Zweibrücken, en el estado de Renania-Palatinado, se ha convertido en un foco de atención para los servicios de conservación de la naturaleza alemanes. Según el relato de Laufer, los primeros ejemplares habrían llegado al vertedero mezclados entre los residuos depositados en 2017, probablemente procedentes de alguna región mediterránea donde la especie es autóctona. Entre ellos, sostiene el experto, viajaría al menos una hembra preñada que dio origen a la población actual. La UBZ, responsable de la gestión de las instalaciones de Mörsbach, ha activado un protocolo de aviso ciudadano por el que cualquier persona que observe un ejemplar puede notificarlo a las autoridades locales, idealmente con una fotografía que permita a los especialistas confirmar la identificación.
La culebra de cuatro rayas no es una especie exótica en el continente: está presente de forma natural en Italia, la costa occidental de los Balcanes, el oeste de Grecia y sus islas, Macedonia del Norte, Bulgaria, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Albania. Se trata, por tanto, de una especie europea, pero ajena al ecosistema alemán, donde no existían registros de poblaciones reproductoras estables antes del episodio de Zweibrücken. En su área de distribución original ocupa zonas de clima mediterráneo con abundante vegetación, muros de piedra, bosques abiertos y construcciones en desuso, y durante el invierno hiberna en madrigueras abandonadas de roedores, en grupos de entre cuatro y siete individuos.
El vertedero de Mörsbach ofrece a estos reptiles una circunstancia favorable poco habitual en latitudes tan al norte: la tela asfáltica que recubre los residuos retiene el calor con rapidez, generando microclimas cálidos que replican en cierta medida las condiciones mediterráneas a las que está adaptada la especie. Esa combinación de calor artificial y ausencia de depredadores naturales explicaría, según los técnicos, la rápida consolidación de la colonia, que ya cuenta con varios cientos de ejemplares tanto en el recinto como en sus zonas limítrofes.
Solo en lo que va de año se han recibido alrededor de 25 avisos, aunque no todos correspondían a la especie invasora. Varios resultaron ser culebras de collar, autóctona y sin capacidad venenosa, con la que a menudo se confunde. «Preferimos recibir avisos de culebras de collar antes que dejar sin registrar una serpiente de este tipo», ha señalado Laufer, que recomienda enviar una fotografía siempre que sea posible y sin poner en riesgo la seguridad.
Laufer, que lleva años dedicado a la captura de ejemplares, ha reconocido haber sufrido numerosas mordeduras en su labor, aunque insiste en que el comportamiento de la especie es defensivo. «Cuando se captura una culebra, intenta morder a quien la atrapa. Pero si las serpientes pueden huir, lo hacen. Si se las deja en paz, tampoco hacen nada», ha explicado. La culebra de cuatro rayas carece de veneno peligroso para el ser humano.
El problema, subraya el experto, no es la seguridad de las personas sino el impacto ecológico. «Las culebras de cuatro rayas son invasoras y tienen efectos negativos sobre la fauna autóctona de Alemania, por eso queremos capturarlas lo antes posible», ha afirmado. Como depredador de tamaño considerable, la especie compite por presas y microhábitats con reptiles autóctonos, principalmente lagartijas, alterando el equilibrio de una cadena trófica que no está preparada para su presencia.
Los ejemplares capturados por Laufer no son sacrificados, sino entregados a personas autorizadas que disponen de instalaciones adaptadas para su mantenimiento en cautividad, evitando así su reintroducción en el medio y la consiguiente depredación sobre fauna local. Por esta labor de contención, la organización conservacionista BUND Baden-Württemberg le concedió en 2025 el premio Gerhard Thielcke, un reconocimiento a la conservación de la naturaleza.
Desde el punto de vista biológico, la especie se identifica por cuatro franjas negras longitudinales sobre un cuerpo de tono marrón amarillento en su fase adulta, mientras que los juveniles presentan un patrón distinto, con una hilera de manchas oscuras en el dorso y marcas alternas en los laterales. El vientre es de color crema o blanquecino y unas líneas negras características parten de la zona ocular. Su tamaño habitual ronda los 180 centímetros, aunque de forma excepcional puede superar los dos metros, lo que la convierte en una de las culebras de mayor tamaño presentes en Europa. Se desconoce con precisión el tamaño de sus poblaciones en los países donde es autóctona.
Un episodio puntual, no una migración natural
El fenómeno de especies mediterráneas que amplían su rango hacia el norte de Europa no es inédito y se ha atribuido en otros casos tanto al transporte accidental ligado al comercio y la gestión de residuos como a la progresiva suavización de los inviernos. El caso alemán, sin embargo, se explicaría en origen por un episodio puntual de introducción accidental a través de residuos, más que por un desplazamiento progresivo de la especie. Las autoridades de Renania-Palatinado no han anunciado por el momento un plan de erradicación total, sino una estrategia de contención basada en la captura continuada y la vigilancia ciudadana, similar a la aplicada con otras especies invasoras en la Unión Europea.
El marco de actuación lo fija el Reglamento (UE) 1143/2014 sobre especies exóticas invasoras, que obliga a los Estados miembros a adoptar medidas de gestión cuando una especie no autóctona representa una amenaza probada para la biodiversidad local. La culebra de cuatro rayas no figura, de momento, en el listado de especies preocupantes para la Unión, lo que limita las herramientas legales disponibles a las iniciativas de ámbito regional y municipal como la de Zweibrücken.
A falta de un censo oficial más amplio, el seguimiento de la población de Mörsbach dependerá en los próximos meses de los avisos ciudadanos y del trabajo de campo de especialistas como Laufer, que ha pedido explícitamente que se notifique cualquier avistamiento, incluso ante la duda, antes que dejar sin registrar un ejemplar de la especie.


