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España gasta en Defensa el 2,1% del PIB, pero la OTAN ya exige el 5%: la brecha que el reservista voluntario no puede cerrar

Las Fuerzas Armadas han triplicado en siete años las plazas de reservista voluntario hasta las 500 del BOE de este año. El acuerdo con Educación crea una FP militar para tropa y marinería. Pero el salto del 2,1% al 5% del PIB requiere 42.000 millones adicionales que ningún partido se atreve a comprometer

Por Redacción de El Hemiciclo·
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La publicación en el BOE de 500 plazas de reservista voluntario —cien más que el año anterior— ha reavivado el debate sobre la capacidad militar de España en un momento en que la OTAN eleva la exigencia de gasto al 5% del PIB. La cifra actual española se queda en el 2,1%, la más baja entre los grandes países de la alianza atlántica junto con Bélgica.

España destina el 2,1% de su Producto Interior Bruto a Defensa en el momento en que la OTAN ha elevado su objetivo de gasto colectivo hasta el 5% del PIB. La brecha es de casi tres puntos porcentuales que, traducida a términos absolutos y sobre un PIB español que ronda los 1,4 billones de euros —según datos del INE— equivale a unos 42.000 millones de euros adicionales anuales. Ninguna formación política con representación parlamentaria ha comprometido esa cifra ni ha presentado una hoja de ruta con horizonte temporal definido para alcanzarla.

Dos medidas humanas ante un déficit financiero

El Boletín Oficial del Estado ha publicado este año una convocatoria de 500 plazas de reservista voluntario, el triple de las que se ofertaban hace siete años. En paralelo, el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Educación avanzan en un acuerdo para articular una Formación Profesional orientada a tropa y marinería. Ambas iniciativas reflejan el esfuerzo institucional por ampliar las capacidades humanas de las Fuerzas Armadas, pero la propia lógica presupuestaria sitúa el problema central en una dimensión distinta: la del dinero.

La aritmética de la brecha con la Alianza

Cada punto porcentual de gasto en Defensa sobre el PIB español representa aproximadamente 14.000 millones de euros. Alcanzar el umbral del 5% reclamado por la Alianza Atlántica exigiría, por tanto, más que duplicar el presupuesto actual del departamento. Para situar la magnitud, los 42.000 millones adicionales requeridos superan con holgura el gasto total anual en desempleo o en educación no universitaria, según las series de ejecución presupuestaria del Ministerio de Hacienda. Ningún partido ha traducido los compromisos retóricos en cifras concretas ni en calendarios vinculantes.

El reservista voluntario: complemento, no sustituto

La figura del reservista voluntario, regulada por la Ley 8/2006 de Tropa y Marinería y desarrollada posteriormente por normativa específica, permite a ciudadanos sin vinculación profesional permanente con las Fuerzas Armadas prestar servicio durante períodos determinados, compaginándolo con su actividad civil. Su utilidad operativa es real en escenarios de apoyo logístico, emergencias o refuerzo puntual de unidades. Sin embargo, los analistas señalan que la reserva voluntaria no resuelve la dotación de material, la inversión en tecnología ni el incremento de efectivos profesionales a tiempo completo que implicaría un gasto del 5% del PIB. Es, en el mejor de los casos, un complemento de capacidad.

La triplicación de plazas en siete años supone un hito cuantitativo en la serie histórica reciente, pero el volumen absoluto sigue siendo modesto en relación con los efectivos totales de las Fuerzas Armadas españolas. La convocatoria publicada en el BOE este año fija el marco procedimental: requisitos, pruebas de selección y períodos de activación. Su impacto operativo real dependerá del índice de cobertura efectiva de las plazas convocadas y de la tasa de renovación de los reservistas ya activados.

FP militar: formación técnica con financiación pendiente

El acuerdo entre Defensa y Educación para articular una FP de carácter militar destinada a tropa y marinería apunta a un problema estructural diferente: la captación y la cualificación del personal de base. España suspendió el servicio militar obligatorio en 2001, decisión que convirtió al Ejército en un empleador más en competencia directa con el mercado laboral civil. Una FP específica podría generar una cantera de candidatos con formación técnica adaptada a las necesidades castrenses, reducir los costes de adiestramiento inicial y mejorar la retención al ofrecer una titulación homologable en el sector civil.

No obstante, el acuerdo se encuentra en fase de desarrollo y su impacto en el volumen total de efectivos dependerá de la financiación asociada y de la demanda real entre los jóvenes. El Ministerio de Defensa no ha concretado públicamente el número de plazas previstas ni el calendario de implantación del nuevo ciclo formativo.

España, rezagada antes del nuevo umbral

Durante décadas, el referente de la Alianza Atlántica fue destinar al menos el 2% del PIB a Defensa, umbral fijado en la Cumbre de Gales de 2014. España nunca alcanzó ese objetivo de forma sostenida en el período democrático y se situó históricamente entre los socios con menor esfuerzo relativo en gasto militar dentro de la organización, según los datos anuales de la propia OTAN. La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 aceleró el debate sobre la suficiencia de recursos en la Alianza y llevó a varios países miembros a revisar al alza sus presupuestos de defensa. La exigencia del 5%, superior al objetivo previo, implica que España ya incumplía el estándar anterior y ahora debe responder a una vara de medir aún más elevada sin haber resuelto la distancia con el primero.

Un precedente comparable se produjo tras la Cumbre de Gales: varios aliados europeos que también incumplían el 2% —entre ellos Alemania— anunciaron planes de incremento plurianual del gasto, aunque la mayoría tardó años en materializar los compromisos adquiridos. España no adoptó entonces un plan vinculante con cifras y plazos, patrón que se repite ante el nuevo objetivo.

El coste político de comprometerse con una cifra

Comprometer 42.000 millones adicionales en Defensa requiere, en términos de política fiscal, recortes equivalentes en otras partidas, un incremento de ingresos o una combinación de ambos. Cualquiera de estas vías genera tensión distributiva con consecuencias electorales directas. El debate sobre el gasto militar en España arrastra además una carga histórica que lo hace políticamente sensible en un espectro ideológico más amplio que en otros países aliados. Esa combinación de restricción fiscal estructural —en un contexto en que la AIReF monitoriza la sostenibilidad de las finanzas públicas españolas con carácter periódico— y coste político explica, al menos en parte, por qué ninguna formación ha traducido los compromisos atlánticos en cifras y calendarios concretos.

Presión exterior, inercia interior: los plazos que se acumulan

La presión para aumentar el gasto seguirá llegando desde el exterior: los compromisos adquiridos en las cumbres de la OTAN son públicos y su seguimiento se produce con periodicidad anual. Las próximas revisiones de cumplimiento en el seno de la Alianza constituirán el termómetro más visible de la posición española. Las medidas anunciadas —reservistas y FP militar— amplían el perímetro de lo posible en términos de recursos humanos, pero la distancia entre el 2,1% y el 5% del PIB solo se cierra con inversión presupuestaria. Hasta que alguna formación asuma el coste político de detallar cuánto, cuándo y de dónde proceden los fondos, el debate sobre la capacidad defensiva de España seguirá moviéndose entre la retórica de los compromisos atlánticos y la realidad de los Presupuestos Generales del Estado.

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