El vuelo desde la base aérea de Gando, en Gran Canaria, ha durado tres horas y cuarenta minutos, treinta minutos más de lo habitual para un C-295 en esa ruta. La razón del retraso ha sido doble: por un lado, el avión ha volado a una altitud inferior a la normal — 6.000 metros frente a los 7.500 habituales — para mantener una presión cabina más estable y evitar complicaciones respiratorias en los pasajeros que presentaban síntomas. Por otro, el equipo médico a bordo ha tenido que realizar una parada técnica de veinte minutos en vuelo para administrar tratamiento intravenoso a una pasajera de sesenta y tres años que ha experimentado un episodio de hipotensión arterial a mitad del trayecto.
En la base de Torrejón, el dispositivo de recepción era el más complejo que se ha montado para una evacuación sanitaria desde la repatriación de cooperantes durante la crisis del ébola en 2014. Un equipo de veintitrés profesionales sanitarios — seis médicos especialistas en enfermedades infecciosas, cuatro enfermeros de cuidados intensivos, ocho técnicos de emergencias y cinco especialistas en descontaminación — esperaba en la pista con tres ambulancias medicalizadas y un autobús adaptado con compartimentos individuales sellados. Los protocolos de aislamiento nivel 3, los mismos que se aplican para enfermedades como el ébola o la peste neumónica, exigen que todo el personal de contacto lleve trajes de protección integral con respiradores autónomos, lo que convierte cada movimiento en una operación lenta y meticulosa.
Los catorce españoles han sido trasladados en convoy desde Torrejón hasta el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, un recorrido de diecisiete kilómetros que ha llevado cuarenta y cinco minutos debido a las precauciones de seguridad. El hospital, que cuenta con la unidad de aislamiento de alto nivel más avanzada del sistema sanitario militar español, ha activado su protocolo de emergencia biológica por primera vez desde la pandemia de COVID-19. La planta séptima del ala norte, con capacidad para veinte camas en habitaciones individuales con presión negativa, ha sido enteramente dedicada a los pasajeros del Hondius.
La evaluación médica matutina, que ha comenzado a las siete de la mañana, ha revelado que tres de los catorce pasajeros presentan fiebre superior a 38 grados centígrados. Se trata de dos mujeres de 58 y 71 años y un hombre de 44, todos ellos procedentes del mismo camarote del puente 4 del crucero, donde se concentraron la mayoría de los casos positivos a bordo. Los tres están siendo sometidos a pruebas PCR específicas para hantavirus cepa Andes, cuyos resultados se esperan para las catorce horas. El resto de los pasajeros presenta síntomas compatibles con el estrés postraumático del confinamiento — insomnio, ansiedad, pérdida de apetito — pero no signos de infección activa.
Mientras Madrid recibía a los catorce españoles, en el puerto de Granadilla la situación del crucero Hondius permanecía estable pero lejos de estar resuelta. El buque, con 289 personas a bordo entre pasajeros y tripulación, permanece fondeado a ochocientos metros del muelle bajo una cuarentena de cuarenta y cinco días decretada por el presidente canario Fernando Clavijo. El cierre perimetral se ha ampliado a todo el municipio de Granadilla de Abona, donde las fuerzas de seguridad controlan el acceso mediante tres puntos de verificación las veinticuatro horas del día. La decisión ha generado malestar entre los residentes y los empresarios turísticos de la zona, que ven cómo sus negocios se paralizan en plena temporada alta.
El balance epidemiológico del brote se mantiene en trece casos confirmados y tres fallecidos, lo que arroja una tasa de mortalidad del 13,8% para esta cepa Andes modificada. La OMS, que ha mantenido su nivel de alerta como alto para puertos europeos, ha enviado un equipo de cuatro epidemiólogos a Tenerife que llegará mañana jueves para evaluar sobre el terreno las medidas de contención. La principal preocupación de la organización internacional es la confirmación de transmisión persona a persona de esta cepa, algo que las variantes clásicas de hantavirus Andes no presentaban con frecuencia y que convierte al Hondius en un caso de estudio epidemiológico de primer orden.
El decimotercer caso, confirmado anoche a las 21:30, es un tripulante filipino de veintinueve años que trabajaba como camarero en el restaurante principal del crucero. Su contagio es significativo por dos razones: es el primer caso entre la tripulación del área de restauración, lo que sugiere que el virus ha saltado del puente 4 — donde se concentraron los casos iniciales — a otras zonas del barco; y presenta síntomas de dificultad respiratoria grave que han requerido su traslado a la UCI improvisada en la enfermería del buque. Si el tripulante empeora, la naviera tendrá que solicitar su evacuación médica a un hospital terrestre, lo que abrirá un nuevo debate sobre la capacidad del sistema sanitario canario para gestionar el brote.
La gestión del Hondius se ha convertido en un test de estrés para la coordinación entre administraciones en España. El Gobierno central, a través del Ministerio de Sanidad, ha asumido la coordinación general del protocolo sanitario. El Gobierno canario gestiona la cuarentena y el cierre perimetral. El Ministerio de Defensa ha proporcionado el avión para la evacuación y el hospital militar para el aislamiento. Y el Ayuntamiento de Granadilla lidia con las consecuencias económicas del cierre. Cuatro administraciones, cuatro intereses y un virus que no entiende de competencias territoriales. La coordinación, hasta ahora, ha funcionado razonablemente bien, pero los expertos advierten de que el verdadero test llegará si los casos se multiplican y los recursos se tensan.
Para los catorce españoles ahora hospitalizados en el Gómez Ulla, la evacuación ha sido el final de una pesadilla que comenzó hace diez días, cuando la naviera comunicó los primeros casos sospechosos a bordo. Varios de ellos han relatado a los sanitarios escenas de pánico contenido en los camarotes, noches sin dormir escuchando el traqueteo del sistema de ventilación que temían estuviera distribuyendo el virus por todo el barco, y una sensación de abandono alimentada por la falta de información oficial durante las primeras setenta y dos horas. Sus testimonios, que los servicios de salud mental del Gómez Ulla comenzarán a recoger formalmente esta tarde, serán un documento valioso para evaluar la respuesta de la naviera y de las autoridades sanitarias ante la crisis.
La borrasca Telma, que esta mañana descarga con especial virulencia sobre el centro peninsular, añade una capa adicional de complejidad logística. La AEMET ha activado alerta roja en Ávila y Segovia desde las seis de la mañana, con previsión de precipitaciones de hasta noventa litros por metro cuadrado en doce horas y rachas de viento de ciento veinte kilómetros por hora. Seis comunidades autónomas permanecen en alerta naranja. Protección Civil ha recomendado no circular por la AP-6 y la AP-51, las dos principales vías de acceso a la sierra de Guadarrama. La coincidencia del temporal con la crisis sanitaria del Hondius estira hasta el límite la capacidad de respuesta del sistema de emergencias, que hoy debe atender simultáneamente una cuarentena en Canarias, una evacuación en Madrid y una borrasca en media España.

