Que la especie críe tan al norte indica, según la MBA, que el fenómeno se ha vuelto autosostenible en latitudes que hasta ahora el frío mantenía fuera de su alcance. El hallazgo altera un equilibrio que las flotas escocesas daban por estable. Escocia cuenta con un pulpo autóctono, el pulpo blanco o cabezón (Eledone cirrhosa), una especie pequeña de aguas profundas y frías que convive sin fricción con la pesca de crustáceos.
El protagonista de la plaga actual es otro animal: el pulpo común, propio de aguas templadas como el Mediterráneo o el Atlántico sur, de mayor tamaño, más voraz y con una capacidad de aprendizaje muy superior a la de su pariente local. Esa diferencia de comportamiento explica buena parte del daño que sufre ahora la pesca de marisco.
La MBA ha documentado únicamente cuatro grandes explosiones demográficas de Octopus vulgaris en 125 años de registros: 1899-1900, 1932-1933, 1950-1951 y la actual, iniciada en 2025 y acelerada de forma drástica durante 2026. En los tres episodios anteriores la especie se concentró en el canal de la Mancha y el sur de Inglaterra sin lograr nunca remontar hacia el norte, porque las aguas escocesas funcionaban como una barrera térmica que el animal no podía cruzar.
Esa barrera ha desaparecido este año por primera vez en el registro biológico. Las olas de calor marinas de los dos últimos años elevaron la temperatura del agua hasta 4 grados por encima de la media histórica, un umbral que, según la MBA, resultó suficiente para que el pulpo común colonizara latitudes que hasta ahora el frío le vetaba. El fenómeno coincide con episodios de calentamiento oceánico que en años recientes han alterado la distribución de especies en el Atlántico norte.
Capturas hundidas entre el 30% y el 50%
El impacto recae sobre todo en las flotas artesanales que faenan con nasas o creels, dependientes del cangrejo, la langosta y el bogavante, presas favoritas del pulpo común. Los pescadores registran caídas de entre el 30% y el 50% en sus capturas habituales, y algunos barcos reportan que hasta el 90% de sus trampas aparecen con solo pulpos o restos de caparazones vacíos: el animal entra atraído por el marisco ya capturado y lo devora antes de que la tripulación pueda izar la red.
El marisco que sobrevive suele llegar a puerto con pinzas rotas o daños severos, lo que lleva a las lonjas escocesas a rechazarlo o comprarlo muy por debajo de su precio habitual. A esa merma de ingresos se suma un gasto constante en reparación de trampas, mallas y cabos, materiales que el pulpo destroza sistemáticamente al alimentarse dentro de las nasas.
La combinación de ingresos menores y costes crecientes ha empujado ya a varios operadores de pequeña escala a la quiebra o a la venta de sus embarcaciones. En el extremo opuesto, los barcos medianos y grandes se reconvierten con éxito hacia la captura directa de pulpo para exportarlo a mercados como el español, donde el cefalópodo tiene una demanda consolidada y un precio muy superior al del marisco tradicional escocés.
La Scottish Fishermen's Federation, junto con grupos locales de mariscadores, presiona al Ejecutivo escocés para reorientar el Marine Fund Scotland hacia líneas de subvención rápidas que financien la reconversión tecnológica de los pequeños barcos, de modo que puedan almacenar y comercializar pulpo en lugar de crustáceos, además de subsidios para reponer el material destrozado por la plaga.
El sector reclama también licencias temporales de emergencia que permitan desembarcar y vender pulpo sin las penalizaciones administrativas habituales, y una revisión del reparto de los fondos pesqueros del Reino Unido, que considera insuficiente frente al impacto registrado en aguas escocesas. Las flotas piden además integrarse en el Octopus Management Group de la Marine Management Organisation, con un esquema de subsidios por pérdida de actividad para los días en que la densidad de pulpos haga inviable faenar, y mapas de calor biológico que permitan esquivar las zonas de mayor concentración.
La reordenación de especies asociada al calentamiento del mar no es exclusiva de las costas británicas. El desplazamiento de poblaciones como el bacalao o la caballa hacia aguas más frías del Atlántico norte ha obligado en la última década a varias flotas costeras europeas a adaptar sus artes de pesca o sus capturas objetivo, en una dinámica que el episodio escocés reproduce ahora con el pulpo común.
El propio marco pesquero británico refleja esa presión: la creación del Octopus Management Group dentro de la Marine Management Organisation responde a la necesidad de ordenar una especie que hasta hace pocos años apenas figuraba en las estadísticas de captura del sur de Inglaterra y que ahora condiciona la actividad de comunidades pesqueras enteras.
Por ahora la respuesta institucional se limita a las peticiones planteadas por el sector, sin que conste todavía una decisión formal del gobierno escocés sobre la reorientación del Marine Fund Scotland ni sobre las licencias de emergencia reclamadas por los pescadores.


