El acercamiento con Washington ocupó buena parte de la intervención, que se produjo tras un encuentro bilateral la noche del martes en el marco de la 81 Asamblea General de Naciones Unidas. La mandataria encargada aseguró que ambos gobiernos avanzan en un diálogo orientado a resolver diferencias y a normalizar la cooperación en varios frentes.
"Quiero en esta 81 Asamblea General de la ONU agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela", afirmó Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela.
Según explicó, la nueva etapa bilateral contempla cuatro frentes: relacionamiento energético, promoción de seguridad, lucha contra el crimen transnacional y cooperación económica. Ninguno de esos puntos fue desarrollado con detalles operativos en su discurso, que se concentró en fijar el tono político del reacercamiento más que en anunciar acuerdos concretos.
Terremoto de junio como punto de inflexión
La mandataria situó el origen de la etapa que describió bajo el lema "Venezuela renace" en el doble sismo que sacudió al país el pasado 24 de junio y que, según cifras que ella misma citó, dejó más de 6.000 muertos en todo el territorio venezolano. Rodríguez enlazó esa tragedia natural con la crisis política interna como los dos acontecimientos que, a su juicio, definen el momento actual del país.
La promesa electoral fue el segundo eje central del discurso. "Quiero ser muy clara. En Venezuela habrá elecciones", afirmó ante los representantes de los Estados miembros, aunque no ofreció calendario ni mecanismo de convocatoria. Añadió que existe ya un diálogo con sectores de la oposición venezolana para avanzar hacia condiciones de participación equitativas.
"Venezuela garantizará condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país", sostuvo Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela.
La funcionaria defendió, además, una tesis sobre la naturaleza de la democracia que buscó desligar el concepto de la sola celebración de comicios. "La democracia no se mide por la existencia de elecciones, sino por la calidad de la competencia que las precede", afirmó, en un argumento dirigido tanto a la comunidad internacional como a los sectores opositores que han cuestionado la legitimidad de procesos electorales previos en el país.
La tesis contrasta con el antecedente inmediato: en las presidenciales del 28 de julio de 2024, el Consejo Nacional Electoral proclamó ganador a Nicolás Maduro sin publicar las actas de escrutinio, un resultado que la oposición liderada por María Corina Machado y Edmundo González rechazó y que varios gobiernos de la región no reconocieron. Ese episodio marca el telón de fondo del proceso que Rodríguez presentó como "transformación democrática".
Reclamo de soberanía y rechazo a la injerencia
Rodríguez reservó otro tramo de su intervención para pedir respaldo internacional a lo que llamó el proceso de reconstrucción venezolano, con un llamado explícito a que otros países se abstengan de intervenir en los asuntos internos. "Venezuela quiere respirar libre, ejercer sus derechos como Nación soberana, sin ningún tipo de intromisión", declaró ante el pleno de la Asamblea General.
El discurso llega en un momento en que el expediente venezolano vuelve a la agenda regional por vías paralelas a la diplomática. Esta misma semana, EE. UU. revocó las visas de los excongresistas colombianos Andrés Calle y Eduardo Pulgar, un episodio que ilustra el uso de sanciones migratorias como instrumento de presión de Washington sobre actores vinculados a Venezuela y su entorno. En paralelo, una corte federal estadounidense lleva el caso de Alex Saab, señalado como testaferro de Maduro, cuya situación judicial ha sido durante años uno de los puntos de fricción entre Caracas y Washington.
Ese contraste —el gesto de acercamiento en Nueva York frente a la presión sancionatoria que EE. UU. mantiene sobre figuras del entorno chavista y su periferia regional— retrata la ambigüedad de la relación bilateral que Rodríguez presentó como en vías de normalización. La propia mandataria reconoció esa tensión al insistir en que las diferencias entre ambos gobiernos se dirimen "a través del diálogo", una formulación que evita precisar el estado real de las sanciones petroleras y financieras que EE. UU. mantiene contra Caracas desde hace años.
El terremoto de junio y la crisis política interna no fueron los únicos asuntos que Rodríguez mencionó en Nueva York. La disputa por el Esequibo, el territorio en reclamación con Guyana que ha escalado en los últimos años, también apareció en su intervención, aunque sin el desarrollo que sí tuvieron los anuncios sobre elecciones y la relación con Washington.
Mensaje a la diáspora venezolana
La parte final de la intervención estuvo dirigida a los millones de venezolanos que han emigrado en la última década, uno de los mayores desplazamientos poblacionales de América Latina. "A los jóvenes les digo que vale la pena creer de nuevo. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar, y no solamente aquel del que muchos quisieron huir", afirmó la mandataria.
Rodríguez cerró su discurso presentando su rol al frente del gobierno venezolano como una etapa de tránsito hacia lo que llamó una "democracia plena", sin que ese concepto fuera acompañado de plazos verificables ni de un mecanismo institucional descrito con precisión ante el pleno.
"Vengo a asumir, hacia adelante, una responsabilidad histórica: la de conducir a Venezuela desde una etapa de incertidumbre y conflicto hacia una etapa de democracia plena", aseguró Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela.
