de la lengua española (DLE) las recoge con esa distinción semántica.

El término «migrante», por su parte, ha ganado terreno en las dos últimas décadas en el lenguaje de organismos internacionales como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), vinculada a Naciones Unidas, que lo emplea como categoría paraguas para referirse a cualquier persona que se desplaza fuera de su lugar de residencia habitual, con independencia de si el movimiento es voluntario o forzado, temporal o permanente. El uso responde a la necesidad de un término neutro que englobe situaciones diversas sin prejuzgar las causas ni la dirección del desplazamiento.

La RAE, junto con la Asociación de Academias de la Lengua Española, es responsable de la elaboración y actualización periódica del DLE, obra en la que Pérez-Reverte participa como académico desde su ingreso en la institución. El diccionario mantiene en vigor las tres voces —«inmigrante», «emigrante» y «migrante»—, de modo que la incorporación del término más general no ha supuesto la supresión ni la invalidación de los dos tradicionales que el escritor reivindica.

Un debate lingüístico con trasfondo migratorio

El intercambio se produjo en el marco de un debate público más amplio sobre la terminología empleada para describir la llegada de personas a la ciudad autónoma de Ceuta, uno de los puntos de entrada terrestre a territorio español desde el continente africano junto con Melilla. La elección de un término u otro —«inmigrante», «migrante» o «refugiado», cuando concurren motivos de protección internacional— ha sido objeto de discusión recurrente entre medios de comunicación, organizaciones humanitarias y responsables políticos, con implicaciones que trascienden lo estrictamente lingüístico.

La discrepancia refleja una tensión de fondo entre dos criterios. De un lado, el uso técnico de los organismos internacionales, que buscan categorías amplias y neutras aplicables a fenómenos globales; de otro, la defensa de distinciones semánticas tradicionales que, como recuerda el propio diccionario académico, siguen plenamente vigentes en español. El lenguaje adquiere en este terreno una carga simbólica añadida cuando se aplica a fenómenos migratorios de gran visibilidad pública.

No es la primera vez que Pérez-Reverte, autor de la serie de novelas del capitán Alatriste y una de las figuras más activas de la RAE en el debate público, protagoniza una polémica sobre el uso de la lengua en la red social, donde suma varios millones de seguidores. Desde su ingreso en la Academia, el escritor ha reivindicado en distintas ocasiones la precisión del idioma frente a lo que considera modas o eufemismos, un posicionamiento que le ha granjeado tanto adhesiones como críticas.

El episodio se inscribe además en una discusión de largo recorrido sobre el papel de la RAE ante los cambios de uso. La institución, fundada en 1713, ha defendido históricamente que su función es registrar el uso real de los hablantes más que imponerlo, criterio bajo el cual incorporó «migrante» al reconocer su extensión en el habla, sin retirar los términos previos. La polémica actual reproduce, en el ámbito de la lengua, tensiones que ya se han planteado con otras voces objeto de debate social.

Por el momento, la RAE no se ha pronunciado de forma institucional sobre el episodio, que se ha mantenido en el terreno de las intervenciones personales del académico en su cuenta particular. El diccionario académico se actualiza de forma periódica en su versión electrónica, de modo que cualquier revisión de las definiciones o la relación entre las tres voces quedaría reflejada en las próximas ediciones digitales, sin que conste que el organismo tenga previsto modificarlas a raíz de esta controversia.

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