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Japón censura la visita de Putin a las Kuriles como «inaceptable»

La primera ministra japonesa considera el viaje «absolutamente inaceptable» y Exteriores presenta una protesta formal ante Moscú por el archipiélago en disputa

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Imagen de El Hemiciclo para «Japón censura la visita de Putin a las Kuriles como "inaceptable"»
Foto: Kremlin.ru, CC BY 4.0

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha visitado esta semana el archipiélago de las Kuriles, un conjunto de islas del Pacífico norte que Japón reclama desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en un desplazamiento que Tokio ha calificado de «absolutamente inaceptable». El Gobierno japonés, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, presentó una protesta formal ante Moscú al considerar el viaje «incompatible» con la posición oficial del país sobre la soberanía del territorio.

La reacción del Ejecutivo japonés fue inmediata. La primera ministra tachó el viaje de "absolutamente inaceptable", según el material difundido, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores canalizó una protesta diplomática formal ante las autoridades rusas por entender que la visita resulta "incompatible" con la postura sostenida por Tokio respecto a la soberanía sobre las islas.

El litigio sobre las Kuriles del Sur —denominadas por Japón Territorios del Norte— es la principal fuente de fricción bilateral desde 1945. Las islas, situadas entre la península rusa de Kamchatka y la isla japonesa de Hokkaido, fueron ocupadas por la Unión Soviética en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Japón reclama la soberanía de cuatro de ellas y sostiene que su ocupación carece de base legal, mientras Rusia las administra como parte de su territorio y las incorpora a su estructura administrativa regional.

Por parte rusa, la posición histórica de Moscú ha sido que la soberanía sobre el archipiélago quedó consolidada como resultado de la Segunda Guerra Mundial y no es objeto de negociación. Las visitas de altos cargos rusos a las islas se han interpretado tradicionalmente por Tokio como gestos de afirmación de esa soberanía, y han provocado protestas diplomáticas equivalentes a la registrada en esta ocasión.

Un contencioso que impide un tratado de paz

La disputa territorial tiene una consecuencia jurídica de primer orden: Rusia y Japón nunca han firmado un tratado de paz que ponga fin formalmente al estado de guerra derivado del conflicto mundial. La Declaración Conjunta de 1956 restableció las relaciones diplomáticas entre Tokio y la entonces Unión Soviética y contempló la eventual devolución de dos de las islas menores tras la firma de un tratado de paz que, siete décadas después, sigue sin materializarse.

Los intentos de aproximación se han sucedido a lo largo de las últimas décadas sin resultado definitivo. En 2018 y 2019, los entonces líderes de ambos países mantuvieron una intensa ronda de contactos para desbloquear la cuestión sobre la base de aquella declaración de 1956, negociaciones que finalmente no fructificaron. La invasión rusa de Ucrania iniciada en 2022 congeló cualquier avance: Japón se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú y las relaciones bilaterales entraron en una fase de máxima tensión.

La visita a las Kuriles se enmarca en ese deterioro sostenido de los vínculos entre ambas capitales. Tokio ha reforzado en los últimos años su alineamiento con Estados Unidos y sus socios occidentales, mientras Moscú ha estrechado su cooperación con China y ha intensificado su actividad en el Pacífico norte, una zona de creciente relevancia estratégica y militar.

En el terreno de la seguridad, Japón ha expresado preocupación por la actividad de inteligencia rusa en su territorio, un factor que ha impulsado el debate interno sobre el refuerzo de sus capacidades de contrainteligencia y la búsqueda de una mayor cooperación con sus socios en este ámbito, según se desprende del contexto informativo.

Qué mecanismos quedan abiertos

La protesta formal presentada por el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés es el instrumento diplomático habitual ante lo que Tokio considera una vulneración de su posición sobre el territorio en disputa. Este tipo de gestiones se traslada por la vía de la representación diplomática y expresa el desacuerdo del Estado sin alterar por sí mismo la situación sobre el terreno.

A corto plazo, no se prevé un cambio en la administración efectiva de las islas, que permanecen bajo control ruso. El desbloqueo de la disputa territorial y la firma de un tratado de paz continúan condicionados a la evolución del conflicto en Ucrania y al estado general de las relaciones entre Moscú y Tokio, sin que existan por ahora canales de negociación activos sobre la cuestión.

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