La historia del brote a bordo del Hondius comenzó hace diez días, cuando dos pasajeros de nacionalidad argentina — un matrimonio de Buenos Aires que se había embarcado en Ushuaia para una travesía antártica — presentaron síntomas respiratorios que el médico de a bordo atribuyó inicialmente a una infección gripal común. Los análisis de sangre realizados a bordo con un kit rápido de diagnóstico confirmaron la presencia de anticuerpos IgM contra hantavirus setenta y dos horas después, cuando el crucero ya había abandonado las aguas antárticas y navegaba hacia el norte por el Atlántico Sur. En los días siguientes, tres pasajeros más desarrollaron síntomas compatibles con el síndrome pulmonar por hantavirus: fiebre alta, dificultad respiratoria progresiva, taquicardia y edema pulmonar. Dos de ellos — una mujer holandesa de setenta y tres años y un hombre británico de sesenta y ocho — fallecieron en el hospital de a bordo pese a los esfuerzos del equipo médico, que administró soporte respiratorio con los limitados recursos disponibles en un buque de expedición. El tercer fallecido, un hombre suizo de setenta y un años, murió ayer mientras el barco se aproximaba a las costas de Mauritania.
La confirmación de que el brote está causado por la cepa Andes — una información que la Organización Mundial de la Salud ha verificado a partir de las muestras enviadas por helicóptero al laboratorio de referencia del Instituto Carlos III en Madrid — ha transformado la naturaleza de la emergencia. Los hantavirus se clasifican en dos grandes grupos según su capacidad de transmisión: los del Viejo Mundo, como el Hantaan o el Puumala, que se transmiten exclusivamente a través del contacto con roedores, y los del Nuevo Mundo, entre los que la cepa Andes ocupa un lugar singular por ser la única documentada científicamente con capacidad de transmisión interhumana. Esta capacidad, demostrada en brotes anteriores en Argentina y Chile, implica que los pasajeros del Hondius no solo estuvieron expuestos al virus a través de un posible vector roedor a bordo sino que los casos secundarios pudieron haberse producido por contacto estrecho entre pasajeros, una cadena de transmisión que convierte a cada persona a bordo en un potencial portador del virus.
El Gobierno de España activó ayer el Mecanismo Europeo de Protección Civil, un instrumento de coordinación que permite a los Estados miembros solicitar asistencia material y técnica en situaciones de emergencia que desbordan la capacidad de respuesta nacional. La solicitud española incluye equipos de contención biológica nivel tres, material de protección individual para el personal sanitario que intervendrá en el desembarco y asesoramiento epidemiológico de los centros europeos de referencia en enfermedades emergentes. Francia, Alemania y los Países Bajos han respondido ofreciendo equipos móviles de diagnóstico y capacidad hospitalaria de aislamiento para los nacionales de cada país que viajan a bordo del Hondius. La decisión de activar el mecanismo europeo — que se ha utilizado en situaciones como incendios forestales, terremotos e inundaciones pero nunca antes para un brote infeccioso a bordo de un buque — refleja la gravedad con la que el Gobierno español evalúa la situación.
El plan de desembarco que el Ministerio de Sanidad ha diseñado para la llegada del Hondius a Granadilla de Abona contempla tres fases ejecutadas en un plazo máximo de cuarenta y ocho horas. En la primera fase, un equipo de epidemiólogos del Centro Nacional de Microbiología embarcará en el buque protegido con equipos de nivel tres para realizar una evaluación sanitaria de todos los pasajeros y tripulantes, clasificándolos en tres categorías: confirmados (con síntomas y PCR positiva), sospechosos (con síntomas o contacto estrecho con confirmados) y sin indicios (asintomáticos sin contacto estrecho). En la segunda fase, los catorce ciudadanos españoles serán evacuados en un avión militar Airbus A330 MRTT del Ejército del Aire y trasladados directamente al Hospital Gómez Ulla de Madrid, cuya unidad de enfermedades infecciosas de alta peligrosidad dispone de camas de aislamiento con presión negativa, laboratorio de nivel cuatro y personal entrenado para el manejo de patógenos emergentes. En la tercera fase, los pasajeros de otras nacionalidades serán trasladados a instalaciones habilitadas en la base militar de Las Raíces, en La Laguna, donde permanecerán en cuarentena supervisada hasta completar el periodo de incubación del virus, que oscila entre ocho y treinta y cinco días.
