El impulso del IRPF responde en buena medida a la evolución del empleo y de los salarios. Un mercado laboral con más cotizantes y remuneraciones nominales al alza se traduce en mayor recaudación por retenciones, incluso sin que el Gobierno haya modificado los tipos impositivos. La Agencia Tributaria atribuye habitualmente estos incrementos a la combinación de creación de empleo, subida de salarios nominales y mejora en el control del fraude fiscal.
Las llamadas medidas de la guerra, aprobadas a raíz de la invasión rusa de Ucrania en 2022, incluyeron rebajas fiscales en el IVA de determinados productos energéticos y alimentarios para amortiguar el impacto de la inflación en los hogares. A ellas se suma la deducción por el incremento del SMI en el IRPF, que exime de tributación a las rentas equiparadas al salario mínimo y reduce la base imponible de cientos de miles de contribuyentes.
La combinación de ambos factores explica ese descuento de unos 2.070 millones de euros sobre la recaudación potencial, una cifra que no ha impedido que los ingresos públicos sigan creciendo a un ritmo superior al 10% interanual, por encima de la barrera de los 200.000 millones alcanzada antes del ecuador del ejercicio.
España encadena varios ejercicios de récords sucesivos en recaudación tributaria, una tendencia que arrancó con la recuperación económica posterior a la pandemia y que se ha mantenido pese a la subida de tipos de interés del Banco Central Europeo y el encarecimiento del crédito. El fenómeno no es exclusivo de España: otros países europeos han registrado incrementos similares en sus ingresos fiscales, impulsados por la inflación y su efecto sobre bases imponibles nominales, según los datos que difunde periódicamente Eurostat.
El efecto del frío fiscal en el IRPF
El aumento sostenido de la recaudación reabre el debate sobre la presión fiscal efectiva que soportan hogares y empresas, un asunto que enfrenta habitualmente a Gobierno y oposición en el Congreso durante los debates presupuestarios. El Ejecutivo defiende que el alza recaudatoria refleja la fortaleza del mercado laboral, mientras que otros actores económicos señalan que buena parte del incremento se debe al frío fiscal, por el cual la inflación empuja a los contribuyentes hacia tramos impositivos más altos sin que sus tipos hayan cambiado formalmente.
El vigor recaudatorio contrasta con las correcciones que arrastra la propia Administración: los tribunales de Hacienda corrigieron 4 de cada 10 reclamaciones en 2024, un indicador de la litigiosidad que acompaña a la gestión tributaria.
Estos ingresos resultan determinantes para el cumplimiento de los objetivos de déficit que España ha pactado con la Comisión Europea dentro del marco de reglas fiscales reactivado tras la pandemia, que exige a los Estados miembros trayectorias de reducción del desequilibrio presupuestario y de la deuda pública a medio plazo.

