El informe de primavera del FMI, publicado esta tarde en Washington con la presentación de la economista jefe Pierre-Olivier Gourinchas, cambia muy pocas cifras respecto al anterior en lo que se refiere a España. La previsión para 2026 se mantiene en el 2,1%, la de 2027 se rebaja en una décima hasta el 1,8%, y el organismo mantiene su diagnóstico de fondo: España sigue siendo una economía con mercado laboral dinámico, turismo al alza, fondos europeos en ejecución y consumo privado sostenido. Lo que cambia es el contexto alrededor. Y el contexto alrededor es durísimo.
Lean, si tienen un minuto, la letra pequeña. El PIB mundial de 2026 se rebaja del 3,3% al 3,1%. Esa diferencia equivale, en términos absolutos, a cerca de 230.000 millones de dólares de actividad económica que dejarán de producirse. La eurozona se estanca prácticamente en el 1,1%. Alemania se queda en un frío 0,8%, Francia en el 0,9%, Italia en un 0,5% testimonial. El Reino Unido, fuera del bloque pero en la orilla europea, apenas araña un 1%. Dentro de ese paisaje, el 2,1% español no es solo un número; es casi una rareza estadística.
La explicación del recorte global es la misma que lleva siendo el motor subterráneo de la jornada: la guerra en Oriente Medio. El FMI ha introducido por primera vez un escenario formal en el que la ofensiva contra instalaciones iraníes se prolonga más de tres meses, afecta al tráfico del Estrecho de Ormuz y provoca un repunte sostenido del precio del petróleo por encima de los 110 dólares por barril. Bajo esa hipótesis —que el Fondo describe con cautela técnica pero sin edulcorar—, el mundo podría entrar en 2027 en una 'recesión global', término que no se escribía en un documento del FMI desde 2020.
En España, la lectura política del informe ha sido inmediata. Desde Moncloa, portavoces del Gobierno han difundido un mensaje muy meditado: 'El FMI vuelve a avalar la trayectoria de la economía española'. La vicepresidenta primera en funciones, María Jesús Montero, ha reforzado el mensaje desde la campaña andaluza, donde llevaba tres días pidiendo centrar el debate en la economía: 'Cada vez que un organismo internacional independiente mira nuestros datos, los reconoce'. Y, en paralelo, el ministro de Economía ha preparado una comparecencia técnica para mañana por la mañana en la que se espera presentar un cuadro macro revisado alineado con la previsión del Fondo.
Pero el 2,1%, visto desde la calle, no anestesia del todo. Porque lo acompañan otras cifras menos fotogénicas. El FMI eleva la previsión de inflación mundial al 6%, cuatro décimas por encima del informe anterior. Y, para España, el dato de inflación media de 2026 pasaría del 2,7% al 3,1% si se cumple el escenario adverso energético. Traducido: crecemos más, pero con tensiones de precios que todavía no se han ido. El poder adquisitivo, por tanto, depende de una carrera entre salarios y cesta de la compra que todavía no está decidida.
El FMI mantiene su previsión de tasa de paro para España en el 10,5% este año y un 10,1% en 2027. La cifra, comparada con el histórico reciente, es la mejor de la última década. Pero sigue siendo 4,5 puntos por encima de la media de la eurozona. 'La economía española crece más rápido, pero con más paro estructural que sus vecinos.
Hay, por último, una observación cuyo peso político puede ser enorme en los próximos meses. El Fondo recomienda a España —lo escribe con el tacto habitual de estos informes pero lo escribe— reducir su déficit estructural, mejorar la eficiencia recaudatoria del IRPF y del IVA, y acelerar las reformas del sistema de pensiones. Es la primera vez desde 2022 que el FMI vuelve a colar estas tres recomendaciones en el mismo párrafo. En términos llanos: si la guerra se alarga y el escenario adverso se impone, las cuentas públicas españolas podrían necesitar ajustes mayores en 2027.
El Ministerio de Hacienda, consciente del mensaje, ya ha activado su cuadro de prioridades de mayo. Entre ellas figuran un paquete fiscal para hogares vulnerables, una revisión del impuesto de sociedades para grandes corporaciones y, si el precio del petróleo se mantiene por encima de 100 dólares, una posible reactivación del impuesto temporal a las energéticas. Nada de eso está todavía firmado, pero las carpetas se mueven.
Y mientras los técnicos manejan escenarios, la política ya ha encontrado su frase. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha afirmado a primera hora de la noche que 'crecer más no sirve si al mismo tiempo somos más pobres'. El secretario de Organización del PSOE, en respuesta inmediata: 'Nosotros preferimos el 2,1% al 0,8% alemán; si a Feijóo le parece poco, que lo explique en Berlín'. Entre ambos discursos cabe casi todo el debate económico español del año: la discusión entre un país que presume de estar mejor que sus vecinos y un país que todavía no ha dejado de sentirse inseguro.
Hay una última pincelada que, quizá, resume el informe mejor que cualquier titular. En una de sus tablas menos leídas, el FMI incluye el 'índice de resiliencia macroeconómica' de cada país. España figura en ella en el puesto undécimo mundial, por delante de Francia, Italia y Alemania. Es la primera vez que el país aparece en el top 15 desde que el indicador existe. Ese dato, técnico y silencioso, dice algo importante: la economía española llega a este momento global incierto con mejores amortiguadores que sus socios europeos. Será, previsiblemente, la tabla que Moncloa proyecte mañana en rueda de prensa. Y la que Feijóo no mencionará en ninguna.


