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España crea más de la mitad de los nuevos empleos en Europa pero el 45% de sus empresas no consigue cubrir vacantes

La población ocupada alcanza un récord histórico de 22,46 millones. Mujeres y migrantes concentran el 68% del crecimiento neto. Eurostat certifica la paradoja: récord simultáneo de empleo y de puestos sin cubrir. La formación profesional y el desajuste sectorial explican la brecha.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid / Luxemburgo·
11 min de lectura
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Eurostat ha confirmado este martes que España generó el 52% de todos los nuevos empleos netos creados en la Unión Europea durante el primer trimestre de 2026, un dato que consolida al país como el principal motor de creación de puestos de trabajo del continente por cuarto trimestre consecutivo. La población ocupada ha alcanzado los 22,46 millones de personas, un máximo histórico que supera por primera vez la barrera simbólica de los 22 millones y medio. Sin embargo, el mismo informe de Eurostat revela una paradoja que amenaza con convertirse en estructural: el 45% de las empresas españolas declara no poder cubrir sus vacantes.

Los datos desagregados revelan que el crecimiento del empleo en España no se distribuye de forma homogénea. Las mujeres representan el 41% del incremento neto de la ocupación en el primer trimestre, la proporción más alta de la serie histórica. La tasa de actividad femenina ha subido 2,3 puntos porcentuales en los últimos doce meses, hasta el 54,8%, impulsada sobre todo por la incorporación de mujeres entre 30 y 44 años al mercado laboral tras la ampliación de los permisos parentales y la gratuidad parcial de la educación infantil de 0 a 3 años vigente desde septiembre de 2025.

Los trabajadores de origen extranjero concentran el 27% del empleo neto creado, una cifra que asciende al 68% si se suma al crecimiento del empleo femenino. La afiliación de extranjeros a la Seguridad Social ha superado los 2,9 millones, con un peso creciente de las nacionalidades latinoamericanas —colombianos, venezolanos y hondureños en ese orden— y un desplazamiento hacia sectores que hasta ahora absorbían poca mano de obra migrante, como la logística, la sanidad privada y los servicios tecnológicos.

La cara oculta de los titulares positivos es la brecha entre oferta y demanda de trabajo. El Índice de Vacantes Laborales de Eurostat sitúa a España en el 3,1%, por encima de la media comunitaria del 2,7% y solo por detrás de los Países Bajos (3,9%), Bélgica (3,6%) y Alemania (3,4%). En términos absolutos, hay 487.000 puestos de trabajo ofertados que no encuentran candidatos, la cifra más alta jamás registrada. La hostelería, la construcción, la sanidad, el transporte por carretera y la programación informática son los cinco sectores con mayor déficit.

El desajuste entre las competencias demandadas por las empresas y las que poseen los demandantes de empleo es el factor explicativo principal. Según el último informe de la Fundación CEOE sobre necesidades formativas, el 62% de las vacantes sin cubrir requiere competencias técnicas medias o altas —ciclos formativos de grado medio y superior o titulaciones universitarias técnicas— mientras que el 58% de los desempleados de larga duración no ha completado la educación secundaria postobligatoria. La reforma de la formación profesional impulsada por el Ministerio de Educación amplió la oferta de plazas un 18% en el curso 2025-2026, pero los efectos no se notarán en el mercado laboral hasta 2027 como pronto.

El sector de la construcción ilustra la paradoja con especial nitidez. Las constructoras necesitan incorporar 120.000 trabajadores en los próximos dos años para ejecutar los proyectos financiados con fondos Next Generation EU que tienen plazo de ejecución hasta diciembre de 2026. Pero la generación que se incorpora al mercado laboral no quiere trabajar en la obra: solo el 4% de los matriculados en FP del curso 2025-2026 eligió la familia profesional de edificación y obra civil, frente al 22% que optó por informática y comunicaciones.

Los economistas consultados discrepan sobre la naturaleza del fenómeno. Para unos, la coexistencia de empleo récord y vacantes récord es una señal de dinamismo: la economía crece más rápido de lo que el mercado laboral puede absorber, un problema que se resuelve con formación y tiempo. Para otros, es un indicio de fragilidad estructural: buena parte del empleo creado es de baja productividad y bajos salarios, lo que explica que los trabajadores rechacen determinadas ofertas mientras aceptan otras con peores condiciones pero mejores perspectivas de conciliación o estabilidad.

El Ministerio de Trabajo ha reaccionado al informe de Eurostat con un comunicado en el que destaca los datos positivos —récord de ocupación, récord de afiliación, tasa de paro más baja desde 2008— y atribuye el déficit de vacantes a «un cambio de paradigma en el que los trabajadores exigen mejores condiciones y las empresas deben adaptarse». La CEOE ha respondido que «la retórica triunfalista no llena las vacantes» y ha exigido incentivos fiscales para la contratación en sectores deficitarios y una flexibilización del modelo de formación dual.

El dato más inquietante del informe quizá no sea el más visible. Eurostat señala que el 31% de las nuevas altas en la Seguridad Social española del primer trimestre corresponden a contratos con salario igual o inferior al salario mínimo interprofesional, lo que indica que una parte significativa del empleo creado se concentra en las franjas más bajas de la escala salarial. La proporción es aún mayor entre mujeres (38%) y trabajadores extranjeros (44%). El récord de empleo convive con un mercado laboral donde la cantidad crece más que la calidad.

España se sitúa así en una encrucijada. El modelo de crecimiento extensivo en empleo ha funcionado para reducir el paro desde el 24,4% de 2013 hasta el 10,2% actual, pero empieza a mostrar rendimientos decrecientes: cada nuevo punto de descenso del desempleo exige más esfuerzo formativo, más inmigración laboral y más tolerancia a la baja productividad. La transición hacia un modelo intensivo en cualificación y valor añadido es el gran desafío pendiente, y los datos de Eurostat de este martes confirman que el reloj corre.

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