Según Gutiérrez, estos felinos participan en las rutinas cotidianas del hogar y buscan la compañía de sus cuidadores en los momentos de tranquilidad, un comportamiento que, sostiene, contradice de raíz la idea de frialdad que la cultura popular les ha atribuido durante generaciones, asociada históricamente a la superstición y la mala suerte.
El veterinario insiste en que el color del pelaje no determina por sí mismo el temperamento del animal, y que la timidez que muestran algunos ejemplares negros ante personas desconocidas o entornos nuevos «no debe interpretarse necesariamente como agresividad o falta de interés», sino como el tiempo que necesita el gato para sentirse seguro antes de relajarse.
Gutiérrez cita trabajos de la Universidad de California en Davis sobre la relación entre determinadas variantes genéticas ligadas a la pigmentación oscura y posibles rasgos de comportamiento en gatos, una línea de investigación que, según explica, no permite establecer una causalidad directa entre color y carácter.
Un estudio con 1.274 propietarios
La misma universidad publicó en la revista Anthrozoös un estudio distinto centrado en los gatos carey, calicó y tricolores, que recogió las respuestas de 1.274 propietarios. Esos ejemplares fueron descritos con mayor frecuencia como animales que podían reaccionar de forma más intensa durante el contacto físico con las personas.
«Los ejemplares carey, calicó y tricolores fueron descritos con mayor frecuencia como animales que podían reaccionar de forma más intensa durante las interacciones con las personas, especialmente en situaciones relacionadas con el contacto físico», según la investigación de la Universidad de California en Davis.
Los propios investigadores matizaron que las diferencias detectadas en gatos con patrones carey, blanco y negro, y gris y blanco eran relativamente pequeñas, y que el pelaje por sí solo no permite predecir la personalidad de un animal concreto: intervienen factores genéticos y ambientales que se entrelazan de forma compleja.
El lenguaje corporal como radar emocional
Gutiérrez detalla que la cola, las orejas y la postura general ofrecen las señales más fiables sobre el estado anímico del felino. Una cola erguida suele indicar bienestar y confianza, mientras que una posición baja o el pelo erizado señalan inseguridad o alerta; las orejas orientadas hacia delante reflejan curiosidad y relajación, y si se pegan a la cabeza pueden anunciar temor o incomodidad.
Un cuerpo suelto y unos ojos entornados, añade el veterinario, transmiten seguridad, frente a la rigidez o la tensión muscular que delatan un estado de alerta. La divulgación sobre el comportamiento animal comparte espacio estos días con otros debates de lenguaje y creencias, como el que zanjó la RAE al declarar que «imprimido» e «impreso» son ambos participios válidos.
«Basta ya de mitos. Los gatos negros también merecen una oportunidad y un hogar», concluye Gutiérrez, quien anima a quienes conviven con estos animales a compartir su experiencia para normalizar su adopción.