El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ha protagonizado una declaración pública que ha elevado la temperatura política de la crisis sanitaria. Clavijo, que en un primer momento rechazó la llegada del crucero argumentando que las islas no disponían de la infraestructura necesaria para gestionar un brote de estas características, aceptó finalmente cooperar con el Gobierno central pero lo hizo acompañando su aceptación de una crítica frontal a la gestión de la coordinación. En una comparecencia celebrada en el Parlamento de Canarias, el presidente autonómico denunció que «Madrid nos informó de la llegada del buque con apenas treinta y seis horas de antelación, sin consultar la disponibilidad de nuestros recursos sanitarios ni la capacidad de nuestros hospitales para absorber un brote de un virus que ni siquiera es endémico en Europa». Clavijo exigió que el coste íntegro de la operación de desembarco y cuarentena sea asumido por el Gobierno central y que cualquier decisión que afecte al sistema sanitario canario sea previamente consensuada con la consejería de Sanidad del archipiélago.
La Unidad de Atención al Trauma y Accidentes Nucleares del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria, conocida como UATAN, ha sido puesta en alerta máxima para recibir a los pasajeros que presenten síntomas durante el desembarco o durante el periodo de cuarentena. La UATAN, que fue diseñada originalmente para responder a accidentes nucleares en las proximidades de instalaciones como la depuradora nuclear de Vandellós, ha sido reconvertida en los últimos años como unidad polivalente de respuesta a emergencias biológicas y dispone de seis camas de aislamiento con presión negativa, laboratorio de diagnóstico rápido y un equipo de doce profesionales sanitarios entrenados en el protocolo de manejo de patógenos emergentes. El Hospital de La Candelaria ha activado su plan de contingencia y ha habilitado una planta completa como zona de aislamiento preventivo, con capacidad para cuarenta camas, en previsión de que el número de casos aumente durante las primeras horas tras el desembarco.
El Ministerio de Sanidad prepara simultáneamente un marco legal para la cuarentena obligatoria de los pasajeros del Hondius, una medida que plantea problemas jurídicos complejos porque la legislación sanitaria española no contempla expresamente la retención forzosa de personas en instalaciones no penitenciarias por motivos epidemiológicos. La Ley Orgánica tres de mil novecientos ochenta y seis de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública permite a las autoridades sanitarias adoptar medidas de control que incluyan la hospitalización y la cuarentena, pero su aplicación a un grupo de casi doscientas personas de múltiples nacionalidades que no han cometido ningún delito requiere una fundamentación jurídica sólida que resista un eventual recurso ante los tribunales. Los servicios jurídicos del Ministerio trabajan en un dictamen que pretenden tener listo antes de la llegada del buque y que se basará en la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre restricciones proporcionadas a la libertad de movimiento en situaciones de emergencia sanitaria.
La dimensión internacional de la crisis añade capas de complejidad que el Gobierno español debe gestionar simultáneamente. El Hondius está registrado bajo bandera holandesa, lo que implica que los Países Bajos tienen responsabilidades legales sobre la embarcación y su tripulación según el derecho marítimo internacional. La compañía Oceanwide Expeditions, con sede en Vlissingen, ha emitido un comunicado en el que asume la responsabilidad por la atención médica de los pasajeros pero derivada la gestión del desembarco a las autoridades del puerto de destino, una posición que los juristas de la Abogacía del Estado consideran insuficiente y que podría dar lugar a reclamaciones patrimoniales contra la naviera. Varios pasajeros ya han contactado con bufetes de abogados especializados en derecho marítimo y sanitario para preparar demandas contra la compañía por negligencia en la prevención del brote, una litigiosidad que se sumará a la complejidad de una crisis que España debe resolver con urgencia, rigor y un equilibrio entre salud pública, derechos individuales y cooperación internacional que no admite errores.


