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Los animales de compañía en España superan los 15 millones tras crecer un 14% en cinco años

El Ministerio de Derechos Sociales sitúa la cifra en 15.171.569, con Andalucía como la comunidad con más mascotas registradas.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El parque de animales de compañía en España ha crecido un 14% en el último lustro hasta superar los 15 millones de ejemplares, según el avance de la primera estadística nacional sobre protección animal elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. La cifra, calculada a partir de registros autonómicos entre 2021 y 2025, sitúa el total en 15.171.569 animales, de los que la mitad son perros y cerca de un 40% gatos.

Los datos oficiales de 2025 colocan a Andalucía como la comunidad autónoma con mayor número de mascotas, con más de tres millones de animales registrados, por delante del resto del territorio. El avance estadístico, procedente de las bases de datos autonómicas de protección animal, constituye el primer intento de cuantificar a escala estatal una población que hasta ahora se estimaba de forma fragmentaria y con metodologías dispares entre comunidades.

El censo felino ha ido acompañado de un interés creciente por entender qué factores determinan el comportamiento de los gatos domésticos. Distintas investigaciones apuntan a que la personalidad de estos animales no depende únicamente de su genética o de las experiencias vividas durante la etapa de cachorro, sino también del comportamiento habitual de las personas con las que conviven.

El veterinario Carlos Gutiérrez ha descrito este fenómeno como un «efecto espejo»: sin llegar a convertirse en una copia exacta de sus cuidadores, los gatos tienden a reflejar emociones, rutinas y dinámicas del hogar en el que viven. El propio profesional relata que comenzó a interesarse por esta cuestión al observar que su gato se mostraba más alterado —caminando de un lado a otro y en estado de alerta constante— cuando él atravesaba periodos de estrés.

Esta observación coincide con estudios de la etóloga Lauren Finka, especializada en conducta felina, que ha analizado cómo determinados rasgos psicológicos de los propietarios influyen en las respuestas emocionales y sociales de sus gatos. Según estos trabajos, las personas con mayores niveles de estrés tienden a convivir con animales más temerosos y reservados, con mayor propensión al estrés prolongado y al sobrepeso.

En el extremo opuesto, los dueños con personalidades más extrovertidas suelen tener gatos más activos, exploradores e independientes, que buscan estímulos con frecuencia y mantienen vínculos afectivos menos dependientes. Los investigadores relacionan este patrón con las costumbres familiares: las personas extrovertidas ofrecerían mayor variedad de estímulos a sus mascotas y, en algunos países, permitirían el acceso al exterior con más facilidad.

Los cuidadores con rasgos de amabilidad establecerían vínculos más seguros con sus animales, que se mostrarían más sociables, equilibrados y predecibles. La investigación también detectó correlaciones con indicadores de salud: los gatos que conviven con personas tranquilas y empáticas presentarían con mayor frecuencia un peso adecuado, mientras que el estrés elevado en los dueños se asociaría a mayor probabilidad de obesidad y problemas urinarios en los animales.

A partir de sus observaciones en la Universidad de Lincoln, Finka estableció cinco categorías de personalidad felina. El «gato humano» busca constantemente la compañía y el afecto de las personas; el «gato-gato» prefiere la interacción con otros felinos; el «gato cazador» mantiene muy desarrollado el instinto de caza y prefiere juguetes que imiten presas reales; el «gato solitario» se caracteriza por su independencia y escaso interés por las muestras de afecto; y el «gato explorador» destaca por su curiosidad y su comportamiento territorial ante personas u objetos desconocidos.

El auge de las mascotas en los hogares españoles también ha generado episodios que ilustran la relación cotidiana entre personas y animales, como el reciente caso de un conductor de la EMT de Palma que devolvió 2.800 euros olvidados en un autobús.

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