El incidente se produjo en plena calle, cuando el sujeto se aproximó a Abascal con intención de golpearle y le lanzó un escupitajo, según el relato del propio líder de Vox. Antes de llegar hasta él, el hombre ya había protagonizado un altercado con los policías presentes. Los escoltas de Abascal lo inmovilizaron y fue detenido en el lugar. Una decena de personas se concentró en la zona coreando consignas en catalán contra Vox, entre ellas «fuera fascistas de nuestros barrios».
La tensión derivó en forcejeos e insultos hacia simpatizantes del partido, lo que obligó a los Mossos d'Esquadra a reforzar el dispositivo de seguridad previsto para el acto. Los hechos se saldaron sin heridos, a diferencia del episodio registrado el jueves anterior en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), donde un individuo propinó una patada a un concejal de Vox en una carpa informativa. El edil tuvo que recibir asistencia sanitaria tras el ataque.
Abascal reaccionó a ambos episodios con un mensaje difundido en redes sociales acompañado de un vídeo de la agresión en Tarragona.
«Mucha pamplina con los discursos de odio, pero los que agreden y odian siempre son los mismos y los agredidos también», denunció Santiago Abascal, presidente de Vox, en su cuenta de X.
El vicepresidente y secretario general de Vox, Ignacio Garriga, atribuyó responsabilidad política al Ejecutivo autonómico por el clima de tensión en torno a los actos del partido en Cataluña.
«Esto no va a quedar así», advirtió Ignacio Garriga, vicepresidente y secretario general de Vox, tras responsabilizar al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y a la consejera de Interior, Nuria Parlón, «de todo lo ocurrido y lo que ocurra por fomentar la violencia y permitirla contra la tercera fuerza política de España».
La sombra de ETA sobre la familia Abascal
El propio Abascal enmarcó lo sucedido en una experiencia personal ligada al terrorismo de ETA. Su padre, Santiago Abascal Escuza, dirigente político opuesto a la banda en Amurrio (País Vasco), fue objetivo de tres intentos de asesinato, el último tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, cuando la Guardia Civil abatió unos días antes en Bilbao a los dos terroristas responsables. Abascal se sacó la licencia de armas a los 23 años para proteger a su padre, ante las amenazas que también recaían sobre él. El comercio textil familiar, regentado por su padre y su hermana, fue incendiado en dos ocasiones y los etarras atacaron a sus caballos con pintadas amenazantes.
La denuncia de Vox sobre la persistencia de ataques contra sus cargos y militantes en Cataluña se produce en un momento de atención pública sobre la reinserción de antiguos miembros de ETA, en línea con la controversia que recogen las víctimas del terrorismo que denuncian que Cáritas acoge a etarras en programas de reinserción.


