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La crisis del compromiso sentimental: una psicóloga describe el perfil del hombre que huye de los vínculos

Isabel Rojas Estapé identifica un patrón conductual en hombres de 30 a 45 años que combina madurez profesional con bloqueo emocional ante la pareja.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La psicóloga y periodista Isabel Rojas Estapé, en una entrevista reciente para el pódcast 'ZZEN', ha descrito con detalle clínico un fenómeno que asegura ver con creciente frecuencia en su consulta: hombres de entre 30 y 45 años, socialmente integrados y con carreras consolidadas, que experimentan un bloqueo sistemático ante el compromiso afectivo.

El diagnóstico: un acrónimo para un patrón reconocible

Rojas Estapé utiliza el término 'SIMON' como acrónimo descriptivo, no como categoría clínica reconocida en los manuales diagnósticos internacionales —ni el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría ni la CIE-11 de la OMS incluyen esta denominación—. Las iniciales corresponden, según la propia psicóloga, a soltero, inmaduro emocional, materialista, obsesionado con el trabajo y el éxito, y narcisista. La precisión importa: se trata de una construcción divulgativa, útil para la comunicación pública, pero que no equivale a un diagnóstico psicopatológico formal.

El perfil que traza la experta no es el del individuo marginal ni el del fracasado social. Al contrario: describe a alguien con empleo estable o de alta cualificación, relaciones familiares y de amistad sólidas, hábitos de autocuidado y participación activa en su entorno. Lo que distingue a este perfil, según Rojas Estapé, es la disociación entre esa competencia vital generalizada y la incapacidad para trasladarla al terreno de la intimidad sostenida. En su propia formulación: «sienten pánico a la hora de entrar en una relación, tienen terror a comprometerse».

El caso clínico que ilustra la cuestión

Para concretar el argumento, la psicóloga relata un caso atendido en su consulta. Una mujer de 40 años acudía por motivos profesionales y, en el transcurso del tratamiento, describió una relación de siete años con un hombre de 43 que rechazaba sistemáticamente cualquier paso hacia la convivencia o el matrimonio. Cuando Rojas Estapé vio al hombre en consulta, su respuesta ante la pregunta sobre el futuro conjunto fue que «no se quería precipitar». La observación de la terapeuta fue directa: siete años de relación a esa edad difícilmente caben bajo el paraguas de la prudencia.

Este tipo de casuística conecta con fenómenos que la propia experta lleva tiempo estudiando, como el 'ghosting' —la desaparición repentina y sin explicación de una persona con quien se mantenía contacto— y el 'orbiting', que consiste en mantener una presencia digital mínima pero constante sobre alguien a quien se ha dejado de ver. Ambas conductas, señala, «son cada vez más impresionantes» en frecuencia e intensidad. Aunque carecen aún de estadísticas nacionales sistematizadas, diversas encuestas de plataformas de citas como Hinge o Bumble, realizadas en mercados europeos durante 2022 y 2023, apuntaban a que más del 60% de sus usuarios habían experimentado alguna forma de ghosting.

La dimensión de género y sus matices

Rojas Estapé vincula la crisis del compromiso de forma específica al género masculino, aunque añade que «cada vez hay más mujeres» en el perfil SIMON. Su llamamiento explícito a los hombres —«que den la cara, que si una chica no les gusta se lo digan, que no desaparezcan»— ha generado tanto adhesión como crítica en el debate público. Desde perspectivas feministas se señala que la atribución de la crisis del vínculo al comportamiento masculino puede obviar dinámicas estructurales más complejas, como la precariedad económica que dificulta la emancipación o la presión social que históricamente ha recaído sobre las mujeres para consolidar relaciones.

La cuestión de la asimetría de los tiempos biológicos, a la que alude la psicóloga —«vosotros no tenéis tiempos, podéis tener hijos cuando queráis»—, tiene reflejo en datos demográficos concretos. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media a la que los hombres en España tienen su primer hijo se situaba en 2022 en torno a los 35,9 años, frente a los 32,6 de las mujeres. La brecha se ha ampliado respecto a los datos de 2000, cuando ambas cifras se aproximaban más entre sí. Este diferencial tiene consecuencias directas sobre las expectativas y los ritmos dentro de la pareja.

El trasfondo sociológico: individualismo, digitalización y mercado afectivo

Más allá del perfil individual, el fenómeno que describe Rojas Estapé se inscribe en una transformación sociológica de mayor calado. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman acuñó hace más de dos décadas el concepto de 'amor líquido' para referirse al debilitamiento de los vínculos duraderos en sociedades caracterizadas por la flexibilidad, la movilidad y el consumo. Aunque la categoría es ya clásica en la literatura académica, su vigencia se renueva con la irrupción de las aplicaciones de citas, que han modificado de forma estructural el mercado afectivo.

