La consellera Parlon ha evitado despejar las incógnitas sobre el nombre de la persona elegida. En una entrevista concedida a la agencia Efe, aseguró que el proceso se desarrollará con «cierta naturalidad y cierta tranquilidad», sin confirmar las informaciones que apuntan a que la sustituta podría ser una mujer, algo que no ha ocurrido en la historia del cuerpo. Fuentes del departamento sostienen que la designación «está atada» y que se formalizará en las próximas semanas, aunque no han precisado fecha ni nombre.
La jubilación de Esquius no es un trámite menor: se trata de la máxima jefatura operativa del cuerpo, la figura que reporta directamente al director general y que coordina el día a día de los Mossos, cuerpo de policía integral de Cataluña con competencias plenas desde el traspaso de la seguridad ciudadana culminado en 2008. Su estructura de mando, relativamente reducida en comparación con otros cuerpos policiales del Estado, ha propiciado históricamente que los cambios en su cúpula generen reacomodos internos notables.
Un relevo condicionado por las fricciones de primavera
El nombramiento se produce en un contexto de fricciones que se remontan a la primavera de este año, cuando una acumulación de controversias puso el foco sobre la relación entre Parlon y Trapero, las dos figuras que deben consensuar ahora el relevo. Entre los episodios que tensionaron el departamento figuran las polémicas por presuntas infiltraciones policiales, un asunto que ha situado a Interior en el centro del debate político catalán.
Trapero es una figura de perfil público elevado desde los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017, cuando ejercía como mayor del cuerpo y se convirtió en rostro visible de la gestión policial de aquella crisis. Su trayectoria posterior estuvo marcada por su salida de la jefatura tras el 1 de octubre de 2017, en el contexto de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y por su posterior reincorporación a la primera línea de la dirección de los Mossos.
El marco normativo que rige estos nombramientos se encuentra en la Ley 10/1994, de la Policía de la Generalitat-Mossos d'Esquadra, y en su desarrollo reglamentario, que establece que la consellera de Interior propone y el Govern formaliza el nombramiento de los altos cargos del cuerpo mediante decreto. En la práctica, la costumbre institucional exige el consenso previo con la dirección general, dado que es esta la que gestiona el día a día operativo y conoce en detalle las trayectorias de los mandos intermedios que podrían optar al cargo.
La jubilación de Esquius se enmarca en el régimen de edad de retiro aplicable a los mandos policiales. Su relevo pone a prueba la capacidad de entendimiento entre la consellera y quien es considerado su mano derecha en materia de seguridad, una relación que quedó en entredicho durante los meses de crisis internas.
La composición interna de los Mossos ha estado tradicionalmente marcada por lo que dentro del cuerpo se conoce como distintas «familias» o sensibilidades corporativas, herencia de las sucesivas generaciones de mandos incorporados desde la creación del cuerpo autonómico en su configuración moderna. Estos equilibrios, según fuentes conocedoras del funcionamiento del departamento, condicionan cualquier nombramiento de calado, puesto que un relevo mal gestionado puede reabrir rencillas latentes entre promociones distintas.
No es la primera vez que un cambio en la cúpula de los Mossos genera expectación política. La propia salida de Trapero de la jefatura policial en 2017 y los relevos posteriores bajo distintos gobiernos autonómicos ilustran hasta qué punto la dirección del cuerpo ha estado sujeta a los vaivenes de la política catalana y a la relación, no siempre fluida, entre el poder político y el mando operativo.
Desde la oposición en el Parlament, distintos grupos han reclamado en los últimos meses mayor transparencia sobre los criterios de selección de altos mandos policiales y sobre el seguimiento de las polémicas por infiltraciones, aunque hasta la fecha no se ha producido una comparecencia específica de Parlon dedicada al relevo de Esquius. El departamento de Interior no ha facilitado, por el momento, un calendario detallado ni una lista de candidatos, y se ha limitado a las declaraciones de la consellera sobre el carácter «tranquilo» del proceso.
El nombramiento del nuevo comisario jefe deberá formalizarse previsiblemente antes de la fecha efectiva de jubilación de Esquius en octubre, lo que deja a Interior un margen de semanas para cerrar los detalles del relevo. A partir de ahí, la incógnita se traslada a si el nuevo mando logrará recomponer la cohesión interna del cuerpo y disipar las tensiones que han marcado la relación entre la cúpula política y la policial, así como a si se confirma o no la designación de la primera mujer al frente de la jefatura operativa de los Mossos d'Esquadra.