Según datos de la consultora Statista, en 2023 aproximadamente el 39% de las parejas en España que se habían formado recientemente se habían conocido a través de plataformas digitales. Esta cifra, que a principios de los años 2000 era estadísticamente marginal, refleja un cambio en la arquitectura del encuentro amoroso: mayor oferta percibida, menor coste de ruptura y un formato que favorece la evaluación simultánea de múltiples opciones. Los psicólogos conductuales denominan a este efecto 'paradoja de la elección', un concepto desarrollado por Barry Schwartz en 2004: cuantas más opciones disponibles, mayor dificultad para decidirse por una y mayor insatisfacción posterior.

El papel de las dinámicas familiares tempranas

Rojas Estapé introduce un elemento adicional al analizar el origen del síndrome: la relación con la figura materna. Describe el caso del hijo criado en un entorno de hiperprotección o de exigencia emocional intensa, que interioriza el hogar familiar como un espacio insuperable de confort. «Mi madre me lo hace todo, me quiere, nadie me trata como ella», reproduce como arquetipo del razonamiento subyacente. Y advierte a las madres que sitúan al hijo varón en un pedestal: «luego les cuesta dar ese paso en la vida».

Esta línea interpretativa conecta con la teoría del apego formulada por el psiquiatra británico John Bowlby en la segunda mitad del siglo XX y desarrollada posteriormente por Mary Ainsworth. Según este marco teórico, los patrones de vinculación en la infancia —seguro, ansioso o evitativo— condicionan de forma significativa la capacidad de establecer relaciones íntimas en la edad adulta. El apego evitativo, en particular, se caracteriza precisamente por la incomodidad ante la proximidad emocional y la tendencia a priorizar la autonomía sobre la interdependencia.

Nupcialidad y demografía: los datos del declive del vínculo formal

El fenómeno que describe la psicóloga tiene correlato estadístico en la evolución de los indicadores de nupcialidad y convivencia en España. Según el INE, el número de matrimonios celebrados en 2022 fue de 171.147, frente a los 216.451 de 2007, antes del inicio de la crisis financiera. La tendencia descendente no es exclusivamente española: Eurostat registra una caída sostenida de la tasa bruta de nupcialidad en toda la Unión Europea durante las últimas dos décadas, con la media comunitaria pasando de 5,1 matrimonios por cada mil habitantes en 2000 a aproximadamente 3,5 en 2021.

Paralelamente, la edad media al primer matrimonio en España alcanzó en 2022 los 36,7 años en hombres y los 34,1 en mujeres, según el mismo organismo, lo que supone un retraso de casi una década respecto a los datos de 1980. El auge de las parejas de hecho —cuyo registro ha crecido de forma sostenida, aunque la estadística es fragmentaria al depender de los registros autonómicos— y la normalización de la convivencia sin formalización legal completan el cuadro. No todos estos cambios responden a bloqueos emocionales: la precariedad laboral juvenil, el precio de la vivienda y la transformación de los roles de género son variables concurrentes que cualquier análisis riguroso debe incorporar.

Qué viene después: debate clínico, político y cultural

El acrónimo SIMON y el debate que ha suscitado la entrevista de Rojas Estapé se enmarcan en una conversación pública más amplia sobre salud mental, masculinidades y modelos de relación que tiene presencia creciente en medios, redes sociales y también en el ámbito institucional. El Plan de Salud Mental 2022-2024 del Ministerio de Sanidad incluye entre sus objetivos la atención a la soledad no deseada y al bienestar emocional como factores de salud pública, aunque sin desarrollar líneas específicas sobre vínculos sentimentales.

En los próximos meses, el debate previsiblemente continuará en torno a dos ejes: el científico —la comunidad psicológica deberá pronunciarse sobre la utilidad y los límites de categorizaciones divulgativas como SIMON, que pueden orientar la conversación pública pero también simplificar fenómenos multicausales— y el político-cultural, donde la cuestión del compromiso masculino se cruza inevitablemente con los debates sobre igualdad, corresponsabilidad y modelos familiares. Lo que los datos demográficos no dejan en suspenso es la tendencia: España envejece, los vínculos formales se retrasan y la soledad de las personas adultas en edad fértil es ya una variable con impacto directo en la natalidad, la salud pública y la cohesión social.

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